Che, foto, Korda
La foto más famosa de Korda fue tomada por casualidad. Foto: Archivo

Korda y la gran humanidad de un hombre en una foto

Junto a los retratos de grandes personalidades de la política y la cultura mundial la foto más conocida del Ché a nivel global fue la tomada por el fotógrafo Alberto Díaz, quien se dio a conocer internacionalmente bajo el nombre de Korda. Los críticos de este arte, que retiene el tiempo en un papel o en un soporte digital, la consideran una de las cien mejores creaciones de la fotografía.

La historia comenzó la tarde del cinco de marzo de 1960 y Korda cubría como fotorreportero del periódico Revolución, la despedida del duelo de las víctimas del sabotaje terrorista de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de EE.UU. al barco francés La Coubre.

Cuentan quienes fueron testigos del acontecimiento que en medio de la muchedumbre giraba su cámara fotográfica de frente a la tribuna, donde se encontraba el presidente Fidel Castro. De pronto el Ché, que hasta ese momento se había ubicado detrás, avanza hacia el espacio libre de la primera fila de manera casi coincidente con el paso de la cámara de Korda que lo atrapa en ese instante.

El Ché llevaba una boina negra que lucía con su estrella de Comandante y un abrigo de cuero cerrado hasta el cuello. El viento le batía la melena y miraba al infinito. El afamado fotógrafo alcanzó hacer unos tres disparos seguidos.

Korda, fotógrafo, Cuba
El fotógrafo Korda. Foto: Archivo

Cuando concluyó el acto, Korda corrió al laboratorio. Reveló los negativos e imprimió las fotos que aparecían en la edición del siguiente día, pero la del Ché no fue publicada, pues su instinto de excelente profesional le decía que había logrado captar íntegramente a una personalidad.

Después se hizo una copia para colgarla en su estudio privado. Un buen día recibió la visita del editor italiano Gian Giacomo, quien se encontraba de paso por La Habana, y quería una foto del argentino-cubano. A Giacomo le gustó el retrato y le pidió a Korda que le hiciera dos copias.

Un mes después de la confirmación de la muerte del Ché en Bolivia, Giacomo presentó la foto, tomada por el cubano, en la ciudad de Milán, donde se mostró el afiche de un metro por 70 centímetros y los estudiantes se echaron a las calles con ella al grito del “el Ché vive”, a manera de protesta por la circulación a nivel mundial de la imagen del guerrillero muerto distribuido por la CIA.

A partir de su impresión el editor italiano logró recaudar cinco millones de dólares, en menos de tres meses, por la venta del afiche, mientras su autor cubano no cobraba un centavo por el derecho de autor.

Korda confesó en muchas de las entrevistas que concedió en vida que no hubo ninguna elaboración intelectual. Ese día la luz solar era escasa y el desgaste del lente imprimieron al retrato una atmósfera propia del invierno en la nación antillana, lo cual explica que la imagen no sea super nítida y parezca envuelta en un encanto propio de los grandes.

La gran poetisa holguinera Mayra Pérez Gallego, me confesó, años atrás, que esta foto refleja la gran belleza de un hombre que es héroe no sólo por morir joven sino porque siempre predicaba con su ejemplo como líder.

Para suerte de nosotros, fue el pintor y escultor holguinero Enrique Ávila quien hizo la reproducción del retrato en la Plaza de la Revolución de La Habana.

Este hombre que en su inicio fue un fotógrafo dominguero llegó a trabajar en un estudio profesional. Perteneció a la redacción del periódico Granma. Incursionó en la fotografía submarina y fue durante muchos años el paparazzi preferido de Fidel Castro.

Quizás ningún otro artista del lente tenga las mejores fotos del Ché y de Fidel Castro que Alberto Korda, pues en ninguna, como el mismo confesara, quiso atrapar la grandeza de ellos, sino la gran humanidad de estos hombres.

José Miguel Ávila Pérez
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