Pareja, relaciones, Amor líquido
Foto: cubasi.cu

Amor líquido, un flagelo en los sentimientos 

En la actualidad tres de cada cinco matrimonios se separan, las personas prefieren vivir en lo que ahora llamamos uniones de hecho afectiva que en matrimonios y es tan fácil cambiar de pareja como de ropa interior, esto está marcado, según el sociólogo polaco Sigmund Bauman por relaciones que denominó como amor líquido.

El amor líquido hay que enmarcarlo en la sociedad “líquida” en la que estamos inmersos, marcada por el deseo de satisfacer las necesidades de forma inmediata y en la que casi todo es desechable.

El amor líquido, por tanto, es un amor superficial, porque se basa en vínculos sentimentales frágiles, que pueden romperse fácilmente, lo que importa es el momento presente, sin ataduras, compromiso o proyecto de futuro.

En este amor, el individualismo prevalece y una vez satisfecha una necesidad puntual, de cariño, de sexo o de apoyo emocional, el sentimiento no perdura creando lazos entre dos personas, sino que se diluye hasta desaparecer.

En las relaciones de este tipo, la atracción sexual desempeña un papel determinante. Un claro ejemplo de amor líquido puede ser una relación íntima esporádica, un “aquí te pillo, aquí te mato”, como dicen los españoles.

Otro podría ser el caso de parejas abiertas, sobre todo en las que el concepto de libertad individual prevalece sobre cualquier deseo común. También es el caso de aquellas parejas que están bien juntas, durante años, pero sin compromiso alguno, porque la idea es poder acabar con la relación en cualquier momento.

Pero este tipo de relaciones generalmente traen consecuencias para algún miembro de la pareja, incluso ambos y hasta para la sociedad.

Consecuencias del amor líquido

La principal consecuencia del amor líquido es la “cosificación” de las personas, es decir, un miembro de la pareja que experimente el amor de esta manera verá al otro como alguien con el que comparte un momento y nada más, haciendo invisibles los sentimientos que pueda tener.

La insatisfacción emocional y la baja autoestima suele ser, también, consecuencias de las relaciones basadas en el amor líquido, porque las personas no somos “cosas”.

Por último, cambiar de pareja frecuentemente sin la debida protección puede exponerte a enfermedades de trasmisión sexual, a caer en espirales de vacío, a dañar a las personas y que el amor se vuelva una palabra sin sentidos positivos.

Carlos Rodríguez Rubio

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

catorce − 7 =