Calixto e Isabel: Amar en New York

Isabel, Calixto García, Holguín, Nueva York
Isabel

Isabel debió ser una muchacha bella y tímida esa es la imagen que nos da su foto ya de adulta, de la juventud no se conservan retratos. Tenía 18 años cuando contrajo matrimonio con Calixto García en Jiguaní. Esperaba su cuarto hijo, cuando marchó con su prole como una mambisa más a los campos de la insurrección, siguiendo los pasos de su esposo el general García Iñiguez.

Detenida, en agosto de 1870, con las demás mujeres y niños de la familia trasladada a Holguín y luego a La Habana. La expulsaron a Estados Unidos.

Isabel, los cuatro niños, su madre, una hermana y otros familiares se establecieron en Cayo Hueso, Estados Unidos. En esa época residía allí una numerosa colonia de tabaqueros cubanos.

Calixto en septiembre de 1874, fue sorprendido en su campamento y rodeado por el enemigo se disparó debajo de la barbilla con su revólver para morir antes de caer prisionero. Logró sobrevivir a la herida. Sus captores lo curaron y enviaron a una cárcel en España.

La familia de Calixto contó desde los primeros momentos con el apoyo de los tabaqueros, su hijo Carlos recuerda que “… entregaban semanalmente a mi madre el producto de las colectas que hacían en los talleres de tabaco”. (1) También los ayudó el fabricante de tabacos, con negoció en Cayo Hueso y Tampa, Vicente Martínez Ibor. Este valenciano, casado con la cubana Mercedes de la Revilla, simpatizaba con la revolución. Él y su esposa se encargaron de internar y sostener en el colegio católico “El Sagrado Corazón” de Nueva York a la hija mayor de Isabel y Calixto; Leonor. De la educación de Calixto, el mayor de los varones, se encargó la Junta Revolucionaria de Nueva York y los patriotas: Hilario, Francisco, Javier y Juan Cisneros que le costearon los estudios en la Mount Pleasant Military Academia y luego en la escuela Ossining, ambas en Nueva York.

Calixto e Isabel: enamorados sin licencia para el matrimonio

Isabel cosía pago para el sostenimiento de ella y sus dos hijos más pequeños, Carlos y Justo que la acompañaron en Cayo Hueso. Con la ayuda de la emigración logró trasladarse a Nueva York dónde continuó realizando este trabajo. En Cayo Hueso se quedó viviendo su hermana Caridad, casada con Alejandro Menéndez, ambos lectores de tabaquería.

En Nueva York contó también con el apoyo de los emigrados. Rosa Aldama costeó la entrada de Carlos como interno en el colegio New York Foundling Asylum de la orden religiosa hermanas de San Vicente Paul. Rememorando los años en ese centro, escribió: “En realidad fui un asilado más entre centenares de huérfanos abandonados. En los seis años que estuve asilado, este religioso (un sacerdote) y una hermana fueron las, únicas almas caritativas que conocimos los asilados. (…) la Hermana Superior, (se refiere a una monja) muy anciana también me llevaba a un cuarto al lado del suyo cuando enfermaba, pues Rosita y Leonor Aldama visitaban el asilo los días de rigor y pedían verme. En esos casos me vestían de nuevo y me llevaban a ver a estas buenas cubanas, previniéndome que no me quejara a ellas de los castigos corporales que me daban, supongo con razón, pues yo nunca pude conformarme con estar confundido entre huérfanos de padre y madre y alardeaba de tenerlos. Pasé en el asilo todas las enfermedades eruptivas además la Tiña, epidémica en el asilo y la ceguera también epidémica. Creo que me trasladaron al campo (la granja del asilo) para que mi madre y mi protectora no se enteraran.” (2)

Pese a lo hostil y cosmopolita del medio donde crecieron los niños, Isabel y las demás mujeres de la familia les inculcaron el amor a la lejana patria. En las vacaciones y en los días de asueto, que pasaban en el hogar vivían rodeados del recuerdo de la lejana isla. Las figuras de revolucionarios que residían o pasaban por la ciudad como Francisco Vicente Aguilera y Antonio Maceo se convirtieron para sus mentes infantiles en símbolo casi mítico de Cuba. En su diario personal Carlos nos dejó interesantísimos recuerdos de aquellos años:

“La familia Aguilera (de Francisco Vicente) y la mía eran amigas habiendo vivido una de las hijas, creo Caridad, en casa de mi abuela Lucía en Cayo Hueso, conociéndose antes de la Revolución del 68. El piso bajo en que vivía el general Aguilera con su familia en el Oeste, entre Séptima y Octava Avenida estaba en el lado opuesto al nuestro en la calle treinta de viejos edificios mayormente depósito de materiales, establos de caballos, patio de depósito de hielo y casas baratas las llamadas Tenement o sea de vecindad. Ya salía poco.  Se le veía en la ventana detrás de los cristales mirando la nieve en la calle y tejados. Recuerdo muy exactamente sus ojos tristes.”

“Aunque tenía poco más de once años, criado en la emigración, como los iba a ver con frecuencia (a los patriotas emigrados) pude fijar en mi mente detalles correctos de sus personas Antonio Maceo era un hombre de buena estatura, fornido y de aspecto grave, vestía de levita negra Prince Albert y se alojaba en la casa de huéspedes de Madame Griffou, francesa creo de la Martinica. Allí también vivían algunos de nuestros caudillos. Julio Sanguily era todo un Gentleman elegantemente vestido y residía en el famoso hotel Windsor en la 5a Avenida. El marqués (Salvador Cisneros Betancourt) tenía un Chinchalito con Cigar Store, un indio de madera pintado en el espacio entre la pared y la acera al lado de la  puerta de la 8ª Avenida. Trabajaba y vendía día a los pocos parroquianos que entraba en tan pobre local, tabacos. La vida de los tres era totalmente diferente. Maceo agitándose entre los abatidos emigrados en un esfuerzo de levantar fondos. Asistí con otros niños emigrados a un mitin que estuvo muy concurrido en el cual dieron los cubanos pequeñas cantidades y prendas de ropa para los mambíes rendidos en Oriente. Yo me quité mi sobretodo y lo eché en la pila. Maceo me dio la mano y felicitó preguntándome cuándo venía mi padre de la prisión en España.”

“(…) Me invito que fuera a visitarle a su alojamiento en la casa de Huéspedes de la calle 9. Fui a verle y Madame Griffau, la propietaria, me hizo pasar al salón de recibo atestado de patriotas emigrados y veteranos de la guerra. Atento y ceremonioso me dio consejo de obediencia filial y recados para mi madre. La impresión que me causo el general Antonio nunca la olvidé si no hubiera ido a la guerra con mi padre, con Maceo ligero me hubiera ido a sus órdenes.” (3)

En 1878 la guerra de Cuba concluyó con el Pacto del Zanjón, no se obtuvo la independencia. Pero se llegó al acuerdo que los cubanos detenidos serían puestos en libertad. Calixto fue liberado y decidió marchar a Nueva York a encontrarse con la familia.

Cuando Isabel se enteró de la inminente llegada de Calixto sacó a sus tres hijos de los centros internados donde estudiaban y los llevó a su casa. Al reencontrarse el matrimonio se estableció en un humilde apartamento de un edificio en 360 Oeste, calle 45 y 44, Novena Avenida. Los niños comenzaron a asistir a escuelas públicas. Leonor a la del Este calle 13 y Calixto y Carlos a la de la calle Oeste 52.

Calixto trabajaba incansablemente uniendo voluntades, buscando recursos, organizando: “… bajaba de mañana a la tienda de Leandro Rodríguez, tesorero de la Junta Revolucionaria y allí en un rincón estrecho recibía sus visitas, con benevolencia hidalga, castigaba con arranques elocuentes la desidia o abyección de sus paisanos, recordaba con chispas en los ojos la bravura de la guerra, comentaba, con lucidez singular, la historia de los pueblos y la literatura militar.”(4)

El humilde hogar se llenaba con la alegría de los niños y la esperanza de la nueva vida que se formaba en el vientre de Isabel: “Vivíamos pobremente, recordaba Carlos, aunque no faltó comida mientras mi padre estuvo con nosotros. En los días de apuro mi padre le vendía a Néstor Ponce de León las obras de historia y las colecciones de obras literarias españolas y francesas que había traído de la prisión pues era apasionado lector (….)” (5)

Numerosos emigrados visitaban la casa de Calixto, casi diariamente, entre ellos Francisco Sellen (6) todos los domingos llegaba hasta el hogar, a Leocadio Bonachea se le podía ver a menudo. Los niños fueron impresionados por su legendaria figura “… limpio, elegante, cortes”, (7)  Juan Arnao y Alfonso (8) “… visitaba nuestra pobre vivienda permaneciendo largas horas escuchando los desvaríos de cubanos exaltados sin interrumpirlos”. (9) Arnao en una ocasión, en gesto de congratulación con la sufrida prole del general, escribió una poesía en la libreta de Leonor.

El internacionalista italiano Natalio Argenta se ganó el cariño y el respeto de la familia. Argenta combatió bajo las órdenes de Garibaldi por la unidad italiana y posteriormente se unió al movimiento revolucionario cubano. Convertido en ayudante guardaespaldas voluntario de Calixto, visita frecuentemente la casa hasta convertirse prácticamente en un miembro más de la familia. Calixto e Isabel tendrán un hijo, en New York, al que nombra Mario. Al nacer en enero de 1880, la ayuda Natalio Argenta fue indispensable en los quehaceres de la casa. La típica y sabrosa comida italiana inundó la mesa, ganando el gusto de Calixto, Isabel y los chicos. Nadie en el seno de aquel humilde hogar podía imaginarse que compartía los últimos meses de dicha de un hombre que daría su vida por la libertad de Cuba en la Guerra Chiquita. Integró la expedición de Calixto que desembarca en Cuba en mayo de 1880 capturado fue ejecutado. Ante el fracaso de la nueva contienda Calixto depone las armas y es remitido de nuevo a España.

Mientras, en Estados Unidos, Isabel ha quedado de nuevo sola, se crece en la adversidad cose pago y recibe la módica ayuda de algunos emigrados. Carlos, de unos trece años, tiene que empezar a trabajar cuando termina las clases para ayudar al sostén del hogar. Se hizo mensajero de la Western Unión Telegrap Company. Conoció el mundo sórdido de los barrios marginales neoyorquinos: “La policía no podía hacerse respetar (…) en esas calles me aterraba entregar telegramas habiendo sido conminado por un rufián a entregarle un telegrama que no iba a él dirigido. Escapé con suerte.”(10)

Carlos logró colocarse como mensajero en el comercio de los comerciantes Zell y Po. (11) En medio de estas penurias materiales el pequeño Carlos desarrolló una gran sensibilidad por la música: “Desde muy niño manifestó afición a la música a tal punto que una hija del Dr. Pablo Desmernine, Nena, gran pianista me tomó de alumno cuando yo tenía unos diez años; pero como llegaba a la clase con las manos sucias de cargar los mandados de la tienda a sus parroquianos, tuvo Nena Desmernine que suspender mi enseñanza musical. Pero no dejé de asistir a conciertos con billetes que me regalaban los Sager Beer Saloon de Nueva York obsequio como anunciante de los carteles y programas de exhibición.”(12)

Los niños tomaron parte en algunas actividades en apoyo a la independencia antes del fracaso de la Guerra Chiquita. Carlos colaboró en la preparación del mitin de Steck Hall. Al respecto recordaba: “Yo fui, encargado por Martí para recoger banderas cubanas de las familias para decorar la sala y todo el día estuve cerca de los esposos (Martí y Carmen Zayas Bazan) Ocupe con otros niños asiento delantero.”(13)

Al conocer la detención de Calixto García, Martí escribió una hermosa poesía en una libreta de Leonor:

Leonor: ¿lo ves? Los pies ensangrentados Rota la frente, el alma en cruz pasea, Rugen sus pensamientos agitados

Como la mar que contra el barco olea,
Y con alas de sangre, el aire corta,
Pura, sombría, absorta,
Rumbo al cielo ! oh dolor! la gran idea.
Leonor: ¿lo ves? Pero si en hora oscura
Sobré los muertos generosos gime,
Y entre enemigos hierros sufre al cabo
Ese dolor sublime
De llevar sobre el hombro a un pueblo esclavo
Si desde el alta solitaria prora,
En el aire, cargado de tormenta
Vierte las suyas, nuestra infamia cuenta
Los patrios males y los propios llora:
¿Qué te importa, Leonor? Cuando a ti vuelva
Lo enlazarán tus brazos, como enlaza
En medio de la selva,
Al viejo tronco erguido,
Por el rayo violento sacudido,
¡La fragante, la dulce madreselva! (14)

En España Calixto es dejado en libertad pero no puede abandonar el país. Se establece en Madrid y comienza a trabajar al lograr cierta estabilidad económica, les pidió a Isabel y a los niños que se trasladaran a España. El 15 de marzo de 1882 escribió a un amigo: “Debe embarcar en New York, para esta, mi familia, que reside en 360 west, 45 th Street.  Al fin me he determinado a traerla para acá, pues Ud. sabe lo doloroso que es estar separado de las personas que se quieren y además, aquí, trabajando mucho, podré educar a mis hijos, a lo cual están reducidas hoy todas mis aspiraciones. Además de la colocación que tengo en el Banco de Castilla, en las horas que me deja libres, me dedico a dar lecciones de inglés y gano lo bastante para vivir.” (15)

En Nueva York, Isabel y los niños toman el buque “Villa de Marsella” de la Compañía Trasatlántica Francesa rumbo a Gibraltar. Desde este puerto lo hacen en un pequeño y poco marinero barco que los hace sufrir los embates  del Atlántico, los conduce a Algeciras donde los espera Calixto. Un agente secreto lo siguió desde Madrid hasta ese puerto para evitar que pudiera fugarse. Desde Algeciras se trasladan en un barco a Cádiz y de allí por tren a Madrid donde se alojan en el piso 2 izquierdo, número 90 de la calle de Fuencarral. Se iniciaba la vida madrileña del matrimonio mambí. Ambos desconocían que nuevas desgracias y separaciones que esperaban por ellos en el futuro. Historia que narraremos en el próximo texto que publicaremos en Memoria Holguinera.

Notas.

1–Archivo Nacional de Cuba, Fondo Donativos y Remisiones, fuera de caja, 123-A.

2–Ídem.

3–Ídem.

4–José Martí, Obras Escogidas, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975, t.  4, pp. 464-465-

5–Ponce de León, era escritor,  editor y librero, establecido en Nueva York.

6–Francisco Sellen. Nació en Santiago de Cuba en 1838, murió en 1907. Poeta y traductor participó activamente en el independentismo sufrió prisión y destierro.

7–Archivo Nacional de Cuba. Donativos y Remisiones, Caja 123-A.

8–Juan Arnao y Alfonso. Nació en Limonar en 1812 y murió en 1901. Por sus acciones contra el colonialismo se vio obligado a pasar al exilio donde tuvo un papel importante. Escribió en 1877 Una historia política de Cuba.

9– A. N. C. Donativos y Remisiones, Caja 123-A.

10–Archivo Nacional de Cuba, Donativos y Remisiones, fuera de caja, 123-C.

11–Ídem.

12–Ibídem 123-D.

13–Ibídem, 123-A.

14–José Martí. Ob. cit.  pp. 464, 465.

15–Centro de Información de las Guerras de Independencia, Museo Casa Natal de Calixto García. Copia del Expediente seguido por los españoles al Mayor General Calixto García (1874-1896) Legajo 4837, Número 62, Año de 1875, Ministerio de Ultramar, Negociado, 2º Cuba.

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