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Bebé recibiendo su alimentación. Foto ilustrativa Canal Chupete /tomada de cubadebate.cu

Holguín por la prevención de accidentes en niños

Ambos niños rondaban los ocho años de edad, imagino que suficiente motivo para que a alguien, muy desprovisto de responsabilidad se le ocurriera dejarlos ir solos a comprar alguna chuchería a uno de los  quioscos privados abarrotados de confituras, esas que tanto les gustan.

Si bien ese es para ellos un lugar de ensueño, no está desprovisto de peligros, al contrario, está ubicado nada más y nada menos que a uno de los lados de la transitada calle Real, del populoso reparto Pueblo Nuevo, en la ciudad de Holguín y lo que resulta peor,  estos dos menores de edad andaban solos.

Y ciertamente, no hubiera habido peligro alguno si uno de los dos niños que segundos antes estaba entretenido devorando una pastica de maní no hubiera echado a correr, sin mirar para lado alguno y atravesado la calle, de improvisto, cual relámpago, solo detenido por la colisión con un motorista, quien con poco tiempo a reaccionar perdió el equilibrio para no atropellarlo, o al menos ocasionarle el menor daño posible.

Situaciones parecidas a esta se reiteran a diario en la ciudad cubana de los parques y marcan la necesidad de la prevención de accidentes en niños. Una vez más, latente la frase de que los accidentes no son ni tan impredecibles ni tan accidentales. Estamos ante un fenómeno en verdad tan sensible, como lamentable, porque pone en riesgo la vida de menores de edad.

Cuando se trata de eventos inesperados que involucran a niños resultan doblemente penosos, no obstante, al indagar en sus causas se termina por descubrir que alguna cuota de culpa cargan las personas encargadas de su cuidado.

Preocupan a diario más casos de los que quisiera de niños, digamos que “distraídos”, en plena vía pública. Tales errores terminan, en no pocos casos, por costarles la vida a quienes apenas comenzaban a vivir, en plena salud y con un futuro por delante.

No siempre el destino conspira para evitar hechos así, lamentables, que calan muy hondo en la vida de las familias afectadas. Entonces no importan los remordimientos y pensar en lo que se pudo hacer y no se hizo a tiempo, todo pierde sentido y es que se truncó una vida.

Aunque en el caso narrado no pasó más allá del susto y algún que otro golpe leve, ¿dónde estaban o qué hacían los padres  o encargados de los niños en ese momento?, ¿por qué estaban solos en medio de la calle?, ¿Tendrán igual suerte otro día? Sobre esta última pregunta en verdad prefiero ser optimista y pensar que no va a ocurrirles algo peor, pero bien vale preguntarse ¿qué hacen sus padres para garantizar que no sea así?

Muchos aseguran que los tiempos han cambiado y los niños deben criarse con mayor libertad e independencia. En mi opinión, debe mantenerse una estrecha supervisión de los padres sobre los actos de sus hijos, aún cuando estén algo más crecidos que los mencionados.

Lea: Aplican en Holguín estrategias para la prevención de salud

Incluso este fenómeno del descuido y la desatención de los menores, por parte de los progenitores, no es una problemática exclusiva o un hecho aislado, pues a menudo escucho más de lo que quisiera a quienes refieren no tener ni idea de por dónde andan sus hijos o de accidentes en hogares y en la vía pública casi ilógicos, o mejor dicho, que ocurren a causa de la irresponsabilidad de quienes debieron velar por su seguridad y no lo hicieron.

Es una realidad la muerte de niños en este territorio nororiental cada año a causa de fatalidades, que detrás están marcadas por la falta de supervisión o el descuido de los mayores. Sí, a todos nos gustan los finales felices, pero para que esto ocurra se debe actuar en consecuencia.

En los más pequeños es recomendable eliminar los peligros potenciales en los hogares, supervisar los baños en ríos, playas y piscinas y sobre todo, enseñarlos a asumir conductas responsables en la vía.

La seguridad de la que gozan nuestros niños en Cuba no debe hacernos confiar a padres y familiares. Para que podamos ver crecer a nuestros niños a plenitud, se debe actuar en consecuencia y así prevenir lamentables accidentes, con desenlaces fatales que cual historias inconclusas, carezcan de un final feliz.

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