En varias ocasiones he escuchado a algunas personas referirse a un compañero de trabajo, amigo, familiar o simplemente un conocido, en los siguientes términos: «Siempre es así, para mí que tiene trastorno de la personalidad». Con ello hacen alusión a ciertos comportamientos, actitudes, creencias y maneras de reaccionar que tiene un individuo en cuestión, que son muy diferentes a las expectativas de su medio sociocultural y que interfieren en su capacidad para desempeñarse en las relaciones interpersonales, el trabajo y otros contextos. Desde mi punto de vista este es uno de los temas más complejos de la práctica clínica en psiquiatría.
En muchos casos quien tiene un trastorno de la personalidad lo desconoce, porque la forma en que piensa y se comporta le parece natural. Y también puede pensar que los demás son los responsables de las dificultades a las que se enfrenta.
Los sujetos con una personalidad sana son capaces de afrontar las situaciones de estrés de la vida cotidiana y no tienen grandes problemas para relacionarse con familiares, amigos y compañeros de trabajo.
Leer también:
«La personalidad, lo más personal que tenemos los humanos»
Los trastornos de la personalidad se caracterizan por patrones de pensamiento, sentimiento y comportamiento que resultan estables y previsibles a lo largo del tiempo, dificultan la vida diaria de la persona y de quienes la rodean. No son “malas conductas” o simples cambios de humor, son formas profundas y arraigadas de entender el mundo, las emociones y las relaciones, que generan sufrimiento, conflicto y limitaciones.
¿Qué son exactamente los trastornos de la personalidad?
A grandes rasgos, un trastorno de la personalidad implica:
· Patrones persistentes de experiencia interna y comportamiento que difieren notablemente de las expectativas de la cultura del individuo.
· Un inicio en la adolescencia o principios de la edad adulta.
· Afectación significativa en áreas como las relaciones interpersonales, el manejo de emociones, el control de impulsos y la autoimagen.
· Un malestar o deterioro en varios contextos (trabajo, familia, vida social) que no se debe a otro trastorno mental, consumo de sustancias u otra condición médica.

Según el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (5ta. edición revisada), de la Asociación Psiquiátrica Americana (APA), existen tres grupos de trastornos de la personalidad, basados en características predominantes.
1- Grupo A (tríada de lo excéntrico): rasgos extraños o atípicos, como desconfianza extrema, ideas persecutorias o poco contacto social.
2- Grupo B (tríada de lo dramático): emociones intensas y relaciones problemáticas, con tendencia a la impulsividad y búsqueda de atención.
3- Grupo C (tríada de lo ansioso): miedo, inseguridad y excesivo autocontrol que puede limitar la espontaneidad y la toma de decisiones.
Es fundamental tener en cuenta que estas categorías buscan describir patrones generales, pero cada persona es única y puede presentar variantes relevantes. Además, la mayoría de los individuos con un trastorno de la personalidad no son pacientes con un único rasgo sino que tienen un conjunto de experiencias que requieren comprensión y empatía.
Rasgos comunes y señales de alerta
· Dificultades en mantener relaciones estables: conflictos frecuentes, malentendidos repetidos, miedo al abandono o necesidad de control excesivo.
· Emociones intensas o dificultad para regularlas: cambios rápidos de humor, irritabilidad o ataques de rabia desproporcionados.
· Imagen de sí mismo inestable: sentido del yo débil, culpa crónica o sensación de vacío.
· Comportamientos impulsivos o riesgosos: conductas que se repiten, con consecuencias negativas para la salud o la seguridad.
· Pensamientos o percepciones inusuales en contextos de estrés: ideas poco realistas, desconfianza o paranoia leve.
· Patrón de pensamiento rígido: dificultad para adaptarse a cambios, reglas o normas sociales.
Es importante evitar la estigmatización: no “son malas personas” por naturaleza, su funcionamiento diario se ve afectado por patrones que pueden ser modificados con apoyo profesional y con tratamiento sostenido.
¿Cómo se diagnostican?
El diagnóstico de no se hace con una única entrevista. Requiere de una historia clínica detallada, una exhaustiva exploración biográfica longitudinal, evaluación de las relaciones interpersonales y del manejo emocional, así como evaluación del impacto funcional (trabajo, estudios, vida familiar, relaciones sociales).
Tratamiento y manejo
Aunque los trastornos de la personalidad suelen ser de curso crónico, hay enfoques efectivos para reducir el sufrimiento y mejorar la calidad de vida:
1. Terapia psicológica estructurada: la terapia cognitivo-conductual enfocada en la personalidad, la terapia dialéctica conductual (TDC) para la regulación emocional y la impulsividad, y enfoques psicodinámicos pueden ser útiles. En muchos casos, se recomienda un plan terapéutico a largo plazo.
2. Terapias basadas en relaciones y habilidades sociales: entrenamiento en habilidades sociales, manejo de conflictos y comunicación asertiva.
3. Tratamiento de comorbilidades: atención a la depresión, la ansiedad, el consumo de sustancias y otras afecciones que suelen acompañar a estos trastornos y que pueden empeorar el pronóstico si no se tratan.
4. Medicación: no hay fármacos aprobados específicamente para trastornos de la personalidad. Sin embargo, se pueden usar medicamentos para aliviar síntomas específicos (por ejemplo, depresión, ansiedad, irritabilidad) cuando hay comorbilidades.
5. Plan de apoyo y continuidad: la consistencia en la atención, la adherencia al tratamiento y el apoyo de personas cercanas (familia, amigos, cuidadores) son claves para el éxito terapéutico.
¿Qué puede hacer la gente cercana para apoyar?
· Escuchar sin juzgar y no emitir juicios de valor ante comportamientos que resultan confusos.
· Aprender sobre el trastorno para entender que ciertos patrones son parte de la personalidad, no una “voluntad maligna”.
· Mantener límites claros y consistentes para proteger la salud emocional propia y de la persona afectada.
· Fomentar la búsqueda de ayuda profesional y acompañar en el proceso, sin presionar.

¿Cuándo buscar ayuda?
Si notas que los patrones de pensamiento y comportamiento provocan sufrimiento importante en ti o en alguien cercano, o dificultan el funcionamiento diario durante un periodo prolongado (semanas o meses).
Si hay riesgo para uno mismo o para otras personas (conducta autolesiva, suicidio, violencia).
Si hay adicción, consumo problemático de sustancias u otros problemas que complican el manejo de los síntomas.
En estos casos, acudir a un profesional de salud mental (psicólogo o psiquiatra) puede ayudar a clarificar el cuadro, ofrecer un plan de tratamiento y acompañar en el proceso de cambio.
Los trastornos de la personalidad son condiciones complejas, pero tratables. Entender que no son elecciones voluntarias ni defectos de carácter, sino patrones de experiencia que influyen profundamente en la vida de las personas, es el primer paso para acercarse con empatía y apoyo a quienes los presentan. Con tratamiento adecuado, la mayoría de las personas pueden mejorar significativamente su funcionamiento, sus relaciones y su bienestar general.
- Trastornos de la Personalidad: entender para apoyar y acompañar - 29 de enero de 2026
- Doce mitos sobre el amor y la relación de pareja - 22 de enero de 2026
- Una guía para mejorar nuestra salud mental - 12 de enero de 2026