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La pérdida de ingresos genera altos costos humanos y ralentiza el desarrollo de la sociedad. Foto: Tomada de Cubadebate

Más allá de la pérdida del poder adquisitivo en Holguín

La pérdida del poder adquisitivo de la población en Holguín es una problemática con significativas consecuencias en la economía familiar y notorias e inevitables afectaciones en la calidad del nivel de vida, especialmente de los sectores más vulnerables.

Ante la actual inflación cada vez es menor la cantidad de bienes y servicios que los trabajadores y jubilados pueden adquirir a partir de sus actuales salarios o pensiones.

A finales de 2019 se apreciaba ya una disminución de los insumos productivos en el país y un desabastecimiento general en el comercio interior que se agravó meses después por el recrudecimiento de la persecución financiera de los EE.UU. y la inclusión de Cuba arbitrariamente en la lista de Estados patrocinadores del terrorismo.

Luego más allá del impacto global de la Covid-19 sobre la vida de millones de personas, la pandemia asestó un duro golpe a la economía mundial y por supuesto esta provincia no estuvo exenta del alcance y efectos del coste de su enfrentamiento.

Pero, a esas causas externas se han sumado otras internas en los últimos tiempos como la dolarización parcial de la economía, la desvalorización del peso cubano y la lenta recuperación de la producción nacional que influyen en la depreciación del consumo habitual en Holguín.

Por otra parte todavía las medidas adoptadas dirigidas a incrementar los ingresos en divisas, aumentar y diversificar las exportaciones, vigorizar las producciones agropecuarias e impulsar la gestión de los nuevos actores económicos no logran detener la espiral ascendente de los precios y mucho menos satisfacer las necesidades básicas de la población.

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El sector agropecuario en el territorio, no obstante, al impacto de factores climáticos como la sequía, no consigue niveles de producción que permitan las anheladas 30 libras mensuales de viandas y hortalizas por habitante en planes desde hace años, persisten dificultades tecnológicas, escasez de combustible y obstáculos burocráticos en la toma de decisiones en la cadena de acopio y distribución de las cosechas.

Se insiste en el autoabastecimiento desde la tierra pero en esta provincia más del 60 por ciento de los suelos son poco fértiles. ¿Cómo entonces lograr producir alimentos en la cantidad y premura demandadas?

Alcanzar altos rendimientos en la agricultura requiere inversión y superar problemas inherentes a la organización, productividad, disciplina y control que dan paso a la ineficiencia y encarecimiento cada vez más de la canasta básica.

La carestía desmedida de los bienes y servicios de manos de trabajadores por cuenta propia, mipymes, cooperativas, unidades arrendadas, comercio ambulante e incluso de algunas entidades estatales, es una realidad que se complica además por la actuación ciudadana en detrimento del bienestar común. En ese sentido es responsabilidad de la sociedad velar por un ambiente de legalidad, transparencia y orden.

El alza de los precios es inevitable cuando la oferta permanece igual, e incluso disminuye. La balanza depende de la eficiencia y mayor producción.

Yamila Pupo Otero

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