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Ya son varias las generaciones de burros Pancho que toman cerveza en el Mirador de Mayabe en Holguín. Foto: Archivo

La historia de los burros llamados Pancho en Holguín

Inusual o insólito pero cierto. Los burros no son tan burros, según parece, y en Holguín hay un lugar donde los que pasan, se quedan para siempre tomando cervezas, lo que se ha convertido en una graciosa atracción turística, y un símbolo de la industria sin chimeneas en Cuba.

En el Mirador de Mayabe, un centro turístico ubicado en la provincia de Holguín, además del paisaje natural, la comida criolla de su restaurante a 200 metros de altura sobre el nivel del mar, los visitantes se deleitan con un burro que hace de las suyas.

Pancho, que así se llama este animal, no es, sin embargo, el primero que se dedica a esta “faena” en la historia de esta instalación que comenzó a ofrecer servicios en enero de 1972 y en la actualidad pertenece a la cadena hotelera IslaAzul.

La tradición de que un equino se dejara “invitar a unos tragos” por los visitantes de este centro turístico comenzó por míster Towns, un estadounidense que a principios del siglo XX escogió estos parajes para vivir.

Towns, oriundo de Georgia, Estados Unidos, había nacido en 1857 y en Mayabe realizó los primeros trabajos y experimentos de injertos especialmente en rosales, cítricos y otros árboles frutales.

Por sus aportes a la agricultura cubana como agricultor y floriculturista, recibió la cruz “Carlos Manuel de Céspedes” y se convirtió en una de las figuras más importantes dentro de la historia de Mayabe.

Aunque la naranja era su fruta preferida para realizar sus inventos, Towns se dedicó también a la crianza de animales, sementales de pura raza, como toros, caballos y burros.

Se afirma que cobraba cinco dólares en la época por cada yegua que le trajeran para que con su burro lograran hacerse de un mulo o una mula, un animal resultante del cruce, muy bueno para la carga.

Así, cuenta la historia, el tal míster Towns se hizo famoso más por su burro que por su sistema agrario, y dejó para la posteridad esta tradición que trasciende a nuestros días.

Con uno de sus burros, Míster Towns hizo mucho dinero, ya que uno de estos llegó a tomarse 36 cervezas en una fiesta en Mayabe.

La historia de los burros llamados Pancho en Holguín 0Luego llegó su sucesor: Pancho, que tenía entre su alimentación el pienso y el maíz, pero su plato favorito era el lechón asado, además de los chicharrones, aceitunas y caramelos y también la cerveza bien fría.

Su presencia ha obligado durante años al paso por este lugar, donde los seguidores del primer burro Pancho, fallecido en 1992 tras haberse ingerido unas 60 mil bebidas, han tenido que esforzarse para igualársele o hasta superarlo.

Al lado del bar-piscina de Mayabe se encuentra el bar del animal, cuya fama le ganó una canción a un compositor cubano que afirma: “sí, señores, el burro toma cerveza”.

El cantinero Roberto Betancourt afirma que ya no podría trabajar en el Mirador si faltara un burro en el pesebre, donde ha visto desfilar en 29 años a tres ejemplares, a los que debe atender cada vez que se les paran a rebuznar, pidiendo cerveza, bolas de pan o galleticas.

Para él, los tres burros “Panchos”, como han sido llamados todos, son iguales, pero el primero fue con el que más interactuó y el que más anécdotas le dejó grabadas en su memoria, quizás porque permaneció más tiempo en el establo al morir de muerte natural.

“Pancho, el primero, era único”, señala Roberto con un poco de nostalgia, y narra que cuando el animal se tomaba unas 10 cervezas, parece que se acalambraba y paraba, se retiraba a la parte trasera del pesebre, y luego venía, y entonces continuaba bebiendo.

Un día, cuenta, unos trabajadores cubanos vinieron desde Camaguey en un paseo de recreo y, escépticos, comenzaron a brindarle al burro cervezas “Tínimas”, producidas en esa provincia de Cuba.

“Pancho se tomó 16 bebidas de esas que venían en unas botellas grandes y les comió a los visitantes nada menos que ocho bocaditos de jamón y queso”, añadió.

-“Hasta que un día llegó a tragarse 46 cervezas en un día, sin marearse, ni tumbarse, ni nada”.

El cantinero contó que en una ocasión, en 1996, tuvo que viajar a una feria de La Habana con el segundo Pancho. Llevó consigo 10 cajas de cerveza Mayabe, producidas en Holguín, pero tuvo que retrasar su regreso porque el burro se convirtió en el centro de diversión.

-“Yo pensé: Se me cae Panchito aquí, pero no, tomó y tomó todo lo que le dieron”.

Según estimados de Betancourt, el burro ha generado en un día más de 20 pesos en divisa por las cervezas y las chucherías que les compran los clientes.

-“Cada vez que ve llegar a alguien comienza a rebuznar y no se aparta de la puerta del bar, asomado desde su pesebre, como pidiendo que le inviten a una cerveza”.

El segundo Pancho tomaba cervezas pero en vasos, no en botellas como los otros, y esa era su diferencia.

José Sera, alias Pepe, lleva unos cuatro años con el tercer burro Pancho, al que tuvo que enseñar a tomar cervezas.

Cuenta que cada día llega a su trabajo a las seis y media de la mañana y va a donde Pancho. Lo saca a pastar temprano, lo baña y lo conduce al establo a donde los visitantes acuden a encontrarse con él.

Dice Pepe que no hay ninguna trampa para dar las lecciones al animal, pero afirma que en cuestiones de aprendizaje “los burros no son tan burros”.

-”Cuando me ve, Pancho comienza a hacer ese ruido de ellos, en señal de saludo o de alegría, no sé bien. Así pasa cuando paso cerca de su establo, y la gente me dice que Pancho me está saludando”.

Apunta que para traerlo desde el lugar donde pasa la noche hasta el bar, apenas le enreda la soga en el pescuezo y Pancho viene solo detrás de él, como si supiera para dónde lo llevan.

-“En varias ocasiones se ha escapado, pero la gente del pueblo lo encuentra y nos manda razón de dónde lo han capturado. Cuando yo llego ya le han dado de beber y de comer”.

Ello da la medida de la identificación de todos con lo que los simboliza en la zona y en el país. Pero el secreto de tomar cerveza al parecer no es tan secreto cuando Betancourt y Pepe accedieron a contarlo sin tapujos.

El animal debe permanecer tres días sin tomar agua y cuando comienzan a suministrarle el líquido, pues lo hacen en botellas para acostumbrarlo al pico de cristal.

Una vez que se inicia en esta práctica, que algunos consideran anti-natura y demora de dos a tres meses, tampoco se le puede dar agua pura al burro hasta pasada las tres y media de la tarde, en que regresa a su establo, porque, de lo contrario, no prueba ni una cerveza en el día.

Aseguran estos dos hombres que los burros no son obligados a ingerir bebidas alcohólicas y sólo cuando arriba un visitante y lo desea le ofrece un trago a Pancho.

José Miguel Ávila Pérez
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