Trastorno mental

Una de cada cuatro personas experimenta trastorno mental en algún punto de su vida

Estudios de la Organización Mundial de la Salud (OMS) aseguran que una de cada cuatro personas es afectada por afecciones neuropsiquiátricas en algún punto de su vida, las más comunes son la ansiedad y la depresión. Quizás esto sea una de las consecuencias de la complejización de la vida actual, las sociedades contemporáneas son generadoras de estrés y presión en las personas de una manera muchas veces continua.

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Tan variados son los trastornos mentales como sus manifestaciones, se caracterizan por alteraciones del pensamiento, la percepción, las emociones, la conducta y las relaciones interpersonales, algunos de ellos producen una gran discapacidad de forma transitoria o permanente. Las causas más comunes van desde los antecedentes familiares, la genética, lesiones del sistema nervioso, el uso y abuso de sustancias, enfermedades orgánicas, la vulnerabilidad de la personalidad y eventos psicotraumáticos.

Más frecuentes de lo pensado

Las enfermedades mentales son más frecuentes de lo que se piensa. Por ejemplo, un equipo de médicos especializados en psiquiatría y licenciados en psicología realizó una investigación publicada por la Revista Especializada en Psicología Anormal, con la participación de personas nacidas en la misma ciudad y con una edad promedio entre ellos. Los investigadores monitorearon a estas personas durante varios años para ver si mostraban algún signo de enfermedad mental. Encontraron que un 80 por ciento de la gente que formó parte de este estudio desarrolló un trastorno mental en algún momento de la investigación, el 20 por ciento no mostró ningún síntoma.

El investigador Aaron Reuben escribió en el blog Scientific American que casi todos desarrollamos al menos un desorden mental diagnosticable durante la vida. Así lo comentó: “Nuestro estudio arroja que eres capaz de experimentar una enfermedad mental así como eres propenso a desarrollar diabetes, sufrir alguna enfermedad del corazón o tener cáncer”.

trastorno mentalSi bien muchas personas apoyan la necesidad de comprender mejor la salud y la enfermedad mental llama la atención que un considerable número de individuos, (incluidos algunos sumamente inteligentes y de actitudes abiertas), con frecuencia sostienen opiniones dogmáticas y desinformadas sobre las enfermedades mentales.

Este pensamiento se extiende a científicos, biólogos, ganadores del Premio Nobel e incluso a decisores de los ministerios de salud y profesionales sanitarios. Muchas opiniones ingenuas parecen basarse en la extrapolación del conocimiento de situaciones de distrés mental relativamente leve, pero esta extrapolación no es válida.

¿Debilidad de carácter?

Consideremos la suposición común de que toda depresión es consecuencia de la incapacidad para enfrentar la vida, una debilidad de carácter. Si bien esta opinión puede ser válida para la depresión leve, es deplorablemente inadecuada para la depresión severa acompañada de estupor o delirio, situaciones que pueden poner en riesgo la vida. Por el contrario, pocas personas se sentirían cómodas haciendo generalizaciones similares acerca de las causas y el manejo de la enfermedad cardiovascular severa (por ejemplo, infarto del miocardio) basándose en sus observaciones de personas que se quedan sin aliento al hacer ejercicio.

Tanto en la prensa científica como en la no especializada, las enfermedades psiquiátricas se debaten de una manera más acalorada, dogmática y menos útil que las enfermedades no psiquiátricas. Un ejemplo fue el furor en los medios en torno al informe que sostenía que las variantes genómicas estructurales raras son más comunes en casos de Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) que en los casos controles.

A pesar de manifestar todas las salvedades relacionadas con la complejidad de la causalidad y la importancia de los factores ambientales, algunos comentaristas expresaron gran inquietud por el hecho de que se considerara al TDAH un “trastorno genético”. Si se hubiera utilizado la misma expresión para hacer referencia a la enfermedad coronaria o a la diabetes, no se hubiera generado un debate tan controvertido. Sin embargo la evidencia de la influencia genética en el TDAH es tan convincente como en la de estas enfermedades físicas. Todas incluyen una compleja combinación de genes y ambiente.

Una mayor comprensión de la neurociencia básica, junto con herramientas humanas de investigación, como la genética molecular y las imágenes cerebrales multimodales, ofrecen la oportunidad de revolucionar el diagnóstico y el manejo de la enfermedad mental en las próximas décadas. Aprovechar esta oportunidad requerirá que todos adoptemos actitudes abiertas y que nos basemos en la evidencia y no en los prejuicios. Esto incluye a los políticos, al público, a los profesionales, a los financiadores, así como a los investigadores.

Resulta muy importante tener en cuenta que un problema de salud mental es más común de lo que se cree, y necesitamos empezar a tratar estos trastornos como cualquier otra enfermedad que complique, debilite o altere nuestra calidad de vida.

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