La sociedad cubana en los últimos años ha experimentado una profunda transformación digital, un proceso que refleja la creatividad de nuestro pueblo y el compromiso institucional por ampliar y mejorar el acceso a las tecnologías de la información y la comunicación (TIC).
Esta evolución no solo se mide en megas o gigas, sino en cómo los ciudadanos han utilizado las herramientas disponibles para tejer redes, comunicarse y generar contenidos que responden a nuestras realidades y necesidades.
El acceso a internet en Cuba ha crecido de manera notable. La puesta en funcionamiento del cable submarino Arimao triplicó la capacidad de conexión del país respecto a 2021. Según datos oficiales de la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba S.A. (Etecsa), más del 95 % de los aproximadamente ocho millones de líneas móviles activas están habilitadas para navegar, y un 76 % de los terminales soportan tecnología 4G.
También el consumo digital se ha diversificado: las redes sociales como Facebook e Instagram son de las más utilizadas, junto a servicios de mensajería como WhatsApp. Al mismo tiempo, se fortalece el comercio electrónico nacional, con plataformas como Transfermóvil superando los cinco millones de usuarios.
El Estado impulsa proyectos de transformación digital para sectores clave, desde la administración pública con la plataforma Soberanía, hasta servicios de banca electrónica que agilizan operaciones.
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Tal crecimiento, sin embargo, enfrenta desafíos estructurales reconocidos por las autoridades, como la obsolescencia de partes de la infraestructura, la necesidad de mayores inversiones y los frecuentes problemas energéticos que afectan a cerca del 50 % de las radiobases. Estos factores impactan en la calidad del servicio, una prioridad en la que se continúa trabajando.
Antes de la expansión masiva de la conectividad móvil, surgieron en Cuba iniciativas de redes locales, siendo la más conocida la Red Callejera o SNet en La Habana. Estas redes, creadas por jóvenes entusiastas con equipos de bajo costo, permitían a miles de usuarios compartir videojuegos, películas, enciclopedias y crear foros de discusión en una intranet desconectada de internet global.
Estos proyectos demostraron un alto nivel de ingenio técnico y organización comunitaria, funcionando con reglas internas de convivencia y mantenidas por administradores voluntarios. Sin embargo, su desarrollo se produjo en un contexto donde la infraestructura estatal de telecomunicaciones era aún limitada.
Con la ampliación de los servicios de Etecsa y la actualización del marco legal para el espacio radioeléctrico estas redes informales fueron reguladas e integradas a la infraestructura nacional. El proceso fue coordinado por instituciones como los Joven Club de Computación, con el objetivo de garantizar la estabilidad, la seguridad y evitar interferencias con los servicios de telecomunicaciones del Estado.
Esta transición subraya el principio de que, en Cuba, el desarrollo tecnológico y la conectividad avanzan de manera ordenada, soberana y en beneficio de toda la sociedad.
Sin embargo, la mayor conectividad ha cambiado los patrones de comunicación. La respuesta solidaria al tornado de 2019 fue un ejemplo temprano de cómo los cubanos utilizaron los datos móviles (recién autorizados entonces) para organizar ayudas, compartir información y visibilizar lo ocurrido, complementando la labor de las instituciones. Hoy, la interacción en redes sociales, el consumo de videos y la mensajería instantánea forman parte de la cotidianidad.
Hay que analizar también que el ecosistema digital cubano se enriquece también con plataformas y contenidos nacionales. Dígase Picta y ToDus, que son alternativas locales para el consumo y distribución de video y mensajería. Por su parte Transfermóvil y EnZona, facilitan pagos electrónicos y comercio digital y la más reciente Guía Cubana de Negocios; una plataforma privada que visibiliza a emprendedores y actores económicos.
Este panorama refleja una comunidad digital en crecimiento, donde el acceso a información y entretenimiento se combina con la creación de servicios útiles para la economía y la vida social.
El camino de Cuba en el ámbito digital es singular. Combina una inversión estatal dirigida a expandir la infraestructura básica (como lo demuestran los proyectos de cable submarino y radiobases) con la iniciativa y adaptabilidad de la ciudadanía, ya sea mediante el uso intensivo de aplicaciones, el comercio electrónico o la histórica creación de redes comunitarias.
Los desafíos, principalmente de índole económica e infraestructural, son abiertamente reconocidos por las autoridades. La solución pasa por continuar el desarrollo soberano de las TIC, protegiendo los servicios en moneda nacional para la población y buscando la sostenibilidad financiera del sistema.
La experiencia de redes como SNet queda como un testimonio del talento y la necesidad de conexión del pueblo cubano. Su integración al proyecto nacional de informatización, junto con el surgimiento constante de nuevos emprendimientos digitales, demuestra que en Cuba la tecnología avanza con un sentido social, de inclusión y defensa de la soberanía nacional. El futuro digital se construye, así, con el ingenio de todos, dentro del marco de la legalidad y los proyectos de desarrollo nacional.
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