El General Calixto García. Foto: Archivo

El General Calixto García y el largo camino a la prisión

En marzo de 1878 un grupo de revolucionarios cubanos emigrados, crearon el Comité Revolucionario Cubano de Nueva York. Formado originalmente para apoyar a los insurrectos, que continuaban peleando en los campos del archipiélago, este devino en un instrumento para organizar la nueva contienda. En septiembre de 1878, la dirección del Comité le entregó a Calixto García Iñiguez la presidencia. El General independentista cubano había caído prisionero, en septiembre de 1874, en un combate contra los españoles; luego de un frustrado intento de suicidio. Enviado a las cárceles españolas, al terminar la primera guerra por la independencia, en 1878 lo dejaron en libertad. De inmediato se trasladó a Nueva York, donde comienza a organizar la próxima guerra por la independencia de su patria.

La contienda estalla en agosto de 1879. Luego de un fracasado intento de desembarco en las costas cubanas, al frente de una expedición, Calixto García lo logra en una segunda tentativa.

El siete de mayo de 1870 arribó cerca de Aserradero, en la costa sur de Oriente. En carta, de fecha 21 de julio de 1880, al patriota Esteban Estrada, Calixto explicaba su odisea en los campos cubanos:

“Empezaré por decirle que el 7 de mayo desembarqué al pie del Aserradero con 19 hombres.  Que desde esa fecha no he parado un momento para reunirme con algún, jefe cubano; pero con tan mala fortuna que según he llegado a un lugar, la primera razón que he tenido del jefe solicitado, es que se había presentado”.

“De 19 hombres que desembarcamos, solo quedamos seis desnudos y descalzos. Mi posición se hace, pues, cada día más difícil y para empeorarla estoy padeciendo fiebres y no tengo ni quinina para cortármelas”.

“Yo creo que si se confirman las noticias que tengo, no me quedará más recurso que salir para el extranjero y para ganar tiempo desearía que usted me dijera si se puede conseguir un bote en Manzanillo, y en caso que usted lo crea posible, me ponga en comunicación con alguna persona de confianza que viva en Manzanillo y que quiera ayudarme en mi empresa”.

“Como esto traería gastos, y yo no tengo dinero, le agradecería escribiera á mi madre pidiéndole que busque entre los amigos la cantidad necesaria y se la remitiera a usted, para hacer frente a los gastos que se originen.” (1)

Doña Lucía, para Calixto, era mucho más que la madre generosa que estaba dispuesta a ayudarle en sus momentos de desdicha. Era la mambisa comprometida a colaborar en la empresa independentista del hijo. Lucía se veía involucrada en esta compleja operación clandestina, de permitir que el general insurrecto se pusiera a salvo de la persecución hispana. Es cierto que era el hijo, pero también el continuador de la guerra, de los anhelos independentistas de los cubanos y de ella.

En medio de estas difíciles circunstancias el pequeño grupo de insurrectos decidió presentarse a los españoles. El primero de agosto, desde las costas de Mabay, le escribe al Comandante General español de Oriente, para que le informe las garantías que tendrían. El tres de agosto, con cinco compañeros depone las armas. Un informe de las autoridades expresaba: “Las causas que han inducido a Calixto García solicitar del Comandante General de Holguín le admitiese su sumisión al gobierno no reconocen otro móvil que la completa convicción que tenía dicho cabecilla de que le era imposible, tanto el reembarcarse, como intentó tan pronto tuvo conocimiento de la presentación  de casi todas las fuerzas insurrectas en armas, como el de escapar a la tenaz persecución de nuestras fuerzas, hábilmente combinadas por el General Valera… desde el primer instante no pudieron conseguir un solo momento de reposo, ni les fue posible reunirse con ninguno de los partidos en armas, á pesar de los esfuerzos que hicieron para conseguirlo. Perseguidos de tal suerte, que aún no habían esquivado el encuentro con una de nuestras columnas cuando se veían acosados por otra, obligados á andar errantes, desnudos, descalzos, enfermos y sin recursos de ningún género, sin esperanzas de conseguirlos y viéndose mermados de día en día por los muertos ó prisioneros que les hacían nuestra columna”. (2)

Los compañeros del General mambí eran: Modesto Fonseca, Juan Soto, Miguel Cantos, Juan Espinosa, y Juan Moncada. El ocho de agosto junto a ellos llegó a La Habana. Uno de los insurrectos, Miguel Cantos, fue indultado por las autoridades, el 11 de agosto. El Comandante del apostadero de La Habana por indicación del Capitán General, dispuso que Calixto y sus compañeros fueran custodiados en el buque San Francisco de Borja, anclado en la bahía de La Habana. El militar hispano le ordena al capitán del barco: “Previniendo á su comandante por encargo especial de la autoridad mencionada lo guardasen especialmente al primero, (Calixto García) todo género de consideraciones dándoles su mesa verificándose así hasta el día en que pasaran al vapor “Méndez Núñez” para su conducción a la Península”. (3)

En varias ocasiones fueron a bordo del San Francisco el Capitán General y el Comandante del apostadero a conversar con el legendario mambí. “Que su conducta á bordo ha sido decorosa y circunspecta, habiéndose mostrado agradecido al trato y consideraciones de que él y sus compañeros han sido objeto”. (4)

Sin embargo, el Capitán General español dispuso la salida de Calixto lo más rápidamente posible hacía España: “… atendiendo á su influencia e importancia entre los de ideas separatistas”. (5) El 15 de agosto en el primer buque correo que salió hacía España, el “Méndez Núñez”, embarcaron a Calixto en compañía de los mambises, también prisioneros, Brigadier Modesto Fonseca, Juan Soto, Juan Espinosa y Juan Moncada. Como escolta iba el Coronel graduado que desempeñaba las funciones de Teniente Coronel de Estado Mayor de Plaza Manuel de Jesús Tejera y Penson. Aquel día terminaba para Calixto su participación en la segunda guerra de independencia.

Mucho antes de la llegada del “Méndez Núñez” a Santander, su puerto de destino, las autoridades de esa ciudad fueron puestas sobre aviso. Desde los primeros momentos se produjo una clara diferencia sobre el tratamiento que se le daría a Calixto en España, respecto a los demás prisioneros. El 20 de agosto el gobernador de Santander pasó un telegrama al Ministro de Ultramar donde expresaba: “… en el ruego se le manifieste si cuando llegue el deportado Calixto García debe tenerlo en la cárcel por no haber otro local seguro”. (6)

La respuesta del Ministro de Ultramar ese mismo día en un telegrama, donde expresaba que por disposición del Ministro de Marina, se dirige a ese puerto la goleta de guerra Concordia para trasladar hasta Mahó a Calixto y uno de sus compañeros.

El 31 de agosto de 1880 el “Méndez Núñez” llegó a la hermosa ciudad de Santander. El gobernador ofrece detalles sobre el hecho: “A las 10 de la mañana fondeó vapor correo “Méndez Núñez” conduciendo correspondencia y carga de frutas coloniales, 111 pasajeros, 32 individuos de tropas y 10 de la armada total, 153. Durante travesía hubo 2 defunciones de enfermedades no importables y con certificado de embarque han desembarcado la correspondencia y pasajeros, quedando el buque en cuarentena. En los pasajeros están incluso los deportados D. Calixto García, Iñiguez y 4 más á cargo de un Sr.  Teniente Coronel”. (7)

Sin embargo, un hecho imprevisto llenó de sorpresa al gobernador español de Santander. En el buque también llegó el general español Cuenca que:                          “… le manifiesta que él General Blanco contrajo compromiso con Calixto García de quedar en libertad al llegar a la Península y dirigirse á Madrid acompañado del jefe que lo ha conducido á conferenciar con el ministro y que ya recibirá mañana carta del General Blanco explicándole este compromiso. Que el mismo General Cuenca trae cartas en igual sentido al que General Blanco sufriría una contrariedad al saber si envía á García á Mahón á pesar de haber dado su palabra en contrario”. (8)

El 1 de septiembre el Ministro de Ultramar telegrafía al gobernador de Santander. “No habiendo tenido tiempo para enterarme de las comunicaciones del General Blanco a que alude su telegrama suspenda la salida de la goleta Concordia hasta nuevo aviso”. (9)

El dos de septiembre, después de leer las cartas del Capitán General de Cuba llegadas en el buque Méndez Núñez, el ministro telegrafió al gobernador de Santander: “Las cartas y comunicación oficial del General Blanco nada dicen que haya contraído compromiso alguno con Calixto García ni de que le haya dado palabra de quedar en la Península. Dígalo V. E. al general Cuenca y pregúntele si le consta oficialmente que se haya contraído con Calixto García por el General Blanco el compromiso que indica á dado palabra en igual sentido. Pregunte V.E. al general Cuenca si ha remitido las cartas que trae del General Blanco para el gobierno. Contestación urgente”. (10)

No tiene tiempo el gobernador de indagar con el General Cuenca, pues ese mismo día salió para Madrid en tren. El 7 de septiembre, el Ministro de Ultramar le envió un telegrama al gobernador de Santander para que ordenara al Capitán de la goleta Concordia, que se dirija hacia Cádiz con los cubanos. Al día siguiente el marino cumple la orden.

El trato diferente dado a Calixto por las autoridades se puso de manifiesto en su traslado a Cádiz. En Santander se encontraban 56 patriotas cubanos deportados que debían de ser trasladados a Cádiz. Las autoridades españolas dispusieron que se hiciera este en el buque “Coruña” mientras el de Calixto y sus compañeros en la goleta “Concordia”. Cuando se manejó la posibilidad por las informaciones orales del General Cuenca que Calixto debía seguir viaje a Madrid, se pidió permiso por las autoridades de Santander al Ministro de Ultramar para cancelar el viaje de la goleta “Concordia”, y enviar a los demás compañeros de Calixto en el “Coruña” para ahorrar así recursos al Estado. La “Concordia” se mandó a Santander con el único objetivo de trasladar a Calixto.

El 9, el Ministro de la Guerra, cursó un telegrama al gobernador de Cádiz informándole el próximo arribo de la goleta “Concordia” y el buque “Coruña” y que le informara al Capitán de la goleta que debía de continuar viaje hacía Alicante con Calixto y Espinosa. Ambos serían internados en el Castillo de Santa Bárbara. Los 56 deportados del “Coruña” irían a Mahó y los otros tres compañeros de Calixto: Modesto Fonseca, Soto y Moncada a Barcelona para ser encerrados en el Castillo de Figueras.

El 10 de septiembre el Ministro de Guerra les envió sendos telegramas a los Capitanes Generales de: Valencia, Cataluña, Islas Baleares, bajo cuya jurisdicción estaban respectivamente los castillos de Santa Bárbara, Figueras y la prisión de Mahó: “… que no omitan medio alguno para que se ejerza sobre ellos la más rigurosa vigilancia á fin de evitar su evasión debiendo de tener siempre fija su atención sobre este punto y dedicando a él el más exquisito celo y perseverancia”. (11)

Pero ese mismo día el Ministro de la Guerra dispuso una comunicación al Capitán General de Valencia en la que aclara: “Respecto a la vigilancia y precaución que deben adoptarse para evitar la evasión de los Deportados Cubanos que ha de ser custodiados en el Castillo de Santa Bárbara de Alicante, se entiende con relación á Calixto García en el sentido de que se le guardaran todo género de consideraciones y atenciones con tal que estas no le sirvan de motivo ó le den medios para evadirse de aquella fortaleza”. (12)

El 23 de septiembre de 1880 llegó la goleta a Alicante con Calixto García y Espinosa los que de inmediato fueron conducidos al Castillo de Santa Bárbara. El 24 de septiembre el gobernador de Cuba envió un telegrama al Presidente del Consejo de Ministros y al Ministro de Ultramar donde: “…ruega deje en libertad á Calixto García bajo palabra de honor en el punto que elija que le ofreció obtener del gobierno esa concesión de que lo cree digno por su caballerosidad y condiciones de carácter”. (13)

El Ministro de Ultramar al día siguiente, 25, telegrafió al Capitán General de Cuba: “… que aguarde carta y documentos que le remite correo respecto libertad Calixto García y si con ellos y las reflexiones que se le hacen insiste en lo que manifiesta en un telegrama se sirva decirlo también por telegrama”. (14)

Al parecer ya el 9 de octubre había llegado a manos del Capitán General de Cuba el correo del Ministro de Ultramar, que no lo convenció. Ese mismo día pasó otro telegrama a sus superiores, “que se deje en libertad á Calixto García bajo palabra de honor”. (15)

El 11 de octubre el Ministro de Ultramar le cursó un telegrama al gobernador de Alicante para que ponga de inmediato en libertad a Calixto que debía de trasladarse a Madrid para una entrevista con él. A penas se entera Calixto de la inesperada noticia solicita que su compañero Espinosa debía de recibir, igual tratamiento. El 12 Calixto marchó a Madrid, al día siguiente se entrevistó con el Ministro de Ultramar ocasión que aprovecha para solicitar la libertad de Espinosa, Modesto Fonseca, Juan Soto y Juan Moncada. Del primero logra obtener su inmediata libertad. De los otros tres el Ministro envió un telegrama al Capitán General de Cuba pidiéndole su opinión. Ese mismo día Ramón Blanco contestó con otro telegrama negándose que se pusiera en libertad a los compañeros de Calixto.

¿Por qué ese tratamiento especial respecto a Calixto? ¿Por qué se le puso en libertad mientras otros patriotas permanecían en prisión?

Creemos que fueron varios los factores que influyeron en esta actitud de los españoles, pero determinante fue la nueva política que trató de llevar a cabo el Capitán General español en Cuba. En una carta de octubre de 1880 le explicaba al Ministro de Ultramar que Calixto por el papel desempeñado en la guerra podía ser un factor importante: “Creo conveniente y político se deje en libertad á Calixto García bajo palabra de honor; hoy existe entre él y los Maceos una profunda división que conviene utilizar evitando vuelvan á unirse los elementos que aquí los representan. Los amigos de Calixto todos arrepentidos sinceramente trabajan eficazmente por la pacificación y facilitar al gobierno su misión de este punto. Carrillo ha ofrecido no volver á hacer armas jamás pidiendo se le permita volver en breve al país para dedicarse al trabajo. Conviene atraerse estos elementos con la magnanimidad empleando el rigor con los aventureros que no ofrezcan garantías para el porvenir. Ruego por tanto á V.E se sirva llamar á su presencia á Calixto y si en vista de su actitud y de las razones expuestas conceptúa conveniente acceder á mis deseos se lo agradeceré porque creo comprometida mi palabra pues contando con la confianza que siempre me ha dispensado el gobierno le asegure que quedaría en libertad”. (16)

También pudo influir, en el General Ramón Blanco, la personalidad dé Calixto y su vida legendaria. En su correspondencia el Capitán General deja entrever su admiración personal por el heroico General mambí. En una carta de fecha 24 de septiembre de 1880 al Presidente del Consejo de Ministros y al Ministro de Ultramar, expresaba: “Si es cierto que Calixto García está detenido me permito rogar á V.E. se le deje en libertad bajo palabra de honor en el punto que elija. Yo le ofrecí obtener del gobierno esa concesión de que lo creo digno por su caballerosidad y condiciones de carácter según le tengo manifestado por escrito y agradecería a V.E. lo dispusiera así pues estoy tanto más comprometido en ello cuanto que se sumisión fue incondicional y mi ofrecimiento espontáneo”. (17)

El hacendado de Jiguaní, Blanco, capaz de sostener una conversación en inglés, francés o español sobre política internacional o la ciencia militar, que podía dirigir combates como la de Santa María de Ocujal o Melones, perdonarle caballerosamente la vida a soldados y oficiales enemigos, dispararse un tiro antes de caer prisionero o venir en bote de remo a combatir en una guerra perdida pudo muy bien despertar a lo largo, cierto respeto personal en sus enemigos e incluso la secreta admiración de Ramón Blanco.

El historiador Constantino Pupo y Aguilera en su libro Patriotas Holguineros, publicado en 1956, reproduce una carta que atribuyó a Ramón Blanco. Aunque no consigna la fuente hemos creído conveniente reproducirla pues en esencia nos parece auténtica y refleja el respeto del General Blanco hacia Calixto García en los días que depuso las armas en la Guerra Chiquita: “Está desnudo, descalzo y muy enfermo. Lo he tratado cariñosamente, alojándolo en el Borja, en el correo del -quince lo envió para la península. Me parece un caballero en todo y es al mismo tiempo un hombre muy simpático. No ha querido tomar ni un céntimo, a pesar de habérselo yo ofrecido en particular, en calidad de préstamo. Al gobierno le digo que lo deje en libertad donde quiera, es la única excepción, que he hecho”. (18)

Dieciocho años después, el 15 de noviembre de 1898, en momentos en que Blanco estaba al frente del derrotado ejército español en Cuba, Calixto García le mandó por medio de un oficial hispano al General Blanco un telegrama agradeciéndole la caballerosidad de otros tiempos:                                             “El titulado General Calixto García me ha suplicado ofrezca a V.E. con su testimonio de veneración y respeto los sentimientos de su sincero aprecio y gratitud, pues no olvida nunca de que en sus momentos de desgracia y de angustias supremas fue V.E. generoso para remediarlos moral y materialmente”.(19)

Sin embargo, este trato caballeroso no significó que dejaran de considerar a Calixto como lo que realmente era: uno de los mayores peligros para el colonialismo español. Cuando por real decreto se indultó a los deportados y prisioneros políticos cubanos en España, el trato hacia el veterano General mambí, también fue excepcional: “… si bien la disposición citada tuvo  un carácter general, existen en Don Calixto García circunstancias especialísimas y excepcionales que contra su voluntad le obligan á permanecer en la península puesto que su carácter de jefe en la pasada insurrección de Cuba y el evitar que su presencia en la isla pudiera constituir algún peligro ha debido motivos que dicho señor no se acogiera á la gracia de indulto y que sea tal vez conveniente a los intereses de España su permanencia por ahora en la península”. (20)

Ante la imposibilidad de abandonar la península no le quedaba otro remedio que tratar de establecerse, trabajar y crear las condiciones para que su familia se le uniera.  Un viejo amigo, Pedro Sotolongo, director del Banco Hispano Colonial le consiguió trabajo en el Banco de Castilla, que era una filial del primero. Calixto desmintió los rumores de que había recibido una prebenda del gobierno. El 18 de abril de 1881, desde La Habana, Doña Lucía escribió a Rojas Oria: “Aunque estoy segura que no habrás creído los rumores que se corrieron de que Calixto estaba colocado en el Banco de España, quiero que sepas que está colocado en el banco de Castilla, y que en esa colocación no ha intervenido el gobierno. El mando los estatutos del Banco para desmentir esos rumores”. (21)

En 1895 al estallar la última guerra por la independencia de Cuba se fuga de España hacia Francia y de allí a Estados Unidos de América. El 24 de marzo desembarca al frente de una expedición en las costas cubanas para combatir como lo que siempre fue un convencido mambí.

 

 NOTAS

1–Centro de Información de las Guerras de Independencia, Museo Casa Natal de Calixto García. Copia del Expediente seguido por los españoles al Mayor General Calixto García (1874-1896), Legajo 4837, Número 62, Año de 1875, Ministerio de Ultramar, Negociado, 2º Cuba.
2.-Ídem
3.-Ídem
4.-Ídem
5.-Ídem.

6—Ídem.

7—Ídem.

8—Ídem.

9–Ídem

10–Ídem

11–Ídem

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14–Ídem

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17–Ídem

18–Constantino Pupo Aguilera. Patriotas Holguineros, Holguín, 1956, p. 65.

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