Estaba a punto de cumplir siete años cuando ocurrió la masacre de los expedicionarios del yate Corynthia (28 de mayo de 1957) y a pesar de tan corta edad, en aquellos tiempos en que la información se negaba o tergiversaba, supe del suceso gracias a mi abuelo Modesto, quien siempre buscaba la manera de conocer las noticias que se radiaban entonces.