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Colectivo de trabajo del hospital pediátrico de Holguín. Foto: Perfil de Facebook del Hospital pediátrico

Cuidados Intensivos pediátricos en Holguín: 41 años salvando vidas

Desde que en el año 1982 iniciara la historia del servicio de la Unidad de Cuidados Intensivos del hospital pediátrico Octavio de la Concepción y de la Pedraja, año tras año ha consolidado su quehacer hasta llegar este 2023 a su 41 onomástico. De ahí que el mes de septiembre tenga un significado especial para su colectivo.

Visité por primera vez ese servicio en el año 2019, con motivo de los 37 años del servicio y lo que más llamó mi atención fue el andar agitado todo el tiempo de su personal, cual hormigas laboriosas enfocadas en su propósito y el desvelo de los profesionales de enfermería e intensivistas por aun ante casos muy complejos buscar la manera de revertir estados críticos y graves de los más pequeños y así rescatar de la muerte como promedio a alrededor de 95 de cada 100 pacientes que allí ingresan.

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Sala de Cuidados Intensivos Pediátricos de Holguín. Foto: Perfil de Facebook de la institución

La historia de este servicio se remonta al 17 de septiembre de 1982, hecho del que fue testigo el ya fallecido doctor Luis Manuel Guerrero Rodríguez. En aquel entonces fue un honor entrevistar a quien por más de tres décadas fue jefe de esta sala, siendo considerado pionero de la terapia intensiva en Holguín.

Gracias a esa oportunidad, el profe, como cariñosamente muchos le llamaban, me explicó que los servicios de terapias en Cuba se hicieron a raíz de la terrible epidemia de dengue a inicios de la década de los 80 y que a la inauguración de esta terapia asistieron la heroína Melba Hernández y la madre de Octavio de la Concepción y de la Pedraja.

Así justamente fue como en los momentos fundacionales a la par que se desarrollaba la atención asistencial al grave se asumió como un reto la formación del personal que laboraría allí en lo adelante, haciendo todo tipo de esfuerzos por restablecer la comprometida salud de quienes llegaban a ese servicio.

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Sala de Cuidados Intensivos Pediátricos de Holguín. Foto: Perfil de Facebook de la institución

Esta sala que presta asistencia médica a pacientes desde un mes de nacidos hasta los 19 años, cuenta con una capacidad de alrededor de una decena de camas y un equipo multidisciplinario presto a asistirlos. Cada cama está equipada con ventilación mecánica, monitores cardiorrespiratorios, jeringuillas perfusoras, bombas de infusión, electrocardiógrafos, electrocardiogramas, electroencefalógrafos y disponen de un laboratorio equipado con los elementos necesarios para la adecuada atención de estos niños.

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Sala de Cuidados Intensivos Pediátricos de Holguín. Foto: Perfil de Facebook de la institución.

Los pacientes de Holguín y de gran parte del Oriente cubano que llegan a este servicio ingresan en estado grave y crítico, con múltiples patologías desde clínicas hasta muy complejas, por lo tanto todos tienen alto riesgo para su vida, de ahí la importancia de la calidad de la asistencia, de la atención médica y de enfermería. Para lograr restablecer su estado de salud interviene un equipo multidisciplinario integrado por personal médico, no médico y de apoyo, como los técnicos.

Otro logro de la UCIP es la supervivencia en el paciente ventilado que por lo general cada año supera más del 85 por ciento, esto se refiere a aquellos casos que llegan en estado más crítico y por ello hay que ponerles un equipo de respiración artificial, de ahí que por su estado son los que tienen el mayor riesgo de fallecer.

Allí se han salvado incontables vidas, incluso muchos de ellos hoy son adultos, tienen familias, ejemplo de la labor amplia, pero compleja que se realiza. Tales resultados se alcanzan con trabajo diario en esta sala cerrada, el cual exige de los cerca de 60 trabajadores que integran su colectivo laboral una cuota mayor de sacrificio.

En verdad son muchas las horas difíciles de las que han sido testigos los trabajadores de esta sala hospitalaria en sus más de cuatro décadas de existencia, pero la sola satisfacción de haber contribuido a salvar la vida de un niño es impulso suficiente para seguir adelante y brindar un mejor servicio.

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