En un escenario económico marcado por limitaciones severas, la Empresa de Materiales de la Construcción (Médano) de Holguín despliega un conjunto de transformaciones productivas y de gestión para mantener sus operaciones.
La entidad, con más de dos décadas de creada y distinguida en cuatro ocasiones como Vanguardia Nacional, enfrenta el desafío de producir con recursos escasos y un acceso restringido a insumos clave como el cemento y el combustible.
El director general de Médano, Yunior Leyva Pupo, explicó que la entidad ya trabajaba en el fortalecimiento de la empresa estatal socialista desde el 8vo Congreso del PCC. Sin embargo, la llegada de la pandemia de COVID-19 y la posterior implementación de las 43 medidas para el fortalecimiento empresarial evidenciaron la necesidad de ir más allá. «Las 43 medidas no daban el cómo», señaló Leyva Pupo.
Ahora, esas directrices cobran una nueva dimensión con las 176 transformaciones económicas y sociales aprobadas por el país, un paquete que busca ampliar la autonomía de la empresa estatal y permitir un acceso descentralizado a insumos, divisas y combustibles a través de mecanismos de mercado.
Para materializar estos cambios, Médano convocó a su consejo técnico asesor y trazó cinco líneas de trabajo fundamentales. La primera se centra en resolver problemas mediante la ciencia, la innovación y la gestión tecnológica.
La entidad estableció vínculos con instituciones de educación superior, como la Universidad de Holguín, para desarrollar proyectos que sustituyan importaciones y aprovechen recursos endógenos.
Entre las soluciones aplicadas destacan el uso de arena lavada local y la revalorización de residuos del pulido de baldosas para fabricar mortero cola. Esta línea de trabajo también incluye la formación de personal en maestrías y doctorados para aplicar la gestión del conocimiento a los problemas productivos.
La segunda línea de acción son los encadenamientos productivos con actores económicos estatales y no estatales. Médano extendió su radio de acción más allá de su territorio para integrarse con industrias como la de Las Tunas y la de Camagüey, identificando potencialidades que antes se cubrían con importaciones. «Ahí está la otra parte de lo que venía del exterior que se podía producir en Cuba», argumentó el directivo.
Esta búsqueda de sinergias locales se complementa con una tercera línea enfocada en la economía circular, que ha permitido diversificar el catálogo de producciones. La empresa elabora ahora ladrillos de barro, procesa piedra caliza de municipios como Mayarí y Sagua de Tánamo, y produce mortero sin cemento (CeroCem), además de mezcla asfáltica en frío y mobiliario a partir de restos de madera que antes se desechaban.
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Los pasos también se encaminan hacia la soberanía energética mediante un cambio gradual de su matriz eléctrica, basado en la instalación de tecnología fotovoltaica y sistemas de respaldo para reducir su dependencia del Sistema Eléctrico Nacional (SEN).
Esta energía está distribuida entre su sede central y varias Unidades Empresariales de Base (UEB), lo que permite garantizar la continuidad de los procesos durante los horarios de afectación eléctrica. Para el área industrial, donde los altos consumos y el polvo de los molinos de áridos descartan la fotovoltaica, la empresa evalúa otras fuentes renovables como la eólica, con la meta de cerrar el año con unos 40 kW de potencia instalada que le permitan inyectar energía al SEN los fines de semana y fortalecer la red a nivel local.
El impacto social es la cuarta línea de trabajo. Médano impulsa el programa de adelanto de la mujer, lo que ha conllevado mejoras en la movilidad eléctrica para facilitar el acceso al puesto de trabajo. Asimismo, fomenta la soberanía alimentaria con la siembra de hortalizas en varias de sus UEB y el desarrollo de la cunicultura, la cría de ovejos y aves en diferentes municipios. «La máxima aspiración es que tengamos el almuerzo diario», afirmó Leyva Pupo, quien agregó que estos esfuerzos también permiten apoyar a personas vulnerables.
A pesar de los avances, el directivo identificó tres barreras que persisten en la implementación de las transformaciones. La primera es la gestión de la cuenta en divisa, un paso que ya se ha logrado. La segunda se refiere a los precios, que aunque ya son referenciales con el mercado, aún presentan desafíos. La tercera, y quizás la más compleja, es el acceso al mercado cambiario.
«Hoy la transformación que tiene que ver con el mercado cambiario todavía tiene alguna que otra barrera y lo hemos identificado», declaró Leyva Pupo. La empresa necesita divisas para importar combustible, cemento y piezas de repuesto, insumos indispensables para sostener la producción en un contexto donde la crisis energética global y las sanciones de Estados Unidos contra Cuba agravan la escasez.
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El país adoptó medidas de emergencia para enfrentar la situación, en este marco, la experiencia de Médano ilustra una respuesta posible: la aplicación de ciencia e innovación para generar valor a partir de los recursos disponibles y la diversificación productiva como estrategia de supervivencia.
El caso de esta empresa holguinera deja una lección que trasciende sus muros, es parte de la resiliencia que se construye con el trabajo diario de colectivos como el de Médano, que demuestra en las condiciones más adversas, que la inteligencia aplicada a la producción y el compromiso con el bienestar social pueden abrir caminos donde otros solo ven obstáculos.
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