¿Alguna vez has intentado “ser positivo» (o positiva) con todas tus fuerzas y has acabado sin lograrlo o sintiéndote peor? No eres la única persona que ha estado en esa situación. Todos hemos leído y escuchado, alguna que otra vez, dichos como: «Si quieres puedes”, “Tu actitud lo es todo”, “Sonríele a la vida y ella te sonreirá», “Ser feliz es una elección”. Son frases que aparentemente suenan bien, pero si las analizamos detenidamente resultan huecas, simplistas y carentes de objetividad en buena parte de los casos, por lo que a largo plazo pueden provocar malestar, sentimientos de minusvalía, pérdida de autoestima y angustia.
Y es que cuando lo intentas con todo ímpetu y no funciona no solo te sigues sintiendo mal sino que, además, empiezas a sentirte culpable, ya que si todo es cuestión de actitud y no consigues mejorar, entonces puedes pensar que hay algo defectuoso en ti, algo que no te funciona.
Hoy te propongo adentrarnos en el tema de la positividad tóxica. Para graficar esto permíteme que te cuente una historia.
La historia de Adriana
Ella es una joven brillante, trabajadora, empática, de buenas relaciones interpersonales, de las que siempre tienen una solución para todo. Pero hace unos meses, a raíz de algunas situaciones complejas, Adriana empezó a sentir una especie de niebla gris que no era tristeza exactamente, era como intentar caminar por debajo del agua. Todo le costaba el triple de esfuerzo.
Como ella es una luchadora, hizo lo que le dijeron que tenía que hacer: declarar la guerra a su estado de ánimo. Entonces se compró libros de autoayuda, su feed de Instagram se llenó de frases motivadoras, colocó en los espejos del baño y de su habitación tarjetas de colores con textos que decían: «Soy fuerte”, “Hoy va a ser un día maravilloso”, “Yo puedo con todo”, “Soy un ser de luz” y otros similares.
Cada mañana que se miraba al espejo con los ojos hinchados de no haber dormido, se obligaba a repetir esas frases. Se obligaba a sonreír en salidas con amigos, aunque por dentro sintiera ganas de salir corriendo, se obligaba a resolver los problemas de los demás, se obligaba a ayudar a sus compañeros de trabajo. ¿Cuál fue el resultado de esta estrategia? Llegó el momento en que cada vez que leía la frase «Soy feliz» en una tarjeta su mente le gritaba: «Eso no se lo cree ni tú misma y eres una farsante por fingirlo.» Al final colapsó emocionalmente, la niebla no se fue y Adriana se sentía un fracaso. ¿Por qué? Pues porque pensaba, siguiendo su lógica, que si todo estaba en su mente y no lograba cambiarlo era porque en el fondo no lo deseaba ni se esforzaba lo suficiente y eso significaba que estaba rota y que era irresponsable con su propia existencia.
Pero en realidad Adriana no estaba fallando. Su niebla mental no era una mala actitud, era una respuesta emocional a las circunstancias complejas por las que había atravesado. ¿Cómo consiguió cambiar? Pues el cambio real comenzó el día que, agotada, quitó todas las tarjetas de los espejos, las tiró en un cesto, se miró a los ojos frente al espejo, fue honesta por primera vez, y se dijo, «Estoy fatal, me siento agobiada y triste, pero tengo derecho a estarlo por lo que sea”. Luego se preguntó: “¿Qué puedo hacer?” Entonces dejó de luchar contra cómo se sentía y empezó a ocuparse de lo que hacía.
La positividad tóxica: entendiendo sus riesgos
En nuestra cultura actual, la idea de mantener una actitud positiva ante la vida se ha convertido en un ideal casi obligatorio. Desde redes sociales hasta conversaciones cotidianas, a menudo escuchamos que «pensar en positivo» puede resolver problemas y mejorar nuestro bienestar. Sin embargo, esta visión puede ser peligrosa cuando se lleva al extremo y se convierte en lo que se conoce como positividad tóxica.
La Positividad Tóxica se refiere a la creencia de que debemos mantener una actitud optimista en todo momento, ignorando o minimizando las emociones desagradables. Aunque intentar mantener una actitud positiva puede ser beneficioso en ciertos contextos, la imposición constante de la alegría y la negación de los sentimientos difíciles puede ser perjudicial para nuestra salud emocional y mental.
Este fenómeno puede hacer que las personas se sientan culpables o avergonzadas por experimentar tristeza, enojo o miedo, lo que puede obstaculizar su proceso de afrontamiento y recuperación ante dificultades. La positividad tóxica puede también invalidar las experiencias y emociones genuinas, creando una barrera para la autenticidad y el apoyo emocional.
La Psicología Positiva y sus verdaderos propósitos
La Psicología Positiva, una rama de la psicología fundada por el psicólogo y escritor estadounidense Martin Seligman, busca comprender y promover las cualidades que permiten a las personas vivir vidas plenas y significativas. Sin embargo, esta disciplina no promueve la negación de las emociones negativas, sino que aboga por un equilibrio emocional y la capacidad de afrontar las dificultades con resiliencia.
Según esta corriente, el bienestar no significa estar siempre feliz, sino aprender a gestionar tanto las emociones positivas como las negativas. La clave está en aceptar todas las experiencias emocionales como parte del proceso humano, fomentando la autocompasión y la empatía.
La confusión sobre lo que significa ser positivo puede ser dañina. Muchas personas confunden el ser positivo con la obligación de estar siempre felices o de minimizar sus problemas. Esto puede llevar a reprimir emociones negativas, lo que a largo plazo puede generar ansiedad, depresión o agotamiento emocional, sentirse culpable por no «mantenerse positivo», incrementando el estrés y la insatisfacción personal, no buscar ayuda o apoyo cuando se necesita, creyendo que «pensar en positivo» es suficiente.
Este malentendido puede impedir que las personas afronten sus dificultades de manera saludable y realista.
Recomendaciones para cultivar una Psicología Positiva saludable
1. Permítete sentir todas tus emociones: Reconoce que experimentar tristeza, enojo o miedo es normal y saludable. La aceptación de tus sentimientos es el primer paso para gestionarlos eficazmente.
2. Practica la autocompasión: Sé amable contigo mismo en momentos difíciles. Trátate con la misma empatía que ofrecerías a un amigo en una situación similar.
3. Busca un equilibrio emocional: Trabaja en desarrollar resiliencia, aprendiendo a afrontar los desafíos en lugar de evitarlos o negarlos.
4. Utiliza pensamientos positivos de manera realista: En lugar de forzar una actitud positiva, enfócate en soluciones o aspectos positivos reales de la situación, sin desestimar la dificultad.
5. Pide ayuda cuando la necesites: No dudes en acudir a profesionales de la salud mental si sientes que las “emociones negativas” te abruman o interfieren con tu vida diaria.
La verdadera Psicología Positiva no promueve una visión irreal o superficial de la vida, sino que invita a aceptar todas las emociones humanas como parte del proceso de crecimiento personal. La Positividad Tóxica, en cambio, puede ser un obstáculo para nuestro bienestar, generando una carga innecesaria y dañina. Cultivar una actitud equilibrada, basada en la aceptación y la autocompasión, nos permite vivir de manera más auténtica y saludable. Recordemos que ser humano implica experimentar una amplia gama de emociones, y que la clave está en aprender a gestionarlas con honestidad y compasión.
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