Servicio a domicilio
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El auge del servicio a domicilio en Cuba (+ Infografía)

La fisonomía de nuestras calles ha cambiado. Si hace unos años el acto de comprar implicaba, obligatoriamente, el calvario de caminar cuadras bajo el sol, marcar en colas infinitas o recorrer varios puntos de venta con la esperanza de «cazar» lo necesario, hoy una nueva dinámica gana terreno en la vida diaria de Cuba: el servicio a domicilio.

Lo que empezó como una alternativa tímida o un lujo ocasional, se ha instalado con fuerza en la cotidianidad. Hoy, una parte considerable de la población prefiere —siempre que el bolsillo y la disponibilidad lo permitan— dar un clic, hacer una llamada o enviar un mensaje de WhatsApp antes que lanzarse a la calle. El fenómeno trasciende la mera comodidad; en medio de la densa crisis que atravesamos, quedarse en casa y esperar el producto se ha convertido en una estrategia de supervivencia emocional y de optimización del tiempo. Salir a la calle agota, desgasta; el domicilio, en cambio, simplifica el día a día.

Sin embargo, detrás de esa caja de comida, ese paquete de ropa o ese artículo de primera necesidad que llega intacto a la puerta de la casa, hay una historia de esfuerzo que a menudo permanece invisible. Es hora de poner la mirada en los rostros de esa logística: los repartidores o deliveries.

Muchas veces los vemos pasar velozmente y asumimos que su labor es sencilla, pero la realidad es otra. Están los que van motorizados, esquivando baches y lidiando con el tráfico. Aunque utilicen motos eléctricas o ciclos de batería —una alternativa vital ante la escasez de combustible—, mantener esos vehículos rodando es una proeza. Las baterías se agotan, los neumáticos se gastan y las piezas de repuesto alcanzan precios astronómicos en el mercado actual. Cada viaje desgasta un medio de transporte que es, a la vez, su único sustento.

Y luego están los más vulnerables y tenaces: los que van a pedal. Aquellos que, desafiando las altas temperaturas de nuestro clima y las pendientes de la geografía urbana, entregan el pedido impulsados únicamente por la fuerza de sus piernas. Un esfuerzo físico descomunal que merece un respeto profundo y una remuneración justa. En medio de las carencias actuales, pedalear kilómetros para cumplir con un cliente es un trabajo de una dignidad tremenda.

Infografía sobre servicio a domicilio
Infografía: Álvaro Raúl Suárez

El servicio a domicilio ha llegado para quedarse porque llena un vacío, conecta la oferta con la necesidad y alivia la carga de los hogares. Pero para que este engranaje funcione de manera justa, la sociedad debe aprender a valorar a quienes lo sostienen. No son solo repartidores; son trabajadores que asumen el desgaste físico, material y el riesgo de la calle para que otros puedan tener un respiro. La próxima vez que suene la puerta y recibamos nuestro pedido, no olvidemos que lo que llega a nuestras manos viene impulsado por el sudor, el pedaleo y el empeño de alguien que merece mucho más que un simple «gracias».

Alvaro Raúl Suárez Leyva