Educación, Puerto Rico, Cuba, ICAP
Confiesa Pedro Hernández su amor por Cuba y la solidaridad con la causa que defiende. Foto del autor.

Profesor puertorriqueño orgulloso de su amor por Cuba

El profesor puertorriqueño Pedro Hernández López honra el concepto martiano de que “patria es la palabra más bella” y otra casi tan bella como patria es amistad. Lo demuestra su amor a la querida tierra borinqueña, donde nació hace 76 años, y el que siente por Cuba desde que la visitó por primera vez en el año 2010, sumando desde entonces, muy buenos amigos.

“Aquella primera visita de diez días a La Habana la hice con los estudiantes doctorales de la Universidad Interamericana de San Germán (ciudad puertorriqueña fundada el 12 de agosto de 1573), por iniciativa de la Doctora en Cienicas Zulma Quiñones Senati (educadora, escritora y gestora cultural). Desde entonces quedé prendido de este país, por su historia admirable, su pueblo noble, laborioso, revolucionario y muy solidario”.

Natural de San Sebastián de las Vegas del Pepino – donde conserva sus raíces, la casa de sus abuelos y la madre, aunque reside en San Juan, la capital -, Pedro trajo de nuevo a Cuba un grupo de estudiantes, en el año 2015, en coordinación con la Agencia “Amistur” y el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (Icap) y en 2022 tuvo la experiencia de integrar la Brigada de solidaridad “Juan Rius Rivera” y tuvo la oportunidad de conocer al primer secretario del Partido y Presidente de la República de Cuba, Miguel Díaz Canel Bermúdez.

“Son más las ocasiones en que he viajado en compañía de uno que otro amigo y en los últimos años, con Ramón Soto Vélez. Eso me ha posibilitado visitar casi todas las provincias cubanas, donde he intercambiado con muchas personas de diferentes sectores sociales, lo que me ha permitido poder admirar su simpatía y altruismo, su cultura y la determinación de defender las conquistas que han costado tantos sacrificios sostener”.

Entre los territorios visitados confesó que le gustan más las ciudades de La Habana, Holguín, Santiago de Cuba, Cienfuegos y Trinidad, aunque “en todas he tenido muy lindas experiencias, que me permiten amar más a este país y a su heroico y noble pueblo”.

Este pepiniano sencillo, amable, dadivoso y recto, cuyas cualidades heredó de sus padres, Pedro y Ángela, junto a sus hermanos Silvia Esther y Alberto, se consagró a los estudios desde la niñez, que transcurrió entre su terruño y Nueva York, cuya base docente, enriquecida con la lectura, hicieron posible que, en 1969 culminara con excelentes calificaciones el Bachillerato en Economía, secundada, en 1974,  por las Maestrías, en esa especialidad y en la de administración de empresas, en Harvard Business School. Seis años después hizo el Doctorado en ciencias en la universidad de Nueva York.

“También me desempeñé como profesor en la Universidad de Puerto Rico, en la Seton Hall de New Jersey, Baruch College de New York, así como en la Universidad metropolitana de San Juan. Fui Decano de la escuela de negocios y Catedrático en el programa de Maestría en negocios, hasta el año 2020, que me jubilé”.

Como el profesional activo, ingenioso y perseverante que es, además de los viajes con estudiantes a Cuba, organizó uno a China, en 2009, con 45 educandos y en 2011 compartió responsabilidades en una importante actividad que tuvo lugar en la sede del Consejo Latinoamericano de Escuelas de Administración, en la que participaron más de 700 profesores latinoamericanos.

“El lugar donde nací, crecí y conservo mis raíces, es uno de los 78 municipios de Puerto Rico. Se localiza al Noroeste de la isla y su nombre honra a Sebastián, quien fuera acusado y asesinado por la iglesia en el año 288, por servir al ejército de Diocleciano (gobernador de Roma entre los años 284 y 305), negándose a renunciar a su fe cristiana. Por esa razón fue convertido en mártir, con el nombre de San Sebastián”.
Lea también: Joven médico palestino agradece solidaridad de Cuba.

La historia también destaca cómo fue evolucionando ese sitio, conocido entonces por El Pepino, a partir de 1690, cuando sus habitantes se dedicaban a la ganadería y como en 1770 la agricultura comenzó a tomar protagonismo en su economía, comenzó a llamarse Las Vegas del Pepino, hasta que, inmigrantes vascos y catalanes, convertidos en importantes inversionistas, promovieron la idea de honrar al mártir religioso, sin dejar a un lado el nombre original. De esa manera, en 1976, se decidió, oficialmente, registrar a ese municipio como San Sebastián de las Vegas del Pepino, que prevalece hasta nuestros días.

El solidario amigo Pedro domina la historia de su amada isla puertorriqueña, le duelen las heridas sufridas por su pueblo y su status colonial, pero confiesa que nada podrá mellar el orgullo que siente de sus raíces. Él, que desde su jubilación ha visitado varios países, sabe cómo agenciarse buenos amigos, practica la solidaridad con total desprendimiento y como amante de la cultura que es, particularmente la música, se distingue como un bailarín incansable, que no pierde la oportunidad de mover su cuerpo en cualquier escenario.

Pedro, que se deriva del griego Petrus y en las santas escrituras significa piedra, ciertamente es de carácter y convicciones fuertes, alguien que no cede terreno a la hora de hacer lo que se propone y sabe cómo imponer respeto, al tiempo que se distingue como un ser altruista, comunicativo, fiel y amistoso.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

7 + dieciocho =