Educación, Día del Educador, Holguín, Cuba
Héctor Manuel Carmenate Esparza ha consagrado 50 años de su vida al arte de educar. Foto: Kevin M. Noya.

Héctor Manuel, orgulloso de sus 50 años como educador

Los resultados obtenidos durante cincuenta años de entrega total al sistema educacional cubano, constituyen la mejor carta de presentación del Hijo Ilustre de Holguín, Héctor Manuel Carmenate Esparza, quien desde hace 27 se desempeña como director del Seminternado de Primaria María Antonia Bolmey, uno de los mayores de esta provincia.

Me confesó que ese sueño de convertirse en educador comenzó desde pequeño, cuando asistía a clases en la escuelita de Matatoros, zona rural próxima a la ciudad de Holguín, donde nació en el año del desembarco del Granma y lugar donde, el 23 de noviembre de 1958, sorprendieron y asesinaron a once valientes jóvenes revolucionarios del Movimiento 26 de julio.

Para hacer realidad su sueño, apenas venció el sexto grado optó por incorporarse a la Escuela Formadora de Maestros “Oscar Lucero Moya”, otrora regimiento militar del sanguinario ejército batistiano en Holguín, graduándose en 1973, cuando acababa de cumplir 17 años de edad y teniendo su primera experiencia frente a alumnos, precisamente, en Matatoros y después en el centro “La Edad de Oro”, de Yareyal, también al Este de Holguín.

Tras esas primeras experiencias como maestro, pasó la Escuela Nacional de Cuadros “Fulgencio Oroz”, en Ciudad Libertad, La Habana, y de esa manera comenzó a desempeñarse en cargos de dirección, pasando por varios seminternados (Rafael Freyre, Calixto García, Luís Peña Martínez, Juan José Fornet Piña y finalmente, María Antonia Bolmey, donde se jubiló, pero permanece en las mismas funciones de director, recontratado).

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Como acostumbra este destacado director, la foto muestra su apoyo a la maestra Elaine Peña Cruz, en su aula de primer grado. Foto: Kevin M. Noya.
¿Por qué ese amor tan intenso por el magisterio?

“Porque muy tempranamente comprendí a José Martí, cuando dijo que ‘ser maestro es ser creador’. Creo que he cumplido ese precepto martiano, ya que he contribuido a la formación de muchísimas personas, cuyos valores y crecimiento espiritual las enaltecen y cuando ven a uno por ahí se muestran agradecidas. Demostrado está que enseñar puede cualquiera, pero educar solo quien sea un evangelio vivo.

“También reconoció la influencia de quienes participaron en la Campaña de Alfabetización (28 de enero al 22 de diciembre de 1961), cuando cien mil jóvenes fueron a los más apartados lugares del país para enseñar a leer y escribir a más de 707 mil iletrados. Por esa gran victoria del pueblo es que el 22 de diciembre, fecha en que Cuba fue declarada por Fidel territorio libre de analfabetismo, fue adoptado como Día del Educador”.

¿Y la superación personal, en medio de esa vorágine de trabajo?

“Pasé diversos cursos, como el del Instituto Latinoamericano y Caribeño, para cumplir una misión internacionalista en la República ecuatoriana (2008 a 2010), como asesor del programa ‘Yo Sí Puedo’, en Guamote, territorio de la provincia ecuatoriana de Chimborazo, donde tuve una experiencia especial, muy singular.

“Además, vencí cursos de maestro defectólogo general e hice la licenciatura en esa especialidad, postgrados de didáctica, dirección del aprendizaje, métodos educativos e informatización de la educación primaria, así como cursos de superación política. Y, por supuesto, hice la Maestría en Ciencias de la Educación.

“A tales acciones de superación se suma la participación, como ponente, en eventos de pedagogía, la realización y presentación de una investigación sobre la educación primaria en la provincia y fue muy activo en los foros de ciencia y técnica”.

¿En estos 27 años frente a este colectivo de la Bolmey, cómo ha sido la relación con los trabajadores, el claustro de profesores, los padres y la comunidad?

“Lo primero es, dejando atrás la falsa modestia, ser líder del colectivo, con el ejemplo personal y profesional, utilizando métodos correctos de dirección y una adecuada vinculación con los trabajadores, estudiantes, padres y los factores comunitarios. Juntos se logran muchas cosas que nos enaltecen.

“Esos resultados de nuestro centro, que cuenta con 150 trabajadores (de ellos, 115 docentes) y 786 estudiantes, contribuyen al respeto que nos hemos ganado de las organizaciones de masas, el órgano de base de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana (ACRC), el delegado del Poder Popular y el núcleo zonal del Partido de jubilados. Ellos tienen presencia en nuestras actividades y nosotros nos vinculamos al grupo comunitario”.

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Con parte de su colectivo, en el sitio histórico de la escuela, donde son recibidos los visitantes. Foto: Kevin M. Noya.
También sostienen magníficas relaciones con la delegación del Icap y las acciones de solidaridad que promueve.

“Nos enorgullece que el Icap siempre cuente con nuestra escuela para sus acciones de solidaridad, pues hemos realizado aquí muchos matutinos especiales en jornadas, fechas históricas y otros acontecimientos. El Icap cuenta con esta escuela por la organización, disciplina, entusiasmo y alegría de los educandos; la manera en que son orientados y dirigidos por quienes ya cuentan con vasta experiencia, además de la propaganda, que contribuye a la lucidez y belleza de dichos matutinos”.

Conociendo que en este destacado colectivo prevalecen las mujeres, ¿qué conclusión saca usted del concepto martiano de que “Luz es una especie de espíritu que brota del Sol en el cielo y de las mujeres en la Tierra”?

“Justo reconocimiento, porque en todas las esferas de la vida la presencia de la mujer resulta indispensable. Un ejemplo concreto es cómo ellas ponen su ingenio y la vocación de servir en la formación y cuidado de los estudiantes, en quienes promueven y afianzan valores propios de la sociedad que construimos”.

¿Y su esposa?

“Mi esposa, Aleyda Fernández Ricardo, con quien he compartido 38 años de matrimonio, es una mujer especial. Ella también se consagró a la educación, ocupando diversos cargos de dirección hasta que se jubiló en este centro donde yo continúo haciendo todo lo posible por aportar cuanto esté a mi alcance, porque mi mayor estímulo es ser educador y compartir la vida con mi ejemplar esposa.

“Nosotros nos casamos un 22 de diciembre, Día del Educador, en el Palacio de los matrimonios, en homenaje a quienes, al decir de José Martí, se esmeran en equipar la mente para la faena de la vida”.

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