La historiadora y los jamaicanos

Fue decisión muy justa la del jurado del premio de la ciudad en Historia en 2020 en otórgaselo a la doctora en Ciencias Históricas Yurisay Pérez Nacao. El texto publicado por Ediciones Holguín con el título: Inmigración jamaicana en Banes, se presentará en el pabellón de Ciencias Sociales de la Feria Internacional del Libro en la Biblioteca Provincial de Holguín.

Yurisay nació en Banes, el cinco de marzo de 1973, en una familia obrera con un abuelo japonés lo que la rodea de cierto halito de misterio. Graduada de Historia de la Universidad de Oriente es por méritos bien ganado la historiadora del municipio de Banes y propietaria de una amplia obra investigativa sobre su terruño natal. Ha publicado como autora única o en coautoría con otros colegas un total de 15 libros. Es una cantidad sorprendente para una escritora que reside en un municipio donde no hay editoriales. De esos textos ocho abordan la inmigración. Lo que nos demuestra su interés y conocimiento del tema. No estamos ante una principiante sino ante una verdadera especialista

En criterio de Yurisay: “La inmigración jamaicana resultó significativa en las primeras décadas del siglo XX; sin embargo, no ha sido abundante su tratamiento en la historiografía nacional. La investigación sobre estos inmigrantes es de vital importancia para tener una visión integral de la historia social y etnocultural de Banes, ya que en los provenientes del Caribe anglo hablante, esta es la más numerosa del área y constituye el grupo  que más ha trascendido hasta la actualidad, además, se destacaron por la unidad y defensa de sus patrones culturales de origen”.

Es interesante como es que ella llegó al universo de los inmigrantes. Estamos ante una aventura del espíritu que acercó hace años a la entonces niña Yurisay a estos antillanos: “Recuerda que soy descendiente de japonés, una inmigración amarilla, también discriminada como los jamaicanos y como mi abuelo era trabajador de la United Fruit Company le fue arrendada una vivienda ubicada en una zona colindante con el barrio de La Güira donde fueron segregados los inmigrantes jamaicanos. Aunque no viví ahí, visitaba la casa de mis abuelos con mucha frecuencia y realicé mis estudios de Primaria en la escuela de esa comunidad. De modo que la inmensa mayoría de mis amigos eran descendientes de jamaicanos y mi familia tenía estrechas relaciones de amistad con muchos de estos inmigrantes y sus descendientes. Pero además mi abuelo paterno pertenecía a una de las pocas familias cubanas que vivían en dicho barrio, los Pérez, propietarios de varias bodegas ubicadas en la barriada y que, por supuesto, también tenían excelentes relaciones de amistad con muchas de estas personas.”

Nos sorprende con un hermoso recuerdo de aquellos años infantiles que por la forma de narrar nos acerca a una especie de poesía en prosa: “Desde muy pequeña pasaba por la Iglesia y escuchaba los cultos en inglés y veía como mis compañeritas de aula estaban obligadas a hablarle en ese idioma a sus abuelos.”

Pero esta obra sale del marco del interés, puramente emotivo, que puede resultar de conocer el pasado de estas gentes consideradas en el imaginario popular cubano en criterio de la colega: “Como personas muy limpias, decentes, educados y cultos.”

El doctor José Vega Suñol, un verdadero símbolo holguinero de lo que se debe de hacer en la historiografía, afirma: “La historia social cada día se torna materia de interés académico y público, en particular, los estudios sobre la etnicidad ocupan cada vez más el tiempo de los especialistas orientados a atender la formación y el desarrollo de la sociedad cubana y su cultura. En ese marco se ubica Inmigración jamaicana en Banes de Yurisay Pérez Nakao. La autora ha dedicado más de un decenio de fecundo trabajo al componente antillano con una detenida preeminencia en los migrantes de Jamaica, asentados en el territorio nororiental de Cuba desde la primera mitad del siglo XX, cuya presencia ha dejado una memorable huella en la configuración sociocultural de la región.”

El libro se presentó 20 de febrero de este año 2024 en la Feria Internacional del Libro de La Habana. Detrás de cada libro hay una multitud de fantasmas olvidados, a pesar de ser fantasmas nobles, que en lugar de aterrarnos andan por el mundo repartiendo felicidad entre escritores, historiadores, poetas y todos los que quieren llevar sus ideas a las páginas, pero, en especial, esos duendes hacen la dicha de los lectores. Es ese personal que trabaja en la preparación de un texto.

En el caso de estaa obra esa masa de seres invisibles en las ferias de libros, en las presentaciones y que raramente se le mencionan es dirigido por Lourdes González Herrero la poetisa, novelista, conferencista, pero sobre todo señora de los libros. Directora de Ediciones Holguín que olvida crisis y dificultades de todo tipo para entregarnos textos como estos. No podían faltar en ese olvidado pelotón de gente buena el editor Fidel Fidalgo, el diseñador Roddier Mousso y la composición estuvo a cargo de Rebeca Pantoja. Las palabras de contraportada del libro las escribió el Dr. C. José Vega Suñol.

Con gente de tal calidad no se podía esperar otro resultado que una obra excelente como Inmigración jamaicana en Banes. No pocas dificultades se encontró la investigadora en sus andanzas tras el pasado de estos inmigrantes. Las fuentes están dispersas, hay documentos en el Archivo Nacional, en el Archivo Histórico Provincial de Santiago de Cuba; en el Archivo Municipal de Banes, en los fondos de la United Fruit Company. En el Registro Civil de Banes también se localiza información.”

Con la modestia que la caracteriza reconoce los méritos de otros colegas al afirmar que: “La MSc. Haydée Toirac Maique, tiene un libro que se llama Soy el Caribe, publicado por la Editorial La Mezquita, en el 2014, que aborda de manera general los distintos procesos inmigratorios procedentes del Caribe, en la actual provincia Holguín.”

“La Casa del Caribe y la Casa de Las Américas han liderado investigaciones sobre el tema y en los territorios como Guantánamo y Camagüey, que también fue significativa esta inmigración se han hecho importantes estudios, pero a mi juicio quien más se ha destacado a nivel de país ha sido la Dr. C. Graciela Chailloux Laffita.”

En criterio de Yurisay la United Fruit Company propietaria de dos verdaderos colosos de la industria azucarera: el Boston y el Preston, situados en el territorio de la actual provincia Holguín: “Los jamaicanos fueron contratados por esta empresa como mano de obra barata, fundamentalmente para las labores agrícolas. El 84. 6 por ciento de los hombres se encontraban ubicados en los distritos y fincas, con esos fines.”

En el mundo de inmigrantes que promueve el azúcar, ¿qué significaron los jamaicanos?

Yurisay afirma: “La U. F. Co. proyectó su negocio sobre la base de los bajos salarios para los trabajadores y empleó grandes cantidades de inmigrantes, fundamentalmente antillanos, donde predominaban los haitianos y jamaicanos. Hay que señalar que les asignaba empleos mejor remunerados, en correspondencia con la calificación laboral y preparación cultural que tuvieran. Si bien es cierto que la mayoría de ellos se dedicaron a las más diversas labores en la agricultura cañera y la industria azucarera, es de considerar que también llegaron ingenieros, abogados, maquinistas, mecánicos, entre otros.”

Si bien los haitianos que arribaban a Cuba, contratados por las empresas azucareras, provenían de uno de los países más pobres de América los jamaiquinos eran súbditos del Imperio Británico. Esto le daba otra categoría legal que Yurisay se encarga de explicarnos en respuesta a nuestras preguntas si recibían protección del Reino Unido de la Gran Bretaña y sus cónsules:

“Quizás no recibieron toda la protección que necesitaron en un país donde fueron triplemente explotados: como obreros, negros e inmigrantes. Pero existen documentos que prueban la mediación de la Legación Británica. Por ejemplo, durante la crisis económica de inicios de la década de 1920, la prensa desató una campaña mediática contra esta inmigración, en cuya desarticulación influyó la mediación de la Legación Británica en La Habana con el Secretario de Estado cubano, para mejorar el tratamiento que recibían los súbditos ingleses, situación que incluso fue denunciada por The Daily Chronicle, en el artículo “Official Tales of Cuban cruelty”. Dicha Legación llegó a amenazar con suspender la migración.”

¿El que hablaran inglés le daba un papel especial en la United Fruit Company? La historiadora nos comenta: “¡Claro! El hecho de hablar inglés en un país como Cuba, cuya economía estaba en manos del imperialismo yanqui, y de ser considerado como súbdito de la Corona Británica, fueron factores que no permitieron una mayor discriminación social –aunque si racial– del jamaicano. De ahí que fueran muy solicitados como mano de obra calificada o como domésticos, no se vio precisado en aislarse como los haitianos en un complejo mundo lingüístico cultural.”

“Muchas mujeres trabajaron como domésticas en las casas de familias estadounidenses o de funcionarios administrativos cubanos, con el doble objetivo de entrenar a los niños en el dominio del idioma inglés, incluso con el propósito que continuaran estudios Superiores en los Estados Unidos de América.”

Su aporte a la cultura cubana y, en especial la banense, a criterio de la colega: “Han dejado su huella en la formación etnocultural de la localidad a través de su descendencia. En el plano cultural, la culinaria constituye un pilar fundamental; es notable el lugar que ocupan los platos típicos de este grupo en la alimentación cotidiana del banense, la cual ha sido asimilada por gran parte de la población.”

“Los jamaicanos hicieron aportes a la Literatura oral que se integran a la memoria colectiva de esa comunidad en su versión original y son del conocimiento de todos sus integrantes, aunque su uso ha quedado congelado en la tercera generación, por lo que se expresan a nivel de memoria histórica para el resto de la población.”

Ella se refiere a algunos casos que se han destacado: “Muchos descendientes como Lincoln Oakley, integraron orquestas como Armonía Swing Boys de Charles Whaton. Además Lincoln Oakley se convirtió en un maestro de músicos. Formó generaciones de músicos banenses, entre los que sobresalen sus hijos Carlos y Luis Oakley (músicos de la Banda Municipal) y sus nietas Delma y Delmis Lores Oakley (instructoras de música de la Casa de Cultura). También contribuyó con la formación musical de otros descendientes de jamaicanos, que formaron parte de la Banda Municipal de Conciertos, entre ellos: Félix Robinson Wilson, José Edwards Christie, Selvin William Walter, y Optan Melvin Edwards Reid.”

Queremos terminar este texto invitándolo a que adquiera y lea La inmigración Jamaicana en Banes, que nos abre un universo, en ocasiones, olvidado de las raíces de nuestra nacionalidad. Por último le preguntamos a la atenta Yurisay: ¿Es correcto llamarlos jamaiquinos? “Jamaiquinos es un anglicismo, se puede decir así, pero lo correcto es jamaicanos.”

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