Genocidio palestino
Los niños, entre los más vulnerables del conflicto Israel-Palestina. Foto: Tomada de Prensa Latina

Genocidio palestino, siniestra obsesión terrorista israelí

Una vez más el conflicto árabe-israelí destaca en la prensa mundial con escenario en la Franja de Gaza, donde las tropas de Tel Aviv cometen un genocidio como parte de una estrategia de limpieza étnica.

Al cierre de este texto sumaban cerca de tres mil 400 palestinos muertos, la mayoría mujeres, ancianos y niños, masacrados por los bombardeos israelíes.

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La contienda entre el Ejército israelí y la milicia Harakat al-Muqáwama al-Islamiya (Hamas) o Movimiento de Resistencia Islámica, también causó miles de muertos y heridos del bando hebreo.

Las condiciones de asfixia urbana impuesta en la ciudad de Gaza, sin combustible, agua y electricidad, con las dependencias de salud y otros centros de auxilio destrozados o en funciones con lo indispensable, muestran hasta dónde llega la crisis humanitaria y su tendencia a agravarse.

Esa región costera palestina de 41 kilómetros de largo y 10 de ancho con unos 2,3 millones de personas ya sufrió en 2014 y 2021, la táctica militar sionista de tierra arrasada, pese a lo cual se recuperó de las pérdidas, aunque 63 por ciento de sus residentes vive debajo del umbral de pobreza, según datos del Banco Mundial.
Morder la mano amiga

El odio marcó las relaciones entre árabes y judíos que llegaron a Palestina, en virtud de una resolución de la ONU emitida en 1948, todos sobrevivientes de la Solución Final, con la cual el nazismo pretendía eliminar a ese grupo humano.

En vez de recibir agradecimiento por aceptarlos en sus tierras, los árabes sufrieron de la antipatía surgida a partir de una aberración ideológica: el sionismo.

Moshe Dayan, descendiente de inmigrantes judíos y quien llegó a ser ministro de Defensa, reconoció que antes de estallar la primera guerra árabe-israelí en 1948, las dos comunidades compartían sus vidas, pero todo cambió cuando las organizaciones armadas fomentadas durante el mandato colonial británico se dispusieron a aniquilar a los palestinos.

Según expertos, el culto sionista mezcla el nacionalismo radical con la devoción por la violencia, insaciable geofagia, gran dosis de racismo y una potenciación ilimitada de la exclusividad del yishuv (con ese nombre identificaban a los judíos en Palestina antes de la instalación del Estado hebreo).

Se dice que el sionismo fue una invención de Theodoro Herzl en el siglo XIX como ideología de la modernidad para promover la emigración judía a Palestina a fin de crear un llamado Hogar Nacional, concretado hace 75 años bajo la infame divisa “una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra” que obviaba el derecho palestino a su patria.

La realidad demográfica desmentía la consigna, pues en 1947 la proporción de habitantes era de 630 mil judíos frente a un millón 310 mil árabes.

El pasado 7 de octubre estalló otra etapa del conflicto árabe-israelí, un interminable proceso, marcado por la injusticia de desalojar a los palestinos de su territorio.

De hecho, la vida muestra la ineficacia de las campañas con que se tratan de desvirtuar los motivos reales de las discrepancias que cada cierto tiempo se exasperan y disparan la crisis.

La realidad es que Hamas reaccionó con sus ataques al desafío de transitar en un terreno minado por Israel.

Capítulo precedente

En cualquier caso, sobresale en ese largo conflicto, la Nakba (en árabe catástrofe o hecatombe) que consistió en la expulsión de palestinos de sus propiedades, causante de un torrente de desplazados, luego refugiados en países vecinos de Palestina.

La antropóloga Susan Slymovics subrayó que “en abril-mayo de 1948, a las unidades de la Haganah [la fuerza de defensa del pre-Estado, la precursora de la IDF –Fuerza de Defensa Israelí– se les daban órdenes que establecían explícitamente desarraigar a los aldeanos, expulsarlos y destruir las aldeas mismas (… )”.

A criterio de expertos citados por el canal qatarí Al jazzera, en el curso de la Nakba 15 mil palestinos murieron y cientos de miles huyeron de sus hogares para poder sobrevivir y muchos de ellos años después aún conservaban las llaves de las casas de donde fueron despojados, que se une a una demanda de justicia nunca abandonada por el pueblo palestino: el retorno de los refugiados.

Hace 75 años, facciones armadas, con posterioridad integradas al Ejército israelí, perpetraron masacres como la ocurrida en la localidad de Deir Yassin, al oeste de Jerusalén, y que estudiosos consideran definió claramente el comportamiento que seguirían las tropas de Tel Aviv, con la población árabe.

Aquella aldea, de unas 700 personas sufrió el asalto de las facciones sionistas Irgun y Stern Gang el 19 de abril de 1948, que asesinaron a 107 pobladores con el empleo de métodos brutales al estilo –paradójicamente– de las matanzas perpetradas por los nazis durante el holocausto. Los victimarios eran identificados como terroristas durante el mandato colonial británico, pero más tarde pasaron a ser parte de las fuerzas armadas israelíes.

Según “los testimonios de los autores y de las víctimas supervivientes, muchas de las personas fueron masacradas –desde los que fueron atados a los árboles y quemados hasta los que fueron alineados contra una pared y ultimados con metralletas– eran mujeres, niños y ancianos”, recuerda Al Jazeera.org y amplía que fuentes árabes y algunos historiadores hebreos destacan que “los aldeanos habían firmado un acuerdo de no agresión con la Haganáh, el ejército sionista anterior al Estado israelí”.

La inserción del sionismo en la Palestina bajo el mandato colonial británico (1919-1948) se unió a otros acontecimientos que preconizaban la creación de un Estado confesional judío como una cuña antiárabe en tierras del islam, las ofertas anteriores de establecerlo en Uganda y Argentina no procedieron porque la legitimidad demandada –afirmaban– estaba en Tierra Santa, al pie del Monte Sión en las afueras de Jerusalén.

Con información de Julio Morejón Tartabull/ Prensa Latina

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