Julio Grave de Peralta, espías, mambises, Ejército Libertador, Cuba
Julio Grave de Peralta. Foto: Archivo

Matar al espía: la acción española contra los agentes mambises

Durante las guerras de independencia los mambises utilizaron con frecuencia agentes que desde las filas del enemigo los apoyaban. Estos les daban información sobre los movimientos y planes de los colonialistas. Muchas veces les entregaban alimentos, medicinas, parque ropa y otros medios materiales necesarios para un ejército en campaña. Algunos de estos agentes mambises fueron detenidos y casi siempre ejecutados al comprobarse que servían a los independentistas. Hay diversos ejemplos de esto.

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En sus operaciones en Camagüey, en febrero de 1870, el Batallón de Infantería del Rey, Número 1, detiene a tres personas, un blanco y dos antiguos esclavos “…conduciendo tabaco…” (1) desde territorio controlado por el gobierno para los insurrectos. El cubano era un gran fumador y debió se ser un martirio su ausencia.

Fuerzas del destacamento de Polo Viejo, en Las Villas, el 18 de junio de 1870, mataron a dos mambises que llevaban abastecimientos entregado por agente cubanos, para su campamento del territorio controlado por los españoles: “… se les cogieron dos caballos, arroz, dos pares de pantalones nuevos, unos zapatos, una camisa, una manta, cuatro pastillas de tabaco mascar…” (2)

Los españoles tomaron medidas para liquidar el movimiento clandestino mambí en Holguín. El Gobernador del Departamento Oriental, en una comunicación de fecha 1° de septiembre de 1869 al Gobernador de esta jurisdicción le expresaba que la insurrección:

“… militarmente está vencida hace mucho tiempo, debiendo la prolongación de su decadente existencia á las especiales condiciones del terreno en cuya fragosidad ocultan estos malvados su vergonzosa cobardía y más principalmente á los avisos de algunos ilusos que les proporcionan del movimiento de nuestras columnas.

A cortar de raíz este elemento tienden hoy principalmente las miras del Gobierno por la presente circular, calificando reos de lesa traición á todos aquellos que de algun modo prestan ausilio á los que solo merecen el titulo de incendiarios…”

“Para ello he dispuesto que los capitanes en sus respectivos distritos y los tenientes de cuartón en el radio de cada jurisdicción se asocien á las personas de mejores antecedentes de honradez, probidad y patriotismo para que constituyendose en junta permanente averiguen y noticien á los capitanes de partido los tenientes  de cuartón, y los capitanes á este Gbno quienes son los individuos que prestan el servicio de espionaje ó sirven de avisadores á los insurrectos… reduciendo á prisión desde luego y remitiendo á la capital todos aquellos contra quienes puedan reunirse algunas pruebas de sus defecciones…”(3)

Es interesante, en este caso, la importancia que se le daba a estos espías insurrectos infiltrados en las filas hispanas. Se les consideraba como un factor fundamental, en que la rebelión había logrado sobrevivir pese a la gran cantidad de tropas trasladadas a Cuba y la cruel represión impuesta.

El 17 de noviembre de 1869 el gobernador de Holguín les solicitó a los capitanes pedáneos de Bariay, Gibara, Maniabón, Guabasiabo y Yareyal que le informaran, sobre los vecinos de los que se tenía sospechas de colaborar con los mambises, los demás funcionarios coloniales de la jurisdicción recibieron similares órdenes. Los consideraros que ayudaban a la insurrección serían detenidos y no pocos de ellos juzgados, condenados a muerte y ejecutados.

Se suponía que las familias de los mambises, que residían en territorio controlado por los peninsulares, colaboraban con sus parientes brindándole información y vituallas. Los españoles mantenían una estrecha vigilancia sobre estos. Así, a la esposa del oficial insurrecto Facundo Cables la obligaron a trasladarse desde Auras a Holguín, a María Vicente Garayalde, que tenía cuatro hijos en la insurrección y   residía en Holguín, se le hizo un expediente gobernativo para averiguar sus posibles nexos con los revolucionarios. (4)

Estas medidas dieron resultados, pues en diciembre de 1869 en el partido de Gibara habían sido detenidas 16 personas acusadas de colaborar con el Ejército Libertador. Un anónimo combatiente clandestino le escribía a Pedro Arias, oficial designado por Julio para que lo atendiera, respecto a la entrega de productos: “Manifiesto a V. como por acá está la cosa enteramente mala nada te puedo mandar por ahora porque estamos enteramente vigilados.” (5)

Por lo menos, en una ocasión, el descuido de los hombres encargados de mantener los contactos con los agentes facilitó que los colonialistas descubrieran una red de combatientes clandestinos en un poblado español. Un agente cubano le describió a Julio los pormenores de la actitud irresponsable de los mambises con que mantenía contacto y que de vez en cuando debían de penetrar en el poblado, para recibir la información y los medios que podían conseguir los laborantes, como se les llamaba a estos, lo que provocó un verdadero desastre.

“Tomás Ochoa, José Góngora, Tolin Aguilera y Mastrapa quienes se botan aquí: a las casas inmediatas al fuerte, quienes le ablan al primero que encuentran y manifiestan el objeto a que bienen.

Cuando cogieron a la mujer de Arcadio ayaron una lista de Mastrapa por la cual se encuentran 28 presos del pueblo y si siguen viniendo a toditos nos prenden y nos fusilan como ban aser con esos. O se quitan los abusos o me salgo que para morir a manos de ellos indefenso quiero morir peleando con V.” (6)

No era fácil la tarea encomendada a estos hombres y mujeres por la Revolución, debían realizar sus actividades en pequeñas poblaciones, donde todos se conocían, en medio de los ánimos exaltados de los peninsulares y cubanos fieles a la metrópoli, bajo la estrecha vigilancia de las autoridades. Sin embargo, la valiosa información brindada por estos combatientes no dejó de llegar a manos de los mambises.

Notas:

1.-Servicio Histórico Militar, Madrid, España. Ponencia de Ultramar, Cuba, 26, Legajo 4.
2.-Servicio Histórico Militar, Madrid, España Ponencia del Ultramar, Cuba 13, Carpeta que tiene documentación relacionada con diarios de Operaciones Legajo 9, Armario 2, Tabla 3, Batallón Cazadores de Baza, número 12, Primera compañía, Diario 12 al 18 de junio de 1870
3.-Museo Provincial de Holguín, Fondo Guerra del 68, documento 309.
4.-Ibídem, número 134.
5.-Museo Provincial de Holguín, Fondo Julio Grave de Peralta, Informe a Pedro Arias, sin número.
6.-Ídem.
7.-Hemos respetado la ortografía y redacción original de las citas textuales.

José Miguel Abreu Cardet
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