Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia

Mujeres y niñas, la columna vertebral que transforma la ciencia global

En un día como hoy, 11 de febrero, el mundo une sus voces para celebrar un faro de progreso y esperanza: el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia.

Esta fecha fue establecida por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2015, con un propósito claro y urgente: romper uno de los techos de cristal más resistentes, el de las disciplinas científicas y tecnológicas.

Su creación respondió a una evidencia contundente: la profunda brecha de género que por siglos ha excluido a mujeres y niñas de los espacios donde se diseña el futuro. No se trata de una celebración vacía, sino de un instrumento de visibilidad y presión para acelerar un cambio histórico.

Lejos de ser una simple efeméride, esta fecha se ha convertido en un poderoso recordatorio de cómo el talento, cuando se nutre y se libera de barreras, transforma sociedades enteras. A nivel global, hemos sido testigos de una revolución silenciosa pero imparable.

Cada vez más niñas ven en figuras como la física Andrea Ghez o la bioquímica Katalin Karikó un camino posible. Los programas de mentoría, las campañas de visibilidad y un lento pero constante cambio cultural están derribando estereotipos, demostrando que el ingenio no tiene género y que los laboratorios y los algoritmos ganan cuando los construyen equipos diversos.

Esta ola de cambio no es solo un acto de justicia; es la mejor inversión para un futuro donde los desafíos de la humanidad exigen todas las perspectivas y toda la creatividad disponibles.

En este panorama alentador, Cuba brilla con luz propia, ofreciendo un ejemplo tangible de lo que se puede lograr con voluntad política y acceso universal. La isla exhibe con orgullo una de las estadísticas más elevadas del planeta: las mujeres representan aproximadamente el 53 % de su fuerza científica, un logro que es fruto de décadas de apuesta por la educación pública, gratuita y de calidad para todos.

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Este compromiso ha permitido que las cubanas no solo sueñen con la ciencia, sino que la hagan. Son el pilar fundamental de sectores de vanguardia como la biotecnología, donde han contribuido a logros reconocidos mundialmente, como sus propias vacunas. El modelo cubano demuestra que, cuando se eliminan las barreras económicas para el acceso al conocimiento, el talento femenino florece de manera natural y poderosa.

Es un caso que inspira y que muestra al mundo, especialmente a la región latinoamericana, que es posible construir un ecosistema científico donde la mujer no es una invitada, sino la columna vertebral.

Esta celebración, por tanto, no es solo un reconocimiento, sino una proyección de futuro. Un futuro que, siguiendo ejemplos de inclusión y empoderamiento como este, será escrito con la pluma de millones de niñas que hoy, en aulas de todo el mundo, ya se ven a sí mismas como las científicas, ingenieras y descubridoras del mañana.