Meliá, Varadero, inversión extranjera, Cuba
La inversión extranjera en Cuba ha sido amplia en el sector del turismo con la cadena Meliá. Foto: Archivo

Fidel Castro, precursor de la necesaria inversión extranjera en Cuba

Contrario a lo que algunos pudieran pensar, el líder histórico de la Revolución cubana, Fidel Castro, fue uno de los mayores impulsores de la inversión extranjera en Cuba.

En la clausura del VI Congreso de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), el tres de marzo de 1995, en momentos en que la isla atravesaba una severa crisis económica, a causa de la desaparición del campo socialista y un endurecimiento del bloqueo por Washington, Fidel planteó:

«…claro que algunas cosas nos duelen, pero tenemos que hacerlas. Es imprescindible la presencia de inversiones extranjeras. Creo que eso lo comprende cada uno de nuestros compatriotas. […]

Hoy es imprescindible traer la inversión extranjera, y por eso vamos razonando bien y analizando bien cada una de las inversiones, aceptando inversiones de capital extranjero. Los capitalistas, en general, piensan que todo esto nos va a corromper, y sin dudas que todo esto crea tendencias a la corrupción, no hay la menor duda, pero no debemos culpar a los que nos corrompen a nosotros, sino que tendríamos que culparnos a nosotros mismos de dejarnos corromper. El que se proponga que nadie lo corrompa, nadie los corromperá. […]

Mucho antes, Fidel vislumbró la necesaria participación del capital foráneo en la economía cubana para garantizar los logros que adelantó en el programa del Moncada.

En 1972, inició su andadura la gran feria comercial de productos industriales de Italia en La Habana que se instaló en el Pabellón Cuba, en La Habana, sede actual de la Asociación Hermanos Saíz (AHS), con la participación de más de 100 firmas del país europeo.

Le siguió la exposición industrial de productos argentinos en julio de 1974, en el parque de ferias de la localidad capitalina de Rancho Boyeros que transcurrió con el pesar por el fallecimiento de su principal promotor, el amigo de la Revolución cubana Juan Domingo Perón, en aquel entonces presidente de la nación sudamericana.

Fidel Castro, inversión extranjera, Cuba
El líder histórico de la Revolución cubana, Fidel Castro. Foto: Archivo

Fidel se divirtió de lo lindo en aquella ocasión, porque rompió todos los protocolos y causó no pocos dolores de cabeza para el equipo de seguridad y protección; hizo de todo, desde montarse en una motocicleta de fabricación rioplatense hasta beber agua de refrigeradores en exposición para comprobar su grado de congelación o galantear a empresarias porteñas presentes en los pabellones.

En marzo de 1975, se desarrolló en La Habana una exposición de México que causó conmoción en la industria cubana dado que permitía y encausaba negociaciones favorables y competitivas con respecto a otros países latinoamericanos.

El evento comercial del organismo GEPLACEA uno de los que como la CEPAL, constituían baluartes de agrupaciones latinoamericanas que sesionó y tuvo su sede en el hotel Riviera, desde el 1ro de marzo de 1977.

Fidel dejó su aureola en cada negociación o firma de contratos, casi siempre acompañado del entonces presidente Osvaldo Dorticos Torrado, el ministro de Comercio Exterior, Marcelo Fernández Font, y de su viceministro, Ricardo Cabrisas, respectivamente.

De tal manera que imprimió una intensidad de respaldo y apoyo a las decisiones gubernamentales en esos convenios, derivadas de su magnetismo propio, con el cual propició un mayor marco financiero y crediticio.

Su figura y poder de disuasión garantizó seguridad a los empresarios visitantes, en tanto que Cuba no podía ofrecerles confianza para sus transacciones.

Esa virtud que poseía el líder revolucionario la toma en cuenta el intelectual y artista Sergio Corrieri para calificar a Fidel como «el encantador de serpientes».

Ejemplo de ello fue el multimillonario acuerdo a largo plazo y casi sin intereses, pactado con el gobierno argentino que, en privado, el entonces ministro de Economía de esa sureña consideró que solo era factible por el aval político y la influencia derivada de la relación personal y comunicacional entre los presidentes de los dos países, porque técnicamente era imposible que nosotros pudiéramos pagarlo, como efectivamente ocurrió.

Un análisis de Noel Domínguez Morera, Periodista de Prensa Latina

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