Calixto García Íñiguez
Calixto García Íñiguez. Foto: Tomada de uho.edu.cu

Matar o perdonar: el sutil límite entre la muerte y la vida de un general

El papel de Martínez Campo en la historia de Cuba es muy relevante por sus servicios al sistema colonial español para aplastar el movimiento independentista. Él se dio cuenta que con la guerra a muerte establecida en la mayor de Las Antillas durante la contienda de 1868 poco se podía lograr en la pacificación de la Isla. No dudó en aplicar una política de acercamiento a los mambises. Pero unos años antes el capitán general de Cuba, José Gutiérrez de la Concha e Irigoyen Mazón y Quintana había argumentado una medida similar que la puso en práctica con la captura de un general mambí. Acerquémonos a esa olvidada historia.

Calixto García Íñiguez, nació el 4 de agosto de 1839, en la ciudad de Holguín. En apariencia era un fiel súbdito del imperio español, que: “En su modesto y tranquilo hogar de Jiguaní, se ocupaba Calixto García Íñiguez del cuidado de sus intereses y los de su familia…” (1), como afirmaría Manuel Sanguily.

Pero el 10 de octubre de 1868, todo cambió, cuando Carlos Manuel de Céspedes se sublevó en el ingenio Damajagua. La mayoría de los comprometidos con la conspiración, y una parte considerable del oriente cubano lo secundó. Entre estos estaba Calixto quien, el 13 de octubre de 1868, lo haría en Jiguaní bajo las órdenes de Donato Mármol. Desde aquel momento inició una vertiginosa carrera militar. Combatió en las jurisdicciones de: Bayamo, Santiago de Cuba, Holguín, Jiguaní, Manzanillo, Tunas… Alcanzó el grado de Mayor General y llegó a ser jefe del Departamento Militar de Oriente. Libró decenas de acciones contra los colonialistas. Algunas han pasado, por su repercusión, a la historia de la Revolución como excepcionales victorias cubanas.

El 5 de septiembre de 1874, en San Antonio de Bagá, jurisdicción de Manzanillo, su campamento fue sorprendido por fuerzas enemigas, el parte insurrecto, sobre aquel acontecimiento reproducía el informe del entonces comandante Jesús Rabí, que formaba parte de la tropa de Calixto:

“Ayer al medio día el fuego de la avanzada anunciaba la presencia del enemigo, precisamente en hora en que estaba el campamento sin la mayor parte de la fuerza, por haber ido ésta en busca de provisiones al Zarzal. El general Calixto García Íñiguez que sólo contaba con quince hombres, entre soldados de este batallón, escolta principal que conducía al campamento de San Antonio de Bajá, y por donde era de esperar que se presentara el enemigo, y cuando éste lo hizo fue apareciendo por el flanco derecho de la manigua próxima al pabellón del general. Al sentir el fuego por esta parte, acudí con los pocos hombres que me acompañaban, batiéndome hasta consumir el parque. El enemigo emprendió su retirada por el monte, y al practicar reconocimientos por el campo de la acción, encontré herido al capitán Planas, quien me manifestó sus temores de que el general García hubiese caído en poder de las tropas españolas. En averiguaciones posteriores adquirí la certeza de éste triste suceso”. (2)

Calixto puso su revólver bajo la barbilla y apretó el gatillo. El proyectil penetró aplastando músculos y nervios y le salió por la frente sin afectarle ningún órgano vital. El general, inconsciente, fue trasladado a Veguitas, Manzanillo y luego a Santiago de Cuba. Allí lo internaron, en medio de una estrecha vigilancia, en el hospital “Príncipe Alfonso”. Se daba por descontado de que el bravo mambí, luego de un consejo de guerra formal sería ejecutado. La frontera entre la vida y la muerte de Calixto era una línea muy tenue.

Pero desde aquel 5 de septiembre se comenzaría a variar, paulatinamente, la acción del aparato represivo español, que imposibilitado de vencer la resistencia obstinada, inició la aplicación de otros métodos.

El 12 de septiembre de 1874, el capitán general de Cuba, José Gutiérrez de la Concha e Irigoyen Mazón y Quintana, envió un telegrama al Ministro de Ultramar: “Doña Lucía Íñiguez, madre de Calixto García solicita del Presidente Poder Ejecutivo indulto de su hijo, que dice salva vida varios oficiales y soldados del ejército sírvase Ud. informar se puede acceder a petición de una madre”. (3)

El ministro español, con indudable extrañeza, telegrafió a La Habana indagando por el motivo de tan inusual petición. Estaba establecido, que todo insurrecto apresado, fuera de inmediato ejecutado. El Gobernador de Cuba, en una extensa carta, expone las verdaderas causas de su supuesta bondad:

“Gobierno General de la Isla de Cuba

Secretaria. Reservado. Exmo Sr.

Desde el momento que fue hecho prisionero Calixto García que con el carácter de General venía mandando a los insurrectos del Departamento Oriental, me propuse perdonarle la vida, y autoricé a su madre para que pusiese un despacho al Presidente del Poder Ejecutivo pidiéndole indulto de la pena capital, sobre el cual Ud. se sirvió pedirme informe por despacho telegráfico.

El hecho solo de no haber dispuesto pasar por las armas a Calixto García después de su aprehensión, y la autorización concedida a su madre para trasmitir aquel despacho telegráfico, probará a Ud. que en mi opinión no era conveniente de ninguna manera aquella disposición que podía tomar en arreglo a los bandos vigentes.

En el estado en que se encuentra la guerra y la insurrección, después de seis años, no he creído de ninguna manera conveniente ensangrentar aquella, y he podido seguir mis propios sentimientos de humanidad evitando un fusilamiento que no deba producir otro resultado, excitando las pasiones y haciendo más difícil la terminación de esta guerra.

Como he dicho a Ud., repetidas veces, esta guerra no ha de acabarse por el esterminio de los insurrectos: se le podrá batir y reducirlos en número, pero esterminarlos, es muy difícil, sino imposible. Es preciso pues batirlos, es preciso perseguirlos activamente por todas partes, y esto será mi primera atención tan pronto como reciba y organice los esfuerzos con que he de emprender la campaña en el centro donde la insurrección tiene alguna, importancia militar.

Pero para concluir con esta guerra se necesita que los insurrectos después de eso, crean en la posibilidad de un perdón y de un olvido, y en la seguridad de sus personas. Esa confianza y esa seguridad contribuirá mucho a darla, el ver perdonada la vida de Calixto García, que por otra parte no se ha señalado por su inhumanidad con nuestros prisioneros (4), cuando ese perdón, ha podido ser concedido por la autoridad superior de la Isla, sin que sobre ella haya ejercido presión alguna, la opinión de los muchos que tan equivocadamente creen, que la energía de una autoridad está en las ejecuciones de la pena capital, y que miran en todos los casos esa política que llaman enérgica, como la única para acabar con esta insurrección. Al verse prisionero Calixto García trató de suicidarse, pero su herida en la garganta y boca no ofrece ya cuidado”. (5)

El 13 de noviembre de 1874 las autoridades coloniales, en Cuba, recibieron respuesta de sus superiores en la península: “Enterado el Presidente del Poder Ejecutivo de la República de la carta oficial, reservada, de V.E., de 15 de octubre último relativa a la captura del titulado general insurrecto Calixto García, ya la decisión de VE de perdonarle la vida, ha tenido a bien aprobar en todas sus partes la conducta de VE. en este asunto por los motivos que V.E. expresa en su citada carta oficial”. (6)

Es interesante la evolución del pensamiento y la acción de este capitán general. En su primer mandato en Cuba como capitán general José Gutiérrez de la Concha fue en extremo duro contra los alzamientos de Joaquín de Agüero en Camagüey e Isidoro Armenteros en Trinidad. También contra la expedición de Narciso López. Persiguió y ejecutó a los principales líderes de esos movimientos. En el caso de la expedición de López desató una cruel represión. Fusiló 51 expedicionarios y entregó los cadáveres a las turbas de voluntarios que los mutilaron. (7)

En 1854 fue capitán general de nuevo de Cuba. Tomó el mando el 21 de septiembre de ese año. Fue de nuevo implacable contra los enemigos de España. Hizo ejecutar a Ramón Pintó que dirigió una conspiración anexionista. Pese a ser su amigo personal. (8) Durante su gobierno se incrementó el contrabando de esclavos. El 24 de noviembre de 1859 dimitió. (9)

El 10 de marzo de 1874 fue designado capitán general de Cuba. Ocupó el cargo el 6 de abril. El 10 de febrero de 1875, dejó el mando de la isla. Falleció, el 5 de noviembre de 1895, en Madrid. (10)

No estamos ante un hombre progresista ni bondadoso. Fue inflexible y cruel cuando fue necesario. Pero evolucionó hacia una posición más flexible, cuando la muerte violenta de los enemigos de España no ofrecía muchas ventajas, como en el caso de Calixto. De esta forma este capitán general inició un cambio de política hacia los prisioneros, que luego Martínez Campos generalizó, durante su mandato en la isla. Calixto fue enviado a la península donde guardó prisión.

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La guerra concluyó, en 1878, con el llamado Pacto del Zanjón, pese a que un grupo de insurrectos quería continuarla. Dirigidos por el general Antonio Maceo los mambises protagonizaron la Protesta de Baraguá.

Al terminar la guerra según los acuerdos del Pacto del Zanjón, Calixto fue liberado. Continuaría el general mambí en su duro bregar por la independencia de Cuba. Jugaría un papel relevante en las contiendas de 1879 y 1895.

Notas

1–Manuel Sanguily y Garrite, Discursos y conferencias Introducción y Selección por José María Chacón y Calvo. Publicaciones del Ministerio de Educación Dirección de Cultura, La Habana, 1949, p- 180.

2–Boletín de la Guerra, 18 de febrero de 1875, año II núm. 23.

3–Centro de Información de las Guerras de Independencia, Museo Casa Natal de Calixto García. Copia del Expediente seguido por los españoles al Mayor General Calixto García (1874-1896) Legajo 4837, Número 62, Año de 1875, Ministerio de Ultramar, Negociado, 2º Cuba.

4– Ver Antonio del Rosal y Vázquez Mondragón: En la manigua diario de mi cautiverio. Segunda edición Imprenta del Indicador de los Caminos de Hierro, Costanilla de los Ángeles, número 3, Madrid, 1879.

5–Centro de Información de las Guerras de Independencia, Museo Casa Natal de Calixto García. Copia del Expediente seguido por los españoles al Mayor General Calixto García (1874-1896) Legajo 4837, Número 62, Año de 1875, Ministerio de Ultramar, Negociado, 2º Cuba.

6–Ídem.

7—René González Barrio, Los capitanes generales en Cuba 1868-1878, Ediciones Verde Olivo, La Habana, 1999, pp. 157- 158.

8–Ibídem. p. 160.

9–Ibídem p. 161.

10–Ibídem p. 169.

José Miguel Abreu Cardet
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