La música no solo guía sus vidas profesionales, sino que trazó el mapa de su historia de amor. Fernando Cabreja y Edelis Loyola no solo comparten un hogar; han construido un «taller de creación» donde el respeto mutuo y la pasión por el arte son los cimientos de un matrimonio que inspira a las nuevas generaciones de trovadores en Cuba.
Ella era una adolescente de 14 años, él un joven que llegó una tarde con una guitarra y canciones de la Nueva Trova. Corría el año 1981 y, aunque no lo sabían, en un aula de la secundaria del Jobo en San Juan empezaba a tejerse una relación que superaría la distancia y el tiempo para convertirse en un pilar de la cultura en Holguín.
Su historia comenzó hace más de cuatro décadas con una imagen muy particular: una guitarra y una canción de por medio. ¿Cómo recuerdan ese primer instante?
«Fue una experiencia muy linda. Yo era muy niña y nunca había tenido un novio. Recuerdo que era un domingo, estaba solita en un aula y llegó Fernan así, sorpresivamente, con su guitarra. Fue un momento mágico, algo que nunca había sentido. Hubo un fuerte lazo que creó la música en nosotros dos», recuerda Edelis Loyola.

«Llegué una tarde con mi hermano a esa secundaria y allí la conocí —rememora Fernando Cabreja— Hubo una sintonía, una empatía inmediata. A mí me llamó mucho la atención ver a una adolescente conectada con las canciones de la nueva trova que yo estaba tocando».
Esa conexión fue el preludio de una vida. Sin embargo, como sucede en las mejores canciones, hubo un silencio, un paréntesis de seis años. La vida los separó. Edelis se casó y tuvo a sus dos primeros hijos, Robert y Yosel. ¿Qué sintieron al reencontrarse?
«Después volvimos a encontrarnos. Fue justamente en el momento donde él hizo una canción que al público le gusta mucho y, por supuesto, a mí también: «Volviste a mí», confiesa Edelis.
Ese reencuentro no solo unió sus vidas, sino que amplió su familia. Fernando asumió con amor la paternidad de los hijos de Edelis. «Yo los quiero como si fueran mis hijos. Ellos me quieren a mí también, y para mí eso es una gran satisfacción. Es señal de que trabajé en función de eso, sabiendo que yo no era el padre biológico».
De esa unión nació después la hija que completó la familia, consolidando un hogar que hoy es punto de encuentro obligado para los artistas de la zona. Una casa de cultura llamado hogar.

Holguín es un hervidero cultural. ¿Cómo es el día a día en una casa de artistas? «Nuestra casa es como una casa de cultura más. Vienen muchos artistas, muchos amigos. Pasamos el día entre el corre corre del trabajo: que Fernando afine la guitarra, que ya me tengo que ir para la lista de la compra, y entonces yo terminando el almuerzo. Y si no, viene un amigo y le colamos un cafecito y conversamos. Es un gran taller de creación», confiesa Edelis Loyola.
«Yo creo que el mismo amor por la creación nos genera un respeto mutuo. El matrimonio es respeto. Hemos llegado hasta aquí por el amor que nos tenemos, por la creación y por el respeto mutuo por lo que cada uno hace», añade Cabreja.
Y es que lo de ellos son dos carreras sólidas y paralelas. Mientras Fernando es conocido en el gremio como «El Cacique de la Trova», con una obra de profunda carga existencial y filosófica, Edelis es, sin discusión, una de las principales compositoras de música para niños en la isla.
La obra de Fernando Cabreja, como «Marcha de la vida esdrújula» o «Canción al desaliento», ha sido versionada por reconocidos grupos y trovadores cubanos, aunque su estilo interpretativo único radica en la magia de decir sus propios textos. El valor de crear desde la distancia.
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Y la música infantil de Edelis ha viajado más lejos que la de muchos artistas de La Habana, incluso hasta España. ¿Cómo se siente ese reconocimiento fuera, a veces, estando lejos de los grandes centros de promoción?
«Una vez un periodista escribió eso de que ‘nadie es profeta en su tierra’. A veces cuesta trabajo presentarse en los grandes escenarios de la capital, pero gracias a manos solidarias hemos podido llevar canciones como ‘Ojo con el piojo’ —que luego grabó Liuba María Hevia— a otros públicos. El objetivo final es que los niños aprendan jugando, sin importar dónde estén».

Edelis y Fernando son ejemplo e inspiración para muchas parejas de músicos holguineros y cubanos. Por su capacidad de crear y danzar con la voz y las guitarras, juntando su arte con la vida diaria.
En este 14 de febrero, su historia nos recuerda que el amor, como la buena trova, a veces necesita un tiempo de silencio para encontrar la melodía perfecta. Y cuando lo hace, resuena para siempre.
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