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Fresa y chocolate: honores y vitalidad a 30 años de su estreno

La multipremiada película Fresa y chocolate, del cineasta cubano Tomás Gutiérrez Alea (1928-1996), recibe homenajes y exhibe hoy su vitalidad, a 30 años de su estreno, ante los reflectores del 44 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano.

En un encuentro celebrado la víspera en la Casa del Festival y moderado por Luciano Castillo, director de la Cinemateca de Cuba, parte del elenco y equipo de realización compartieron con el público anécdotas y reflexiones, luego de la proyección de un audiovisual que mostró cómo se filmó esta obra maestra.

La primera actriz y compañera de vida del prestigioso realizador, Mirtha Ibarra, calificó la experiencia vivida de hermosa y recordó cuando se opuso a interpretar a Nancy, por el delicado estado de salud de Titón y porque opinaba que el personaje nunca estaría a la altura de Diego y David.

De aquel momento contó que Tabío le pidió que lo asumiera, pues si no lo hacía, Titón sufriría mucho. Finalmente se decidió, pero con la condición de grabar todas sus escenas al final.

Fresa y chocolate tuvo interpretaciones erróneas, Titón enfrentó esos problemas y como revolucionario los asumió con mucha responsabilidad. Siempre pensó que criticar la realidad era la única manera de superar los errores que tenía esta sociedad, y por tanto su arma era la crítica, significó.

Mientras Senel Paz, coguionista, destacó que lo más importante de la película no radica en su éxito, sino en el legado de un arte hecho con libertad, el arte y el artista trabajando con libertad, “una libertad que debe acompañar al Premio Nacional, al artista consagrado, al que hace la ópera prima y al estudiante”.

Por su parte, Vladimir Cruz reflexionó sobre la independencia del cine para poder crear, a lo que añadió: “necesitamos un respeto y una independencia como gremio y como parte de la cultura cubana que ha aportado mucho a este país, el cine cubano ha sido el espejo con un respeto muy bien ganado en su momento”.

Ambientada en La Habana de finales de los años 70 del pasado siglo XX, Fresa y chocolate (1993) narra la amistad entre los jóvenes Diego (Jorge Perugorría), un artista homosexual y David (Vladimir Cruz), un estudiante de Ciencias Políticas que mantiene una postura a favor del sistema político.

A pesar de las diferencias personales e ideológicas, ambos fortalecen con el tiempo ese sentimiento de afecto, a la vez que David se involucra en una relación con Nancy (Mirtha Ibarra), amiga íntima y vecina de Diego dedicada a la prostitución.

Fue la primera cinta cubana nominada a los Premios Oscar de 1994, en la categoría de Mejor Película Extranjera, y le valió a Titón y a Tabío en su momento el lauro a Mejor director, otorgado por este festival.

En tanto Perugorría e Ibarra conquistaron los apartados de Mejor actor y Mejor actriz de reparto, respectivamente. Además de los galardones que recibieron en importantes festivales internacionales, como el Premio Goya a Mejor película extranjera de habla hispana.

Con información de Prensa Latina

 

 

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