Gibara, puerto, Holguín
El puerto de Gibara fue, durante el siglo XIX y principio del XX, el más importante para el Norte del Oriente de Cuba. Foto: Archivo

Un rostro de la emigración cántabra a Holguín

Buscar el rostro de la emigración en esa infinita aritmética de salidas y retornos entre Cuba y Santander no es asunto fácil. La oportunidad nos la brinda un hombre del XIX: Atanasio Calderón y Villa, nacido alrededor de 1817, en Santibáñez de Carriedo. Aunque contamos con escasa información sobre su origen y primeros años, no parece que procedía de una familia pobre, pues muchos años después, recibiría una herencia de sus padres.

En la década de los años 40, en que Atanasio emprendió el camino hacia Cuba, la gran atracción para la emigración peninsular era la parte occidental del archipiélago y, en especial, La Habana. Allí se acumulaban las mayores riquezas de Cuba, la gran zona azucarera, tabacalera y los puertos importantes. Sin embargo, Calderón escogió el Oriente del país, menos rico y poblado. San Isidoro de Holguín, la población que le acoge, era la cabecera de una extensa jurisdicción. Demasiado alejada de las grandes arterias del comercio internacional, Holguín está más abierta al interior que al exterior. El extranjero es raro en la comarca. En todo el siglo XIX los montañeses, como les llamaban a los nacidos en Cantabria- (17 en total)-, representan el 2.5 por ciento de todos los individuos no nacidos en la ciudad que aparecen en el Libro de Defunciones de la iglesia de San Isidoro de Holguín.

Atanasio se casará con una holguinera, Joaquina Rodríguez Ochoa, hija de una familia de propietarios de tierras (ocho hijos sobrevivirían a esa unión). Nacido en una región de marinos y comerciantes, pronto se da cuenta de la importancia de los cambios que se están produciendo en la comarca desde que, en la década de los 20, se habilitó oficialmente a Gibara como puerto para el comercio. La pequeña villa portuaria no ha dejado de crecer: en sus alrededores surgen ingenios azucareros y vegas de tabaco, buscando la facilidad de la exportación. Atanasio Calderón aparece, en 1855, como vecino del comercio de Gibara. En los buques llega una creciente emigración desde la lejana España; en 1858 se encuentran en Gibara 690 canarios, 76 catalanes, 32 asturianos, 24 andaluces y 18 santanderinos. No son estos últimos muchos por el número, pero sí son importantes por el peso de sus riquezas. En su conjunto formaban un grupo de poder económico y no sería arriesgado llamar a la década del 60 hasta mediados del 70 como los años santanderinos de la historia gibareña.

Dueño de un comercio, Calderón presiente el éxito potencial de algunos negocios que, situaciones coyunturales, pueden hacer muy rentables. Esta emigración que llega a las calles y plazas de la villa necesita donde vivir y sembrar. Calderón entra en el negocio de venta de casas y tierras. El otro negocio floreciente era la mano de obra. Es una constante en la historia de la isla la desesperada búsqueda de ese precioso tesoro. Calderón entra también en el de la compra y venta de esclavos. Esto, junto a un comercio que tiene en la villa y otras vertientes como la venta de maderas preciosas, directamente en Gran Bretaña, irán conformando su fortuna, que alcanza el éxito máximo cuando penetra en el mundo que sostiene la isla: el azúcar. Para ello, adquiere primero una parte del ingenio La Victoria, en la cercanía del puerto de Gibara para pasar más tarde a ser su único propietario. El ingenio La Victoria, situado cerca de la bahía de Gibara, tenía, en 1867, 91 esclavos, cifra sorprendente en una zona no azucarera como Holguín y Gibara. Poco común, también, para la época en esta región era el hecho de que la fuerza para la industria la proporcionaba una máquina de vapor.

La rapidez en los negocios a través de la formación de una eficaz estructura comercial, más allá de la comarca en que vivía, le permitió ser uno de los hombres de mayor fortuna de Gibara: tenía apoderados en la ciudad de Holguín donde residían las máximas autoridades políticas y militares de la jurisdicción; en La Habana centro del mundo político y comercial de la isla; en Santander, donde también poseía intereses; y en la misma Gibara, había autorizado un poder a un vecino para actuar en caso de ausencia o enfermedad.

El lejano Santander está presente día a día en este implacable inmigrante. De allá traerá a su hermano Javier, con quien funda una sociedad anónima que tiene intereses en el comercio en la ciudad de Holguín y en la villa de Gibara. De Santander hará venir al hombre de confianza para sus negocios, González Riancho. De Santander llegará también su segunda esposa, Josefina González Riancho, hermana de su administrador, con la que se casará al quedar viudo.

A Santander enviará a dos de sus hijos de su primer matrimonio a cursar estudios medios, los estudios superiores los seguirían también en España. Sin embargo la voluntad de retorno parece desmentida cuando construye en la villa de Gibara una casa monumental, con residencia en la segunda planta y amplio almacén en la primera. Todavía hoy, a más de un siglo de la muerte de Atanasio Calderón, es la mayor construcción de la ciudad. Negocios, residencia, amistades, familia lo van atando cada vez más a la isla. Y también los acontecimientos políticos van a influir en ello.

El 10 de octubre de 1868 los cubanos se sublevan contra España. Se inicia la llamada Guerra de los Diez Años (1868-1878). Calderón sintió bruscamente que su mundo se le escapaba de las manos. La insurrección que se había extendido por todos los campos de la jurisdicción se apoderó de su ingenio, le causaron destrozos y se llevaron 32 esclavos. Atanasio logró trasladar el resto de la dotación a Gibara y encerrarla en su mansión.

No tardó Calderón en organizar un grupo de voluntarios y unirse a una tropa que se dirigirá a Holguín, en los primeros días de diciembre de 1868, a levantar el sitio a que estaba sometida la guarnición de esa jurisdicción. Puso a disposición de esa fuerza todos los recursos con que contaba.

Pero el golpe económico de la guerra fue demoledor, no sólo ha perdido la explotación del ingenio, sino los negocios madereros, pues las fincas donde se realizaban esas labores quedaron en territorio sublevado. Sin embargo no es hombre de amilanarse con facilidad. Natural de un país de muchas guerras, comprende la importancia del puerto de Gibara.

Se une al esfuerzo colectivo de los comerciantes y demás vecinos de la villa para levantar una muralla que rodee y proteja la población, al tiempo que se construyen fortines en la entrada de la ciudad y otros puntos importantes. Este verdadero furor defensivo sale del marco de la población y se extiende a los numerosos caseríos e ingenios de la comarca, que se convierten en centros fortificados. Mientras, tropas de voluntarios y contra guerrilleros recorren la zona, constantemente, en busca de los insurrectos. Todas estas acciones permitirán una reactivación económica de la región.

Atanasio se ha dado cuenta de que la guerra tiene ciertas aristas no del todo desagradables para un hombre emprendedor. El puerto de Gibara es el único de condiciones defensivas óptimas en la costa Norte de Oriente. Por el puerto embarcan y desembarcan tropas y diversos medios de combate y llega la numerosa mercancía para abastecer guarniciones. En octubre de 1873 obtiene permiso para la construcción de un muelle que será el más largo, ancho y de mejores facilidades para las labores portuarias en Gibara. Poco a poco la seguridad comienza a extenderse desde Gibara a su ingenio La Victoria, que de nuevo echa a andar sus máquinas que, aunque algo disminuida la dotación, cuenta con unos sesenta esclavos, no por eso deja de ser considerado uno de los más importantes de la jurisdicción de Holguín.

La reactivación económica de la capitanía de Gibara y territorios colindantes atraerá a una numerosa población de origen peninsular, canarios, y cubanos, procedentes de otras zonas de guerra. Esta situación será aprovechada por los comerciantes gibareños para pedir un espacio político. Su pretensión será separarse de Holguín y crear un ayuntamiento nuevo. El movimiento lo encabeza Atanasio Calderón y otros vecinos, entre ellos varios santanderinos importantes por su fuerza económica. Los holguineros se niegan a la segregación de la parte más rica del municipio.

Calderón y su grupo de comerciantes deciden enviar una representación ante el Capitán General para exponer sus criterios y otra a la Península para que realice las gestiones ante el Ministro de Ultramar. Las demandas tienen éxito y el 27 de marzo de 1874 se crea el Cabildo de Gibara: en el se encuentran cuatro santanderinos. Atanasio Calderón será su primer alcalde y acudirá puntualmente a todas las sesiones hasta el 15 de marzo de 1875.

Gravemente enfermo, Calderón quiere retornar a Santander, más que para curarse, para morir allá entre los viejos recuerdos de la infancia y la juventud. Con su acostumbrada organización deja hasta los más mínimos detalles para que su familia continúe recibiendo los beneficios de los negocios que mantiene en la isla. Pero la muerte se adelanta. Atanasio Calderón falleció aquel año de 1875. Contaba 58 años.

En su testamento no pidió que su cadáver fuera trasladado al cementerio, que junto a alguna montaña de Santander seguramente guardaría los restos de su familia. Solicitó simplemente que se le enterrara donde falleciera. Quizás era una voluntad secreta e inconsciente de reconocimiento a la isla que lo recibió y aceptó y ahora lo cubriría con su tierra: negra, húmeda y fértil.

La mansión familiar de Atanasio Calderón en Gibara es hoy un museo. Entre aquellas vetustas paredes se guardan las armas, los documentos, las fotos de los insurrectos que tanto combatió y también los grilletes de los esclavos que ayudaron a amasar parte de sus riquezas. Es una silenciosa condena a la indiferencia moral de este hombre. Podríamos preguntarnos cuánta sangre de esclavos sostuvieron sus éxitos, cuántas familias africanas destruyó. Cuánto dolor engendró en estas personas.

Tal parece que nada es separable, ni se puede negar en la historia de la hermosa isla. Como si para todos hubiera un espacio en el pasado apasionante de Cuba porque ha sido historia común sufrida por todos; como si el que se acercase a las costas de la isla no tuviera posibilidad de romper con esa historia, con ese pasado común.

Bibliografía

1.-Enrique Doimeadios Cuenca y María Hernández Medina. Apuntes para una historia del Municipio de Gibara 1492 1878 Ediciones Holguín 2008

2.-Jose García Castañeda La municipalidad holguinera (1800 1850) Ediciones Holguín. 2021.

3.-Aurelio Gónzalez Riancho Información sobre Santander al autor.

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