Dr. Argelio Hernández Pupo, especialista, Medicina General Integral
Doctor Argelio Hernández Pupo, especialista de segundo grado en Medicina General Integral. Foto: Dianisel Ballester G

Médico, hasta que me acompañen las fuerzas

Justo el año en que nací, Argelio Hernández Pupo se graduaba como médico. A partir de entonces comenzó a escribirse su historia de más de tres décadas como profesional, vinculado a la Atención Primaria de Salud (APS) en el municipio de Gibara, labor que ha asumido en calidad de médico de familia, docente, jefe de Grupos Básicos de Trabajo (GBT), colaborador internacionalista hasta llegar a ser en la actualidad jefe de la APS en la Dirección Municipal de Salud en ese municipio.

Quiso la casualidad que a propósito de los 60 años de la colaboración médica cubana y de las cinco décadas de la fundación del Programa del Médico y la Enfermera de la Familia, este experimentado médico  cuente su historia.

¿Cuál ha sido su experiencia vinculado a la APS y por qué escoge la especialidad de Médico General Integral?

-“Desde los estudios preuniversitarios pertenecía al Tercer Contingente Carlos Juan Finlay, me incliné por la carrera de Medicina, ya que me gustaba la Biología. Desde que me gradué estoy en Gibara, son 32 años cumplidos de trabajo vinculado.

Después de la graduación la mayoría fuimos para la APS, desde esa época era prioridad estar en el punto más cercano con la comunidad. Esta experiencia para mí ha sido muy bonita, porque escogí la especialidad que me gustaba, reconocida incluso a nivel internacional, con programas de estudios diseñados, plan de trabajo idéntico a acciones de salud integrales que se realizan en estrecha relación con la comunidad, con el individuo, la familia y su entorno. Me gusta precisamente eso, que esta especialidad me mantiene vinculado con las comunidades”.

¿Por qué instituciones ha transitado en su vida laboral y cuánto le han aportado como profesional?

-“Me gradué en el año 1990 y tuve la oportunidad de trabajar en un consultorio inaugurado ese año, en el mismo lugar donde nací y crecí en mi infancia, en Los Áticos de Bocas, ubicado en el mismo municipio de Gibara. Allí pasé dos años, luego comencé a hacer la especialidad de MGI. En 1995 retorné a ese consultorio ya convertido en especialista, donde trabajé cinco años más. En lo adelante dirigí un GBT en el área del poblado de Velasco y luego pasé al área de salud de Gibara a dirigir hasta el 2002 otro GBT. Salí a cumplir misión internacionalista a Namibia y Bolivia y al retornar estuve como docente a instancia municipal, fui director de la Filial de Ciencias Médicas de Gibara, hasta que fui de misión nuevamente a Brasil.

Cuando retorné volví a ser docente, esta vez como metodólogo de la carrera de Medicina, fui vicedirector docente del policlínico José Martí Pérez, de Gibara y desde el 2008 me desempeño como responsable de la APS a nivel municipal”.

También es colaborador internacionalista,  ¿cuánto le aportó a su experiencia profesional ser colaborador para perfeccionar su trabajo en la APS?

-“Cumplí varias misiones internacionalistas, desde el año 2002 al año hasta el 2004, en Namibia y desde 2004 hasta el 2006 en Bolivia, como miembro del Contingente Henry Revee. A partir del año 2013 hasta el 2015 en Brasil, como parte del Programa Más Médicos.

En Namibia, por ejemplo, el sistema de salud se caracterizaba por ser eminentemente secundario y era desde los hospitales que se hacía la proyección comunitaria. La capital tenía su clínica que funcionaba como APS, pero en el resto de los municipios no había atención primaria. Allí al trabajar en hospitales marcó mi madurez, desde el punto de vista profesional, porque tuve la posibilidad de hacer procedimientos que en Cuba solo hacen especialidades determinadas como Ortopedia o Ginecología.

En Bolivia teníamos consultorios y Centros de Diagnóstico Integrales (CDI). En ese hermano país trabajé vinculado a las comunidades y tuve la oportunidad de fundar un CDI en la frontera con Brasil.

En Brasil sí presté ayuda en la APS. Debo aclarar que allí estos conceptos de APS son muy parecidos a los que tenemos en Cuba, centrados en los pacientes, se clasifica la atención por grupos como hipertensos, diabéticos, niños y embarazadas. Claro, con la excepción de que es un país donde coexiste un sistema de atención de salud privado que dista mucho de lo que vemos en Cuba, donde concebimos al paciente como un ser humano y no como un cliente potencial. Tristemente nos percatamos de eso cuando conocemos otras experiencias en misiones.

Cada una de estas misiones fueron una escuela porque siempre de ellas se aprende. El médico comienza a aprender desde que se forma hasta que deja de existir, porque siempre el trabajo diario es una fuente de adquisición de conocimientos”.

Doctor, al haberse incorporado en los años fundacionales del Programa del Médico y la Enfermera de la Familia ha transitado por todas las etapas. ¿Qué retos considera tiene por delante el mismo para rescatar su óptimo funcionamiento?

-“El rescate de los conceptos fundacionales del programa es para mí el principal reto. El paciente y las familias deben ser atendidos integralmente y para ello se debe contar con un médico estable en un mismo consultorio por un tiempo determinado. Solo así puede conocer a su población y puede intervenir en los problemas de salud que puedan aparecer.

Hoy el perfeccionamiento del programa consta de varios componentes y cada uno de ellos tienen bien delimitadas sus tareas. Estamos centrados en cumplir con ellas, porque así nos estaríamos acercando mucho más a este concepto fundacional.

Desde el punto de vista asistencial se debe cumplir con el programa de consultas y terrenos. El análisis de la situación de salud como actividad investigativa fundamental de la que dispone el médico del consultorio parte un grupo de acciones que deben cumplirse en un periodo de tiempo.

Desde el punto de vista docente asistencial la investigación vinculada a la APS. Son temas medulares a cumplir en este nivel junto a rescatar la permanencia del médico en el consultorio. En esto se debe trabajar e insistir, porque con ello se alcanza la excelencia en la APS”.

En tantos años de trabajo, de seguro acumula muchas experiencias vividas de cerca con familias a las que ha atendido. ¿Alguna ha marcado su vida como profesional de la salud?

Argelio Hernández Pupo, doctor, colegas, Primer Ministro, Manuel Marrero
El médico Argelio Hernández Pupo, junto con colegas y el Primer Ministro, Manuel Marrero. Foto: Cortesía del entrevistado

-“Guardo muchas anécdotas, lo mismo en Cuba que durante las misiones en países extranjeros. Pero marcó mucho mi vida profesional y mi sentido humano  un caso que tuve en mi primera misión en Namibia. En aquel entonces habían transcurrido 12 años de graduado, enfrentarme a una misión en un país de habla inglesa y donde además se hablan siete dialectos no fue sencillo.

En el segundo hospital en que trabajé hubo un niño de seis meses de edad con una gastroenteritis que falleció, porque los padres decidieron llevárselo del servicio para que lo curara el brujo de la comunidad. Cuando retornaron a los servicios de salud ya el pequeño estaba en shock hipovolémico, por falta de fluido de líquido en el organismo, una afección de emergencia que puede hacer que muchos órganos dejen de funcionar.

Me duele porque aquel niño hubiera podido salvarse y por ese motivo esta experiencia marcó mucho para mí, porque para los médicos cubanos el paciente, mucho más si pertenece al Programa de Atención Materno Infantil tiene máxima prioridad. Entonces verlo fallecer por irresponsabilidad de sus padres fue una experiencia bien fuerte.

Como médico MGI atendí a mi esposa en sus dos embarazos y después atendí a mis hijos en la puericultura. El vínculo laboral con la familia es algo interesante. Atender a los pacientes como se debe y darles la atención necesaria es primordial. El médico debe mantener su ética profesional con los pacientes, su familia y la comunidad”.

¿Volvería Argelio Hernández Pupo a elegir ser médico de familia si tuviera la oportunidad?

-“Yo soy médico de familia y lo seré hasta que deje de existir. Para mi esta es una profesión para toda la vida. Por tanto, hasta que me acompañen las fuerzas nos mantendremos ahí, como médico de familia”.

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