Incomunicación por apagones
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El otro apagón: incomunicación telefónica (+ Infografía)

En el siglo XXI, hablar de comunicaciones a distancia no es referirse a un lujo tecnológico ni a un entretenimiento de redes sociales; se trata de una infraestructura vital para la supervivencia humana. En la Cuba de hoy, sin embargo, la crisis energética, exacerbada por el hostigamiento económico de Estados Unidos contra la isla, ha traído consigo una sombra periférica pero igualmente devastadora: el apagón de las comunicaciones.

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Cuando la corriente eléctrica se marcha por horas interminables se lleva consigo mucho más que el aire fresco o la refrigeración de los alimentos; se lleva además la posibilidad de saber si los nuestros están bien.

El impacto en la cotidianidad es crudo. Las radiobases de telefonía móvil del país dependen, inevitablemente, de un fluido eléctrico que hoy falta de manera récord. Al quedar desprovistas de energía, la cobertura colapsa. El resultado es un silencio sepulcral que fractura los lazos familiares justo cuando la distancia geográfica —con una emigración que ha dispersado a las familias cubanas por todo el mapamundi— hace que el contacto diario sea el único bálsamo contra la incertidumbre.

Familias enteras pasan jornadas en un aislamiento absoluto, incapaces de enviar un mensaje de «estoy bien» o de recibir el apoyo, moral o económico, de sus seres queridos en el exterior.

El verdadero peligro de este escenario no radica en la incomunicación cotidiana, sino en su vulnerabilidad ante la emergencia. ¿Qué sucede cuando ocurre un accidente doméstico en medio de la madrugada y las barras de señal del teléfono están en cero? ¿Cómo se comunica un infarto, un parto adelantado o un incendio si los teléfonos fijos y móviles han quedado mudos?

La falta de conectividad transforma los imprevistos de salud o de seguridad en situaciones potenciales de vida o muerte. La sociedad queda desamparada, desprovista de la red de seguridad más básica que la modernidad debería garantizar: pedir auxilio.

Este aislamiento forzado cala hondo en la psicología colectiva. Vivir con la constante zozobra de no saber qué pasa al otro lado del teléfono genera una ansiedad silenciosa que desgasta el tejido social. Nos desconecta de la realidad, nos encierra en un limbo informativo y paraliza dinámicas laborales, educativas y comerciales que hoy dependen enteramente de lo digital.

La comunicación es el sistema nervioso de cualquier sociedad moderna. El bloque petrolero de Estados Unidos priva actualmente a los cubanos de ella, es condenarlos a un aislamiento que no solo atrasa, sino que desprotege.

El fluido eléctrico podrá faltar, pero la garantía de una vía para emergencias y el derecho a estar comunicados con quienes amamos no debería ser, jamás, una variable de la que se pueda prescindir.

Infografía-incomunicación por apagones, Cuba
Infografía: Álvaro Raúl Suárez Leyva
Alvaro Raúl Suárez Leyva