Guerra, independencia de Cuba
Foto: Tomada de Cubadebate

El último combate de la guerra por la independencia de Cuba

La intervención de Estados Unidos en abril de 1898 cambió bruscamente el curso de la guerra de independencia. La poderosa potencia se alió a los independentistas cubanos. Las operaciones bélicas más importantes en Cuba se concentraron en Santiago de Cuba, donde se refugió la flota española. El papel de las fuerzas mambisas fue fundamental, aislaron a los colonialistas y mantuvieron la guerra en toda la isla. Al producirse la rendición de Santiago de Cuba el ejército de los Estados Unidos impidió la entrada del Ejército Libertador a esa ciudad.

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Calixto García, que comandaba a los insurrectos hizo una enérgica carta de protesta al jefe de los arrogantes aliados y marchó a Holguín para continuar combatiendo al enemigo. Esta ciudad está en el norte del oriente de Cuba. Su puerto era Gibara, a unos 30 kilómetros. En Holguín se encontraba dislocada una división española. Estaba formada por 12 mil efectivos e incluía 24 cañones de campaña. Pero veamos otra cara de la guerra. Reproducimos el testimonio de un soldado español, destacado en Holguín, que nos refleja la situación material y espiritual de los defensores del imperio español, no la de los generales y almirantes que habían sido los grandes beneficiados, sino la de los simples soldados, los llamados quintos, atrapados en aquella situación de penurias que impuso la guerra. El testimonio nos demuestra que España se encontraba al borde de una derrota, antes de la entrada de la potencia anglosajona. Leamos el testimonio sobre la desastrosa situación de los soldados hispanos:

“Pueblo este cuyo nombre no hará buen efecto en el oído de los soldados que pasaron en el este tiempo calamitoso”.

“Siempre de continuo servicio en grandes zonas militares y construyendo trincheras y más trincheras comiendo poco arroz y cocido casi con agua tan solo pudiendo decir que pasabamos continuamente hambre, mucha hambre, nuestra ración se había reducido a 4 onzas después a una galleta tan solo”.

“La desnudez también llegó en nuestra persecución teniendo los jefes que confiscar todo lo que de tejido se hallo con lo que se hicieron trajes de cien colores lo que nos desuniformó irrisoriamente. Tambien anduvimos descalzos la mitad y otros con pieles amarradas a las plantas de los pies”.

“En los hospitales que se hallaban siempre llenos de enfermos de lo que se morían mas o menos un treinta por ciento, pues el alimento de los mas delicados se componía de frijoles y galletas”.

“Las pocas carnes de las reses que se hallaban en el pueblo se reservaban para ir comiendo los oficiales y jefes antes que los pobres moribundos; cuyos oficiales mejor alimentados que el soldado y también con dinero que siempre tenían se pasaban las noches en un gran salon del Casino español en completas orgías enredados con el bello sexo en general pertenecientes aristócratas familias que con ellos se relacionaban tal vez por necesidad; cuyas familias se honrarían muy poco con tales amistades si fuesen otros tiempos mas holgados: pues en estos no había mas honor que llenar los estómagos por cualquier medio posible”.

“Esto sucedía mientras el soldado cantaba la alerta con desfallecida voz y otros (los pocos) francos de servicio daban vueltas por el pueblo caminando por deshechas callejuelas hasta llegar a las puertas del casino en busca de alguna colilla, los que eran menos escupulosos retornando despues a los cuarteles improvisados buscando mullidas losas para tenderse y sufrir gran inanición”.

“Los paisanos que primeramente vivían al lado del soldado: se morían de hambre porque el soldado también lo tenía por cuya causa tuvieron los jefes que dejar marchar a los que quisieran lo que hacían en caravanas por todas las puertas, por más que perdían las comodidades del hogar, hallarían aunque fuese raíces con que dar vapor a la máquina de la vida”. [1]

Las fuerzas auxiliares del ejército español, los llamados guerrilleros y voluntarios, se vieron profundamente afectadas en su moral por esta situación, por lo que aumentaron las deserciones. La única salida de estas tropas era retirarse hacia Camagüey, donde se encontraban las fuerzas del general Jiménez de Castellanos, pero para esto tendrían que atravesar un extenso territorio que estaba en manos de los insurrectos. La toma de Tunas por Calixto García, en agosto de 1897, rompió las comunicaciones de las fuerzas de Oriente con Camagüey. Había una experiencia lamentable con una columna que se retiró de Mayarí para Holguín y fue duramente atacada por los cubanos, causándoles considerables bajas. Esa fuerza perdió alrededor de 300 armas.

El general español Agustín Luque Coca, que estaba al frente de Holguín, convocó a un Consejo de Guerra a los principales oficiales y jefes. Se acordó, ante lo desesperado de la situación por la falta de alimentos, avanzar hacia Gibara para ocupar la rica zona de cultivo que rodeaba esta población, que al inicio de la contienda fue abandonada por el mando colonial. Se temía un bombardeo de la escuadra de los Estados Unidos. Dejaron una gran cantidad de enfermos en el hospital de Gibara, que fueron atendidos por los mambises.

Calixto les había dado órdenes a los generales José Manuel Capote Sosa y Luis de Feria Garayalde que ocuparan posiciones entre Holguín y Gibara. Los regimientos Oriente y Holguín fueron situados en Aguas Claras, cubriendo el flanco izquierdo bajo las órdenes del general Luis de Feria.

Los regimientos Martí y Ocujal, bajo el mando de Capote cubrían el centro y el flanco derecho. Los españoles salieron el 16 de agosto. Fueron hostigados por los exploradores cubanos, pero continuaron la marcha. Alrededor de las 10:00 a.m., chocaron con las tropas de Feria y comenzó el combate, y minutos más tarde con el general insurrecto Capote. Los hispanos lograron ocupar el poblado de Auras. De esa forma en el territorio de Holguín fue tomado el último poblado en la guerra. Asunto muy singular es que fueron los españoles los que lo capturaron y no los mambises como era usual. Las fuerzas cubanas siguiendo órdenes de Calixto García se replegaron a posiciones más ventajosas en el camino de Auras a Gibara, se situaron en las elevaciones más significativas y fueron reforzados por dos regimientos mambises. Calixto dio órdenes a la caballería para que continuara hostilizando a la columna española. El general Luque, que dirigía personalmente aquella tropa, encontró una resistencia superior a la que esperaba y pidió refuerzos a Holguín, ocupó el pueblo de Auras. Había sufrido más de un centenar de bajas; en la noche del 16 al 17 de agosto fueron hostigados por los cubanos que los habían rodeado. Calixto ordenó trasladar hacia la zona de Auras las piezas de artillería para bombardearlos.

En ese momento llegó a su poder una comunicación del capitán del buque estadounidense Nashville, que arribó a Gibara con bandera blanca, informándole que se habían suspendido las hostilidades. Los españoles y cubanos caídos en ese combate casi tocaban con sus manos el fin de la guerra.

NOTAS

[1]-José Moure Saco, 1102 días en el ejército español. Recuerdos de un soldado en la guerra de Cuba, Ediciones Boloña, 2001, pp. 129 -130.

José Miguel Abreu Cardet
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