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Hablemos de salud mental: Cinco preguntas y respuestas

El próximo 10 de octubre celebraremos el Día Mundial de la Salud Mental. Tal celebración asume como objetivo crear conciencia sobre la significativa importancia que tiene la salud mental en nuestras vidas e impulsar cambios positivos para todos en este campo. También es una oportunidad para hablar sobre la salud mental, cómo debemos cuidarla y lo importante que es buscar ayuda si presentas malestares o síntomas de esta naturaleza.

“Estoy en crisis”, “Llevo días sin poder dormir de la preocupación”, “La ansiedad me está matando”, “No puedo más”, “No sé qué hacer”. Estas frases, y otras parecidas, las escucho con relativa frecuencia. Sin embargo, también con frecuencia se les resta importancia. Pero si escuchamos: “Tengo fiebre”, “Se me torció el pie y me duele”, “Hace días que tengo dificultad para orinar”, inmediatamente alguien responde: “Debes ir al médico”, “Tienes que atenderte eso”, “No te descuides”. Ello pone en evidencia que no se le da la misma relevancia a la salud mental que a la salud física, por decirlo de una manera que se entienda porque la salud es una sola, y ya lo dice un viejo refrán: “mente sana en cuerpo sano”.

¿Por qué existen resistencias para hablar de salud mental?

La principal causa de esa resistencia es el estigma. Estigma es una marca que excluye a una persona de las demás y que disminuye su valor en el grupo social al que pertenece. Una manera de manifestarse es la actitud y los comportamientos negativos hacia las personas con problemas por consumo de sustancias y de salud mental. Estigmatizar es señalar negativamente a una persona o grupo con el fin de insultar, atacar o someter, justificado por el desprecio, prejuicios y estereotipos aprendidos. Pensemos bien sobre ello porque sucede, y trae consecuencias serias para los afectados.

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Uno de los desafíos de salud pública más difíciles de nuestro tiempo es la lucha contra el estigma en relación con la salud mental. Foto: Tomada de OPS

El estigma puede producir efectos como: internalizar creencias negativas, aislamiento, baja autoestima, desesperación, evitar buscar tratamiento, empeoramiento de los síntomas, discriminación e injusticias.

Las investigaciones dan cuenta de que las enfermedades mentales más estigmatizadas son la esquizofrenia, el trastorno bipolar y la depresión. Pero me atrevo a asegurar que ninguna escapa del estigma, de alguna u otra manera siempre está presente añadiendo más carga, malestar y sufrimiento, lo que hace más tórpida y complicada la evolución de cualquier trastorno.

¿De qué hablamos cuando hablamos de salud mental?

Se define la salud mental como “un estado dinámico que se expresa en la vida cotidiana a través del comportamiento y la interacción de manera tal que permite a los individuos y colectivos o grupos desplegar sus recursos emocionales, cognitivos y mentales para transitar por la vida cotidiana, para trabajar, para establecer relaciones significativas y para contribuir a la comunidad de una manera gratificante”.

En relación con esta definición es importante tener en cuenta dos aspectos:

1.-La forma en que nos comportamos y nos relacionamos con las personas y el entorno en la vida cotidiana es el resultado de la manera en que transcurren las percepciones, los pensamientos, las emociones, las creencias y demás contenidos de nuestra mente, que se pueden afectar por factores genéticos, biológicos, la historia particular de cada persona y su familia, así como por aspectos culturales y sociales.

2.-La salud mental es una construcción social que puede variar de un contexto a otro, dependiendo de los criterios de salud y enfermedad, normalidad y anormalidad establecidos en cada grupo social, esto influye directamente en la forma de sentirse sanas o enfermas de las personas pertenecientes a un determinado grupo, región, país o cultura.

¿A qué llamamos trastornos mentales?

Se entiende por enfermedad mental la que se produce a raíz de una alteración que repercute sobre los procesos afectivos y cognitivos de la psiques, la cual se traduce en dificultades para razonar, alteraciones de la manera de sentir y del comportamiento, impedimentos para comprender la realidad y para adaptarse a diversas situaciones.

Entender la enfermedad mental como una parte de la vida y una circunstancia más de la persona y no como un elemento que anula al resto de capacidades de las personas, permite que la misma sea tratada para  lograr la recuperación, reanudar trayectorias vitales normales, satisfactorias y productivas o permitir que la persona que la padece pueda tener una mejor calidad de vida.

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La mayoría de las personas experimentan momentos en los que han tenido problemas para afrontar la vida diaria. Foto: Getty Images

¿Quiénes pueden presentar un trastorno o problema mental?

Cualquier persona puede presentar un trastorno, problema o evento de salud mental en algún momento de su vida. Esto dependerá de la forma como interactúen sus particularidades genéticas, biológicas, psicológicas, familiares, sociales y los acontecimientos de su historia de vida.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS) cerca de 450 millones de personas sufren trastornos mentales con una prevalencia similar en hombres y mujeres, con excepción de la depresión, que es más común en mujeres, y el abuso de sustancias, que es más común en hombres.

¿Los trastornos mentales se curan?

Los trastornos y problemas mentales pueden curarse, rehabilitarse o controlarse con un tratamiento adecuado, los medicamentos e intervenciones son cada vez más específicos y selectivos. Suelen definirse de manera personalizada para cada caso, combinando el tratamiento farmacológico con medidas de rehabilitación socio-laboral, psicoterapias y apoyo familiar. Con la detección temprana y la atención oportuna la mayoría de las personas con un trastorno mental se recuperan rápidamente y ni siquiera requieren hospitalización. Otras necesitan estadías cortas en un hospital para recibir tratamiento. Un muy pequeño número de personas con enfermedades mentales necesita cuidado hospitalario prolongado.

Para cerrar hago una convocatoria

Seamos conscientes del impacto de las enfermedades mentales en nuestra salud y en la de nuestros seres queridos. Actuemos tanto para prevenirlas como para tratarlas. Dejemos de estigmatizar el ir al psicólogo o al psiquiatra, porque del mismo modo que consideramos normal acudir al médico cuando nos duele una pierna o tenemos fiebre, también es normal e imprescindible acudir a especialistas ante un problema de salud mental o si nos encontramos desbordados emocionalmente.

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