comida, boniato
El boniato fue esencial en la alimentación de los mambises. Foto: Internet

“Caminando por encima de la comida”: alimentar al mambí

En octubre de 1868 se inició la primera guerra de independencia de los cubanos que se extendió hasta 1878. La comida se convertía en un martirio para los mambises como se les llamaba a los que combatían contra el colonialismo español.

En ocasiones a periodos más o menos largos de abundancia producida por los asaltos a poblados y las incursiones en zonas de cultivo enemigas, sucedían otros de escasez y de hambre (1). “Se acabo la carne y estoy comiendo mangos cimarrones asados” (2). Expresiones como estas eran frecuente en la papelería insurrecta.

La comida, su ausencia o presencia, forma parte de la resistencia y de la rendición. Esos días de hambre que se repiten sin esperanzas que llegue la abundancia o por lo menos la posibilidad de saciar el hambre aunque sea medias, pueden terminar en la decisión de rendirse de algunos.

Matar y morir por la familia

La historiografía ha tratado poco ese asunto. Casi siempre refiriéndose a cómo los mambises resolvían tal problema de los alimentos. Pero mucho menos se ha analizado el impacto del hambre en estos atormentados patriotas y sus familias: “Hace días, narraba un mambí, que me mantengo con mangos solamente. No hay esperanza de mejorar” (3). Tres días después nos dice que: “Agotados los recursos en todo este departamento para alimentarse, han principiado las presentaciones en masa. El hambre no tiene fe en el triunfo” (4).

El mismo diarista continúa sus reflexiones sobre la desesperada situación: “Las presentaciones al enemigo son diarias y en bastante número. La causa es el hambre: la falta de alimentos ha de producir peores males” (5).

Situaciones similares aparecen descritas en la papelería de otros patriotas. Este desespero llegó a extremos inimaginables. Céspedes en carta a la esposa (6) dejaba constancia de estas circunstancias aberrantes: “Hacen mucha falta machetes y grasa (que no se pueda comer) para limpiar las armas” (7).

Los mambises comían todo lo que imaginaban que era comestible como la grasa para las armas. Incluso a esta situación de falta de alimentos -cuando estos se obtenían- se agregaba en muchas ocasiones la mala calidad de los mismos: “Matamos la yegua de José Ignacio (8) que estaba flaquísima, y con su carne nos socorrimos, acompañándola con ñame cimarrón que como estaba retoñado, además de ser desabrido, nos hacia daño” (9).

Hasta el presidente Carlos Manuel de Céspedes estaba sometido a los avatares del hambre. En carta a la esposa fechada en “Cuba Libre, agosto 9 de 1873”: “Entretanto donde yo habito, no se comen más que cocos y boniatos; maíz alguna vez, carne casi nunca y eso de mulo o de jutía. Los que vienen aquí, en cuanto despachan sus asuntos, salen huyendo del hambre” (10).

Pese a esta situación tan difícil hay una repuesta de los mambises más radicales y convencidos. Carlos Manuel de Céspedes nos entrega interesantes testimonios sobre la naturaleza cubana que se convierte en una de las bases del abastecimiento insurrecto. El 18 de octubre de 1871 le escribe a la esposa que reside en el extranjero:

“En los últimos días que pasamos en el Bejuco, estuvimos muy mal respecto a carne; fue preciso no sólo comer jutías sino carne de caballo; de viandas no faltaban. Aquí hasta ahora no sabemos cómo se conseguirá carne; creo que no habrá más que jutías y andaraxes, aunque nos han ofrecido hacer diligencias para matar venados que son abundante. Los recursos de la Isla son inagotables y nunca podrán los españoles someter por hambre a los que saben sujetarse a toda clase de privaciones antes que volver a sufrir su ominoso yugo. No creas que pondero. Ya a muchos he oído decir que antes serán antropófagos que españoles. Por supuesto que como los caribes, cuentan mantenerse con la carne de sus enemigos. ¿Cómo, pues, creen posible los tiranos volver a someter a semejantes hombres?” (11).

En la misma carta le dice:

“Se extrae sal de una especie de palma llamada manaca, de que hay innumerable cantidad en los bosques de la isla; de suerte que ya pueden los españoles perder su tiempo en destruir las salinas y los trenes de fabricar sal: nuestros árboles nos la proporcionan. Si no fuera por la natural negligencia de los cubanos, nada faltaría por ese estilo; pero no obstante, la necesidad va estimulándolos” (12).

El dos de enero de 1872 en una carta fechada en Monte Oscuro le comenta a la esposa: “En este viaje se sufrió mucha hambre; pero ¡admírate de Cuba! Íbamos, sin saberlo, caminando por encima de la comida. El ñame cimarrón, más sabroso y nutritivo que el cultivado, se extendía por todas partes en prados sin límites. Algunos mas prácticos se aprovecharon de sus conocimientos y sacaron muchos de aquellos tubérculos. Sin embargo muy pronto vino la abundancia y todos olvidaron las pasadas miserias” (13).

Calixto García ha logrado imponerse a esta difícil situación; en carta de Céspedes del dos de enero de 1872 en Monte Oscuro le dice a la esposa:

“A los 4 días de marchas y campamentos en que nada notable ocurrió, llegamos a un sitio de la haciendo TACAJO en que estaba acampado el general GARCIA con parte de su división y cerca de 500 familias. Nos recibieron con muchas ceremonias militares y desplegada la bandera cubana, para saludar a la cual entré en la plaza con el sombrero en la mano. El general me cedió su alojamiento y acudieron los funcionaros civiles y militares a presentarme sus respetos” (14).

En este territorio de Holguín controlado por Calixto según Céspedes en la anterior carta: “No escasean los mantenimientos y todos andan bien vestidos” (15). Céspedes nos deja otro testimonio de la capacidad de Calixto de abastecer a sus tropas: “Salí el 20 por la mañana sin Secretarios y casi sin ayudantes, en no buena salud, y cuando por el camino encontramos al general (Calixto) García y sus compañeros, todos tan gordos y sanos, a su lado parecíamos espectros”(16).

Calixto no solo desarrolló un sistema de prefecturas donde se sembraba y funcionaban talleres, sino que atacó decenas de ciudades, poblados o caseríos donde sus tropas se abastecían. También hizo incursiones en las zonas de cultivo españolas apoderándose de viandas y ganado que arrebataba al enemigo en feroces combates.

En ocasiones se hacían estas acciones con la participación de grandes concentraciones de fuerzas. Fernando Figueredo Socarrás escribió al respecto: “Esta operación, que no dejaba de ser peligrosa y delicada, se llevaba a cabo de día o de noche, según el número de hombres que en ella habían de tomar parte, y consistía en marchar a un puesto enemigo y a su vista proveerse de viandas, reses, aves, etc. Los españoles por regla se contentaban con hacerles algunos disparos a los intrusos como para llenar el expediente: algunas veces cuando tenían la seguridad de que el número de hombres era reducido se aventuraban a salir de sus trincheras y apoyados en ellas libraban una pequeña escaramuza. Por lo regular, no se impedía nunca a los cubanos que se proveyeran de lo que necesitaban” (17).

El periodista James 0’Kelly, que vivió varios meses con los insurrectos, dejó una interesante descripción de una de estas operaciones: “Como el campamento de Agua no podía suministrar recursos suficientes para la guarnición se organizaron expediciones contra los poblados españoles, a fin de conseguir alimentos… Los voluntarios cubanos, que son los que, por lo regular, ocupan dichos poblados, se encuentran saqueados a veces tanto por los mambises como por los españoles. Cada vez que los cubanos verifican una de estas correrías, las guarniciones de esos poblados se ven obligadas por lo insuficiente de su número que no les permite hacer frente a sus contrarios en campo abierto, a retirarse a las fortificaciones, abandonando, por consiguiente, las cosechas que en su impotencia no pueden defender” (18).

Hay diversos ejemplos de estas acciones. Veamos uno de ellos que se desarrolló en Holguín. El 30 de mayo de 1870 Grave de Peralta le escribió a el coronel Quintilio Villareal: “Disponga que las fuerzas de los CC comandante Belisario Grave de Peralta y José Maria de Peña esta tarde pasen al platanal que se halla frente á las trincheras de Camasan para se tomen de allí los plátanos que tenga o que puedan traer si para ello se necesita hostilizar al enemigo que sea enérgicamente … (19).

Los mambises lograron por diversas vías resolver uno de los problemas mas acuciante: el de la alimentación. Gracias a su iniciativa, el coraje y la fertilidad de la isla, sostuvieron tres guerras de independencia, la de 1868 a 1878, la de 1879 a 1880 y la de 1895 a 1898.

NOTAS

1–Se ha respetado la ortografía y redacción original de los documentos que reproducimos textualmente.
2– Nydia Sarabia, Ana Betancourt. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana. 1970 p 141.
3–Ibidem, p 150.
4–Ibidem, p 150.
5–Ibidem, p 152.
6–Ana de Quesada y Carlos Manuel de Céspedes se conocieron en los días de la Asamblea de Guáimaro, se enamoraron y se casaron. El primer hijo que tuvieron en los campos de Cuba Libre falleció. Ana fue capturada cuando por decisión del esposo trataba de trasladarse al extranjero. Fue deportada a Estados Unidos. Mantuvo una activa correspondencia con su Céspedes.
7–Fernando Portuondo del Prado y Hortensia Pichardo Viñals, Carlos Manuel de Céspedes. Escritos. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana. 1982, T III, p 84.
8–José Ignacio Quesada,  hermano de la esposa de Céspedes y miembro del Ejército insurrecto.
9–Fernando Portuondo del Prado y Hortensia Pichardo Viñals, ob. cit. t. III p. 128.
10–Ibidem 196.
11–Ibidem pp. 90 91.
12–Ibidem p. 92.
13–Ibidem p 109.
14–Ibidem p 109.
15–Ibidem p. 110.
16–Ibidem p. 132.
17–Femando Figueredo Socarrás: La revolución de Yara. Instituto del Libro. La Habana. 1968, pp. 60, 61.
18–James 0’Kelly: La Tierra del Mambí. Instituto del Libro. La Habana. 1968 pp. 329, 330.
19– Museo Provincial de Historia. Fondo Julio Grave de Peralta. Libro copias de la correspondencia de Julio Grave de Peralta número 1425 del 30 de mayo de 1870.

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