Persona en situación de calle en Holguín
Foto: Tomada de Ahora

Priorizar la salud mental en Holguín: tarea de todos

La presencia de personas en situación de calle en esquinas y corredores en la ciudad de Holguín más que una imagen recurrente, es un llamado urgente a la conciencia común. Este fenómeno, lejos de ser una simple realidad aceptada por muchos, se transforma en un desafío multifactorial que expone vulnerabilidades profundas en el entramado social y de salud mental.

Ver a estas personas vulnerables en corredores, esquinas de calles céntricas o posicionadas frente a negocios constituye hoy casi una imagen habitual en la Ciudad cubana de los Parques. Pero, frente a este panorama, la provincia no cruza los brazos, sino que articula una respuesta que combina la acción institucional con la indispensable movilización ciudadana.

El Estado cubano, en consonancia con su principio de no dejar a nadie desamparado, ha desplegado a lo largo de los años recursos, que si bien concretos, no solucionan la problemática.

Aun cuando en Holguín existe un Centro de Rehabilitación y Reinserción Social, donde se ofrece protección integral, rehabilitación y un camino hacia la reinserción, no se logran los resultados necesarios.

No obstante, el sistema de salud holguinero fortalece sus capacidades, desde la histórica y consolidada labor de la Villa Quinqué en el tratamiento de adicciones hasta la preparación constante de sus profesionales, evidenciada en eventos como el Simposio de Salud Mental Holguín celebrado en el pasado 2025.

Sin embargo, las cifras nacionales revelan la complejidad del reto: más de tres mil 700 personas atendidas en situación de calle, con un perfil donde confluyen trastornos psiquiátricos, consumo de alcohol y la fractura de redes de apoyo familiar. Estos datos confirman que ninguna institución, por sí sola, puede resolver este entramado de carencias. Aquí es donde el modelo social cubano revela su fortaleza potencial: la solución demanda, imperiosamente, la participación activa de la comunidad.

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Por ello, el trabajo de organizaciones de masas como los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) y la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) se vuelve un eslabón insustituible. Su labor en el terreno —la detección temprana, el acompañamiento a las familias, la lucha contra el estigma— actúa como un puente vital entre las personas en crisis y las instituciones.

El médico y la enfermera de la familia, por su parte, ejercen una labor de vigilancia y seguimiento que es fundamental para una estrategia preventiva.

Más allá de las instituciones, la batalla decisiva se libra en la percepción social. Cada ciudadano que deja de ver a un ser humano como un obstáculo y reconoce en él a un vecino en crisis, contribuye a la solución.

La empatía comunitaria es el complemento indispensable de la política social. La innovación demostrada durante la pandemia, con protocolos de ayuda psicológica a distancia desde el Hospital Clínico Quirúrgico Lucía Íñiguez Landín, muestra la capacidad de adaptación para llegar a quienes más lo necesitan.

El camino es arduo y los recursos son limitados, pero Holguín demuestra que se avanza con voluntad integradora. La meta es transformar la vista común de la desesperanza en una prueba del poder de la cohesión social.

Se trata de un desafío donde la responsabilidad es compartida: el Estado proporciona los marcos y recursos esenciales, pero es la comunidad alerta, solidaria y activa la que, en última instancia, teje la red de protección que evita que alguien caiga en el olvido. En esa conjunción de esfuerzos reside la verdadera fuerza para afrontar esta problemática y construir, entre todos, una sociedad más plenamente protectora.