Cuba: Emprender en tiempos difíciles

Por: Álvaro Raúl Suárez Leyva
Emprendimiento

En Cuba, emprender y mantener un negocio abierto se ha convertido en una prueba cotidiana de resistencia. Detrás de cada cafetería, pequeño taller, punto de venta o emprendimiento familiar hay personas que intentan sostener una fuente de ingresos en medio de la inflación, los apagones, la escasez de insumos y las dificultades para acceder a financiamiento, transporte y mercados estables.

Sin embargo, en el imaginario de algunos ciudadanos persiste la idea de que quienes poseen un negocio son responsables del encarecimiento de los productos o que viven en la abundancia. Esa percepción, aunque comprensible ante los precios actuales, no siempre refleja la realidad. La mayoría de los pequeños empresarios y trabajadores por cuenta propia no se hace millonaria. En muchos casos, apenas logra recuperar la inversión, pagar salarios, cubrir gastos y llevar el sustento a sus hogares.

Infografía sobre emprendimiento negociosHubo un tiempo en que se invertía menos y las ganancias podían superar el 50 por ciento. Hoy, con frecuencia, el panorama es muy distinto. Los costos de las materias primas, el transporte, el combustible, el alquiler, el mantenimiento de los equipos y la reposición de mercancías se han elevado considerablemente.

A ello se suman los cortes eléctricos, que dañan productos, paralizan servicios y obligan a realizar gastos adicionales en baterías, plantas eléctricas u otras alternativas de energía renovable. Después de asumir todas esas cargas, la ganancia puede reducirse a un 10 % o, con suerte, alcanzar un 20.

Por eso, el precio final de un producto no depende exclusivamente de la voluntad del comerciante. Muchas veces es el resultado de una cadena marcada por la escasez, la intermediación, la inestabilidad monetaria y la falta de condiciones para producir. Culpar automáticamente al último eslabón puede ofrecer una explicación sencilla, pero no resuelve el problema de fondo.

Esto no significa justificar abusos. También es necesario exigir transparencia, calidad, cumplimiento de las normas y responsabilidad social. Los negocios deben evitar precios arbitrarios, engaños al consumidor, acaparamiento y prácticas que perjudiquen a la población. Pero la crítica debe distinguir entre quien especula y quien lucha legítimamente por mantener abierta una puerta, pagar a sus trabajadores y sostener a su familia.

El emprendedor cubano también es víctima de una situación económica compleja. Lo son igualmente el trabajador estatal, el consumidor, el productor y el comerciante. En lugar de enfrentarnos entre nosotros, deberíamos comprender que todos formamos parte de una realidad en la que los costos aumentan, el poder adquisitivo disminuye y las soluciones individuales resultan insuficientes.

Los pequeños negocios pueden contribuir al empleo, a la oferta de bienes y servicios y al desarrollo local, pero para ello necesitan reglas claras, acceso más estable a proveedores, mecanismos financieros funcionales, menos trabas burocráticas y condiciones energéticas que permitan trabajar. Facilitar su labor no significa abandonar el control; significa crear un marco que favorezca la legalidad, la competencia justa y la protección del consumidor.

La sociedad tampoco puede pedir precios bajos sin preguntarse cuánto cuesta producir, transportar y conservar cada mercancía. Del mismo modo, los negocios no pueden ignorar la difícil situación de las familias. Hace falta diálogo, sensibilidad y equilibrio entre la rentabilidad necesaria para continuar y la responsabilidad de ofrecer productos y servicios asequibles.

No existen soluciones mágicas ni culpables únicos. Las causas de la crisis económica trascienden las manos de un pequeño comerciante o de un trabajador por cuenta propia. En medio de las dificultades, la discusión debe alejarse de los prejuicios y acercarse a la realidad: muchos negocios no están acumulando riquezas, sino tratando de sobrevivir.

Cuando un emprendimiento cierra, no desaparece solamente un punto de venta. También se pierde un empleo, una iniciativa y una posibilidad de aliviar necesidades en la comunidad. Por eso, más que condenar de manera general, corresponde analizar, regular con justicia y apoyar aquello que se hace de forma honesta. En tiempos de crisis, comprender al otro no resuelve todos los problemas, pero puede impedir que quienes ya sufren terminen enfrentados entre sí.

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