Chismes, Relaciones Interpersonales

Chismes… los quiero lejos de mí

¿Quién no ha presenciado alguna vez cómo se crea, se fomenta y se echa a rodar un chisme? ¿Cuántos hemos sido víctimas de ello o hemos participado en el asunto? Este fenómeno se puede producir en diferentes entornos, lo observamos con frecuencia en los medios laborales, entre vecinos, en determinados círculos sociales y hasta en las mejores familias.

Los chismes son noticias, verdaderas o falsas, con las que generalmente se pretende indisponer a unas personas con otras, o con las que se murmura de alguien para afectar su moral o integridad ante los demás, dañar su imagen en un grupo social. Por lo general son habladurías sin bases sólidas que llenan el vacío interno que hay en la vida de algunos individuos, ellos rompen vínculos amorosos, familiares y amistosos e inclusive pueden hacer trizas la reputación de una persona, es decir, pueden llegar a ser muy destructivos.

Chismes, Relaciones Interpersonales
Contrario a la creencia de que el chisme es práctica exclusiva de las mujeres también está presente en el género masculino. Foto: iStock

La chismosa o el chismoso, pues contrario a la creencia de que es práctica exclusiva de las mujeres no faltan en el género masculino, recurre a un sinnúmero de artimañas y comentarios infundados, a veces por el mero hecho de fastidiar.

El chisme es una forma de comunicación que puede ir desde la simple crítica hasta la invención de toda una historia en torno a determinado sujeto, y quien lo origina lo hace porque su conducta es resultado de un proceso anormal en su mundo de creencias y su manera de relacionarse, o simplemente porque trata de llamar la atención debido a que sus valores y solidez dentro del núcleo social son débiles.

Por lo general son personas que padecen de angustia e inseguridad, no tienen muchas cualidades positivas que las distingan, tienen complejos de inferioridad, experimentan envidia con frecuencia (envidia que les “carcome el cerebro”), y hasta pueden tener agresividad reprimida, todo lo cual les impulsa a agredir con el arma que mejor manejan y que resulta más baja: el chisme.

Y es que, la mayoría de las veces, en sus mentes se forman un sinnúmero de fantasías destructivas. Por ejemplo: “todos están en mi contra”, “yo hago daño antes de que me dañen”, “este no merece lo que tiene”,  “está arriba, donde debería estar yo”,  “si soy infeliz, los demás también deben serlo”, o “a este le va bien, pero le puedo crear una atmósfera para que caiga”.

Por estas razones permanentemente se encuentran en estado de alerta, maquinando e inventado “cosas nuevas”, pues manifiestan temor a que los ataques que han lanzado les sean ripostados, enfrentados o devueltos.

El objetivo es reproducir la noticia, regarla, amplificarla y formar parte una y otra vez de la cadena, ya que cada receptor le agrega datos y la transforma según sus intereses, dándole así al chismoso la oportunidad de volver a emitirla o reproducirla de manera “ampliada y enriquecida”. Y esto es posible porque por lo general los demás le hacen el juego. Así, el chisme crece como una bola de nieve hasta que finalmente pierde interés y muere; pero mientras esto ocurre los afectados se enfrentan a situaciones incómodas. Al chismoso no le importa si el individuo perjudicado sufre, si le causa algún problema o se deprime, ya que sólo le interesa formar parte de una madeja para provocar daño.

Convivir y lidiar con alguien que tenga estas características es realmente difícil, pues en primer lugar se muestra como amiga o amigo, por lo que no siempre se sabe por dónde ni en qué momento va a “bombardear”. Afortunadamente la verdad siempre sale a la luz, situación que pone en evidencia al individuo conflictivo, aunque esto no constituye obstáculo alguno para que siga con sus estratagemas.

Ante esta situación suele decirse “no le hagas caso, sólo es un chisme más”, pero la verdad es que dependiendo de la gravedad del invento y la autoestima de la víctima, ésta puede caer en un estado emocional negativo debido a que la historia infundada le ha restado amistades, los compañeros de trabajo la relegan a un segundo plano o se vuelven en su contra, mientras que el chismoso celebra.

Cuando alguien se encuentre en una situación como la descrita, lo más recomendable es tratar de aclarar lo ocurrido con las personas entre las que se difundió la información falsa y procurar mantener la calma, pues no tiene caso vivir con angustia, desestabilizarse o perturbarse a causa de un individuo mal intencionado.

Chismes, Relaciones Interpersonales
Contrario a la creencia de que el chisme es práctica exclusiva de las mujeres también está presente en el género masculino. Foto: iStock

Nunca es conveniente romper vínculos con la pareja, amigos, familiares, vecinos, o compañeros de trabajo a causa de un chisme, hay que recordar que lo mejor es dialogar y poner las cartas sobre la mesa. Una persona ecuánime y segura de sí misma no toma en cuenta las habladurías, ni deja que éstas influyan en la forma en cómo se siente ni en la manera de ser con los demás.

Algunas investigaciones sociológicas, antropológicas y psicológicas consideran que en cualquier medio social las personas pueden estar ocupadas en chismes durante una parte sustancial de sus vidas cotidianas, reconociendo que estudiar el mundo de lo cotidiano es la clave para comprender cómo se comporta la gente. Los investigadores han apreciado durante mucho tiempo a los chismes como un fenómeno sociocultural clave. Sobre estas investigaciones comentaré en próximos encuentros entre El Psiquiatra y Tú.

Ahora me despido invitándote a que no te hagas eco ni parte de la chismografía que nos rodea. Parar el chisme contribuye a detener el mal. Por eso cuando algo en el ambiente se esté enrareciendo con el engendro de un chisme, di como yo y actúa en consecuencia: “Chismes… los quiero lejos de mí”.

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