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Elenco del filme cubano Estrés. Foto: Carlos Rodríguez

Estrés: el carácter documental de un filme cubano

El cine cubano desde “La muerte de un burocráta” (1966) de Tomás Gutiérrez Alea es el medio más crítico entorno a la realidad cubana, diferentes generaciones de directores han denunciado las fallas del sistema social y las vicisitudes del día a día del pueblo.

Es en los archivos fílmicos, y no en los de la prensa, donde se encuentra reflejado tal cual el proceso revolucionario. Es su carácter crítico y su valor documental, lo que le dan valor a «Estrés», la última cinta estrenada por la directora Marilyn Solaya.

Si bien cuenta con la actuación de dos grandes figuras de la cinematografía del archipiélago, los rostros de Isabel Santos y Luís Alberto García, los cuales, hemos visto envejecer desde grandes filmes como: Clandestinos (1987), Adorables mentiras (1991), Ya no es antes (2016) hasta Estrés (2026) donde no son sus actuaciones sino el carácter documental lo que define la cinta.

Las actuaciones más relevantes aquí son las de Verónica Linch, el rostro de la tercera edad en los últimos filmes cubanos y, la de Iyaima Martínez, actriz que debuta en un papel muy convincente y desgarrador a pesar de lo cotidiano.

Ya no es el burocrátismo que Alea denunció en “La muerte de un burócrata”, o en “Guantanamera”, es una sociedad mucho más respetuosa y tolerante a la de “Fresa y Chocolate”, más desgarrada que la de “La Vida es Silvar” de Fernando Pérez, es la Cuba del 2026 a través del lente de Solaya.

Es un lente que no muestra extremos, sino, lo más cotidiano, el estrés por soluciones no encontradas a largas conversaciones como en “Regreso a Itaca” o como en su anterior filme “Por qué lloran mis amigas”. Como obra de arte la película queda como una “Historias de un día más”, pero con menos creatividad, no hay actuaciones estelares a pesar del elenco, ni un montaje creativo, ni una banda sonora espectacular.

Estrés, el carácter documental de un filme cubano
Foto: Cortesía del Icaic

El filme muestra la realidad de algunas familias, en las cuales existen capas sociales más acomodadas, dentro de la población; si bien retrata la vida cotidiana como una lucha difícil los protagonistas lloran bajito, se tragan el llanto y no explotan.

Siguen aguantando, a pesar de dejar mensajes claros: “uno no puede andar bien, pensar bien, amar bien, si no ha comido bien…»; … La dignidad no se come… y … no puedes pedirle a los de aquí que salgan a la calle con palos y piedras si los que se fueron no lo hicieron …

El guion no sigue un patrón tradicional, hablando del cine clásico, aunque si es uno más de una lista de películas cubanas que no siguen una historia principal para, en cambio, mostrar que a veces tienen vasos comunicantes y otras no.

Las diferentes realidades que muestra Solaya se resumen en la escena, donde el hijo ha renunciado a sus sueños, y marcha junto a sus ancianos padres de regreso a casa, una escena que en definitiva, simboliza como asumimos los cubanos nuestra realidad.

Carlos Rodríguez Rubio
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