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La transmisión de valores desde edades tempranas nos ayuda a aumentar el compromiso de los más pequeños con el entorno en el que se desenvuelven. Foto: Archivo

Comportamiento cívico en tiempos adversos

La difícil situación económica de la sociedad cubana actual no debe condicionar nuestro comportamiento cívico. Impedir que las carencias materiales den paso al caos o inapropiadas manifestaciones públicas que traspasen los límites legales, el respeto y la armonía colectiva es un deber ciudadano que debe prevalecer sobre la base del sistema de valores imperantes.

En tiempos adversos se impone la necesidad de convivencia y cooperación. Adaptarnos con sentido común y flexibilidad a las más diversas circunstancias con una actitud creativa y capacidad de esfuerzo fusionado porque las crisis ofrecen siempre posibilidades para corregir, transformar e innovar.

¿Qué define nuestras acciones en sociedad?

La manera concreta en que nos comportamos evidencia la medida de nuestra educación. Las riñas, tensiones, groserías solo nos hacen más penosas las adversidades.

En contextos complejos, como el actual, debemos desechar como dijo Miguel Díaz Canel “el lamento inútil y concentrarnos en buscar salidas, en convertir los desafíos en oportunidades”.

Sus reflexiones indican un camino certero: “Como sociedad debemos recuperar hábitos de cortesía que hemos perdido. Nada más ajeno a la Revolución que la mala educación: la pérdida de valores lastra, desde nuestras relaciones personales en la colectividad hasta nuestra exportación de servicios. Y es la primera causa del malestar que nos causamos unos a otros en la cotidianidad”.

Cuando enfrentamos realidades diferentes a nuestro día a día el modo de actuación muestra realmente quiénes somos a partir de la educación recibida desde temprana edad. Las buenas prácticas desarrollan virtudes que benefician a la sociedad en general pero las actitudes negativas conducen, en muchos casos, a la trasgresión del orden.

Por tal razón nuestro proceder debe ajustarse al cumplimiento de las normas sociales que regulan las acciones de los individuos entre sí.

¿Cómo contribuimos al bienestar colectivo? 

La buena educación se aprecia en el respeto a las creencias o convicciones de los demás sin comentarios hirientes o muestra de desprecio, en la disposición de ayudar sin esperar prebendas a cambio.

Tenemos la responsabilidad ciudadana de cuidar las propiedades comunitarias que nos benefician a todos.

Nos acercamos a la pobreza cuando permitimos manifestaciones de egoísmo, vulgaridad, maltratos, cuando perdemos el buen comportamiento en todos los ámbitos de la vida.

Por eso toca promover modos de participación con los cuales los individuos tengan implicación colectiva.

En tal sentido toda actuación conlleva a consecuencias buenas o malas que debemos asumir y que benefician o perjudican a la sociedad, elegir lo correcto es un acto responsable y virtuoso.

En la escuela aprendemos que los valores cívicos son reguladores internos de la conducta humana, formados a partir de la educación familiar e institucional, sustentados en el respeto a la memoria histórica de la nación.

Lea: Alerta Holguín ante indisciplinas sociales

Yamila Pupo Otero

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