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Eva Canel, escritora española. Foto: La Voz de Asturias/Archivo

Mujeres por España: una historia borrada

Las mujeres y las familias son las grandes desconocidas del integrismo. Así se le llamaba a los defensores del Imperio Español en las guerras de independencia de Cuba. A pocas se les recuerda por una militancia activa como a la escritora asturiana Eva Canel (1) que se sumó, con gran pasión, a la defensa del imperio en la última guerra de independencia cubana. Pero son excepciones en la memoria histórica cubana. Incluso la mujer independentista es tratada casi siempre como un apéndice del hombre. Es la esposa, la hija o la madre de destacados patriotas casi nunca se le recuerda por una actuación independiente.

Muy ocasionalmente hay referencias a una mujer actuando en las filas españolas. Las pocas veces que se le sitúa en un trance bélico, se le da un papel de debilidad e indefensión. Un ejemplo es la descripción del ataque al cafetal La Indiana, en Guantánamo, donde se hace una referencia a una mujer que se encontraba entre los defensores. Estos solicitaron un momento de tregua para entregar a “[…] una señora en cinta y con un niño en brazos que los sitiados confiaban a la hidalguía cubana […]”. (2) Los cubanos respetaron la tregua para que la mujer saliera del edificio sitiado.

Estamos ante una imagen muy lamentable del papel de la mujer en la guerra. Depende por entero de la piedad del hombre. Pero otros testimonios nos muestran otra realidad de esas mujeres. Hemos tratado de ejemplificar con un acontecimiento que ocurrió en los primeros meses de la contienda: el Sitio de Holguín. Este es, por su duración, excepcional en la historia de la guerra de 1868.  Alrededor del 20 de octubre los mambises bloquearon la ciudad. El 17 de noviembre penetraron en ella y sitiaron a la guarnición contraria hasta el 6 de diciembre de 1868 que la llegada de una poderosa tropa hispana los obligó a retirarse. Lo más interesante de esta operación militar es la participación directa de la población civil en las acciones militares tanto en uno como en otro bando. Veremos lo que ha quedado en la memoria histórica sobre la mujer integrista en ese sitio.

Durante el bloqueo a que fue sometida la plaza el gobernador español, Francisco de Camps, buscaba información sobre los independentistas. Por lo menos en una ocasión esta le fue ofrecida por voz femenina. En su relato sobre el sitio de Holguín, el periodista integrista Nápoles Fajardo nos dice que “… unas mujeres del campo aseguraron al Sr. Camps que habían visto cañones en el camino de la Cuaba, pasado el primer cerrito próximo a la ciudad y que muchos hombres estaban como haciendo el ejercicio cerca de las piezas”. (3)

Luego se comprobó lo verídico de la información, pues los revolucionarios disponían de pequeños cañones. De esta forma ellas participaron en lo que hoy se llama inteligencia militar al brindar datos a los colonialistas. Los integristas escogieron como centro de su defensa la casa del comerciante español Francisco Rondán y Rodríguez, situada frente a la Plaza de Armas hoy llamada La Periquera. Fortificaron esa residencia y todas las edificaciones de la manzana donde estaba situada. Al recinto fueron trasladadas las fuerzas regulares, los voluntarios, el cuerpo de bomberos, los policías, los presos y, según nos dice Nápoles Fajardo, las autoridades invitaron “[…] a las familias qua desearan un asilo para que se acogieran a la casa fortificada”. (4)

Varias aceptaron el ofrecimiento. Esto fue un gesto voluntario, pues las autoridades no obligaron a ningún vecino a encerrarse en aquella manzana. Incluso mujeres cuyos esposos se unieron a los españoles durante el sitio continuaron viviendo en la ciudad de Holguín como Ana Salazar. Esta mujer residió en la parte ocupada por los insurrectos pese a que su esposo era uno de los defensores de recinto sitiado. Los que nos dice de un respeto de los independentistas por ellas. Y de una decisión voluntaria de las que se unieron a los españoles. Los integristas soportaron el sitio a que los mambises sometieron a la manzana fortificada.

El jefe español Francisco de Camps y Feliú, en un libro de memorias sobre la guerra de Cuba, afirma que entre las que él llama “Mujeres Beneméritas” que participaron en el sitio en el bando se encontraba:

“Doña Dolores Castillo, esposa del patriota cabo de bomberos Atilano Mustelier que recibió una herida grave de bala al refugiarse a La Periquera. —La señora del comandante militar Dª. Mercedes Valdés Almeida; la del juez de primera instancia Dª. Josefa Cagigas, hija de Guiñes. —La caritativa Dª. Juana de la Cruz, esposa de D. Francisco Rondan. —La virtuosa abuela del general insurrecto D. Julio Grave de Peralta, que murió en La Periquera. —Las señoritas de Montes de Oca; las de Álvarez y Céspedes; la cariñosa esposa del que fue capitán pedáneo D. Exuperancio Álvarez, (…). Todas hicieron hilas para los heridos, y se prestaron generosamente a asistir a los enfermos en el improvisado hospital de sangre.” (5)

Hay otro testimonio sobre la acción de estas mujeres. El periodista Nápoles Fajardo nos dice:

“Las señoras, así la de Camps como la de Zarate, Labusta y Rondan ha­cían de enfermeras, no porque faltasen á los facultativos practicantes in­teligentes, (…), sino porque esas Sras., que también hubo día en que sacasen agua para la bomba y cargasen algunos ladrillos para las barrica­das, tenían suma complacencia en aliviar y consolar á los que sufrían. Pero entre todas las Sras. sobresalió Da Ana Villalón de Álvarez, que á sus sentimientos humanitarios unía la circunstancia de no tener familia, contando además con servidumbre propia que favorecía sus buenos deseos.” (6)

¿Estas mujeres actuaron por convencimiento o simplemente seguían a sus maridos? Es una pregunta sin respuesta. Arriesgarse a ayudar a los sitiados, estar expuesta al fuego de los insurrectos nos dice de un convencimiento. Son las grandes desconocidas de las guerras de independencia.

Existe poca información o por lo menos nosotros no disponemos de ella sobre estas mujeres. Pero no hay duda que corrieron un gran riesgo siguiendo el sendero integrista fuera por uno u otro motivo.

En las regiones que se enfrentaron con éxito al independentismo en el Oriente de Cuba, Gibara y parte de Guantánamo, la defensa iba más allá de las operaciones de las tropas regulares y se centraba en la acción de los vecinos. En Gibara la defensa se basaba en las fincas y los poblados de esa región; la familia devenía el centro de esa defensa. Mientras en Guantánamo los cafetales e ingenios donde residían los propietarios con su familia era el bastión esencial para enfrentarse a los insurrectos.

En el aspecto del estímulo debieron de ser importante para estos voluntarios españoles la solidaridad de la parte femenina de la familia. Es por eso que conforman una especie de trasfondo del integrismo. De todas formas, la participación de las mujeres y la familia en el integrismo es asunto que tiene muchas interrogantes. Más que dar argumentos definitivos, estos ejemplos que hemos mostrado son un llamado para que los investigadores se acerquen a un camino casi olvidado del pasado cubano. Ellas también forman parte de la historia de Cuba.

Notas

1.-Agar Eva Infanzón Canel, nació el 30 de enero de 1857, en Coaña, Asturias. Periodista, dramaturga y escritora, residió gran parte de su vida en América Latina.  Escribió más de 20 novelas, obras de teatro y ensayos. Vivió en Cuba entre 1893 a 1898 donde apoyó activamente el integrismo. Desarrolló activas campañas de apoyo a Weyler. Visitó la isla de nuevo en 1914 y escribió un libro de recuerdos titulado, Lo que ví en Cuba. Falleció en 1930.
2.-Manuel de la Cruz: Episodios de la Revolución Cubana, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2001, p. 140.
3.-Antonio Jose Nápoles Fajardo: El Sitio de Holguín. Imprenta militar de la V.E. HS de Soler, La Habana, 1869, p. 28.
4.-Idem.5.-Francisco de Camps y Feliú: Españoles e Insurrectos: Recuerdos de la guerra de Cuba. Habana, Establecimiento tipográfico de A. Álvarez y Cia, 1890. p. 214.
6.-Antonio José Nápoles Fajardo: ob. cit. p. 49.

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