 La Orquesta Sinfónica de Venezuela. Foto: Amauris Betancourt. (Nov. 22) La Orquesta Sinfónica de Venezuela (OSV) dedicó a los estudiantes del conservatorio “José María Ochoa” y de la Escuela Vocacional de Arte “Raúl Gómez García” el concierto que brindó en Holguín, el último en esta segunda visita a la isla caribeña para celebrar su aniversario 80, que se cumple en el 2010, y el medio siglo este año de su homóloga cubana.
Las lunetas del Ismaelillo resultaron insuficientes para un público que desde temprano colmó el frente del cine-teatro, conmocionado también por el gran concierto de la sinfónica venezolana que presentó un programa variado, y demostró que la música no tiene clasificación determinada cuando se ejecuta con excelencia para espectadores de países muy afines, como fue la ocasión.
Esta hermandad sería acentuada con las interpretaciones de los Himnos Nacionales de Cuba y Venezuela, y después se inició el concierto con la Obertura 1812, de Tchaikovski, continuó con Sensemayá, de Silvestre Revuelta, obra inspirada en el poema de igual nombre de Nicolás Guillén, y el danzón número dos de Arturo Márquez.
En la segunda parte del concierto la orquesta visitante acompañó a Luis Lozada, “El Cubiro”, que junto a su grupo llenó el ambiente de música tradicional de su país con Fiesta en Elorza y Pescador del río Apure, ambas de Eneas Perdomo, Linda Barinas, compuesta por Eladio Tarife y Caballo viejo, de Simón Díaz, que popularizara en Cuba Barbarito Diez, y resultó un regalo muy especial para los jóvenes venezolanos que estudian en Holguín.
 La Orquesta Sinfónica de Venezuela en concierto en Holguín. Foto: Amauris Betancourt. La Sinfónica dejó para el final Fantasía Cubana, un popurrí que incluyó Bella Cubana, El Manisero, La comparsa, Drume negrita, Son de la Loma y La Guantanamera, de los compositores José White, Moisés Simons, Ernesto Lecuona, Eliseo Grenet, Miguel Matamoros y Joseito Fernández, respectivamente, y la venezolana Alma llanera, de Pedro Elías Gutiérrez.
El público escuchó de pie la antológica Alma Llanera y por un momento el Arauca y la loma dieron una nueva dimensión a la música más genuina de ambos países, magia lograda por los músicos de la OSV, que tuvieron que repetir ese final de flores y aplausos prolongados, que se hicieron sentir en todo el concierto.
Para los espectadores holguineros y venezolanos que llenaron el cine-teatro Ismaelillo, el gran concierto de la Orquesta Sinfónica de Venezuela será inolvidable por la maestría de sus músicos y del director Angelo Pagliuca, quienes lograron plena comunicación con el público desde los primeros acordes.
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