El jazz en Cuba ha sido narrado casi siempre desde una perspectiva habanera. Sin embargo, en el Oriente cubano, el «género sincopado» guarda una historia igualmente rica con figuras como Peruchín, Emiliano Salvador, Juan Pablo Torres o Juanito Márquez. Así lo defiende el investigador y realizador radial Zenovio Hernández Pavón, quien ha dedicado su vida a devolver a los holguineros el orgullo por su identidad cultural.
Su obra, que incluye estudios sobre Miguel Matamoros, El Guayabero, Barbarito Diez, Elena Burke, Ñico Saquito y el Diccionario biográfico musical de compositores cubanos, ha sido fundamental para comprender la dimensión internacional de la música cubana y, a la vez, sus raíces regionales.
Los primeros pasos del jazz en Holguín, explica el historiador musical, se remontan a la ciudad de Banes, donde las comunidades americanas asentadas en enclaves económicos fomentaron la práctica del género desde inicios del siglo XX. En 1915, el periódico El Pueblo —del cual se conserva la mayoría de sus números— ya reseñaba actuaciones de músicos locales que tocaban en los clubes de los americanos.
En tal sentido, explica que tres pianistas marcaron el inicio de esta tradición: Pedro Jústiz (Peruchín), que luego fusionaría el jazz con el son y alcanzaría fama continental; Absalón Pérez, quien se estableció en México y dejó huella en la historia musical de ese país y Carlos Avilés, fundador de una de las primeras jazz band de la región nororiental. «La segunda mitad de los años veinte fue decisiva, pues muchas charangas se transformaron en jazz bands, iniciando la cubanización del formato y dando origen a agrupaciones como la Avilés, considerada una de las primeras big bands de Cuba», recuerda Hernández Pavón.
Según el estudioso, entre 1927 y 1958 se vivieron dos décadas de oro para el jazz en Holguín y sus alrededores.
Orquestas como La Tentación, Roland Swing, Mundo y sus Príncipes en Holguín, la Villablanca en Gibara, y agrupaciones en comunidades como San Germán y San Andrés dieron vida a un movimiento vibrante. La Avilés reunió talentos como los pianistas Ernesto Urbino, Luis Mariano Cancañón y Enrique Avilés, el guitarrista Juanito Márquez y trompetistas como Jorge Varona y Germán Piferrer. Su repertorio abarcaba tanto jazz como música cubana y ritmos internacionales, consolidando una tradición que, aunque sufrió un declive en décadas posteriores, nunca desapareció del todo.
En esta historia, aclara Hernández, la llamada «década oscura» del jazz en Cuba, marcada por la pérdida de espacios y el predominio de otros géneros, también afectó a Holguín, «sin embargo, el rescate comenzó en los años 80 con el maestro Joel Rodríguez Milord y el grupo Arará, quienes representaron al Oriente cubano en el Festival Jazz Plaza de 1980. La labor de Milord, junto a iniciativas como las peñas en el Museo La Periquera y las descargas en la Uneac, revitalizó el género en la región. En esa misma época surgieron talentos como Ramoncito Valle y Yaroldy Abreu, ambos reconocidos internacionalmente y, este último, ganador de varios premios Grammy junto a Chucho Valdés».
La década de los 90 trajo un nuevo esplendor con el respaldo de la Asociación Hermanos Saíz y la creación del concurso Jojazz, en 1997, donde jóvenes formados en el Conservatorio José María Ochoa y en el ISA comenzaron a destacar. Nombres como Ernesto Camilo Vega, Alejandro Vargas, Alejandro Meroño y la Jazz Band del Conservatorio, ganadora del Gran Premio Jojazz 2019, consolidaron la presencia holguinera en el panorama nacional e internacional.
Zenovio Hernández sostiene que la historia del jazz en Holguín amerita ser recogida en libros que narren la vida y legado de figuras como Peruchín, cuyo estilo, al fusionar los tumbaos soneros con el jazz, lo convirtió en un pianista de culto en todo el continente.
Asimismo, los aportes de eventos con sede en la ciudad cubana de los parques como las Romerías de Mayo, el HolJazz y la Fiesta de la Cultura Iberoamericana, los cuales han servido de plataforma para mostrar el talento de varias generaciones de jazzistas holguineros, cuyas actuaciones han sido aplaudidas en escenarios de Estados Unidos, España, Holanda y Alemania. «No por azar —explica— la crítica internacional ha comparado el virtuosismo del clarinetista Ernesto Camilo Vega con el legendario Artie Shaw, mientras que los discos de Ramón Valle con el sello alemán ACT confirman su maestría en el jazz contemporáneo».
Sobre lo que resta por hacer en favor de la consolidación de Holguín como una de las capitales del género en Cuba, al nivel de su prestigio en el canto lírico y la literatura, el investigador afirma que todavía falta apoyo institucional y mediático. El público holguinero, respetado y querido por los artistas, ha demostrado ser conocedor y entusiasta cuando se le brinda una programación de calidad.
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Un paso importante, reafirma, es la inclusión de la ciudad en el Festival Internacional Jazz Plaza 2026 como reconocimiento merecido y un estímulo para el desarrollo de sus potenciales, pues «la historia del jazz en Holguín es, en definitiva, la de una resistencia cultural y de una vocación artística que ha sabido reinventarse en cada etapa».
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