Entre el futuro que llega y el presente que se remienda

Por: Álvaro Raúl Suárez Leyva
IA, desarrollo tecnológico, sociedad, Cuba
Foto: Archivo

El mundo avanza a una velocidad que, por momentos, parece difícil de seguir. Cada día aparecen nuevas noticias sobre Inteligencia Artificial, vehículos eléctricos que incluso hasta vuelan, internet de alta velocidad, automatización y tecnologías capaces de transformar la manera en que trabajamos, estudiamos y nos relacionamos. La innovación dejó de ser una promesa lejana: forma parte del presente y modifica, casi sin darnos tiempo para asimilarlo, la vida cotidiana de millones de personas.

Mientras tanto, en Cuba la realidad parece transcurrir a otro ritmo. En nuestras calles todavía circulan automóviles que, en muchos lugares, serían piezas de museo. Un equipo doméstico puede pasar de una generación a otra y los objetos, antes de ser desechados, conocen innumerables reparaciones. El cubano remienda, adapta, improvisa e inventa para mantener funcionando lo que el tiempo, el uso y la escasez parecen condenar.

Esa capacidad de resolver constituye una de las expresiones más visibles de nuestra identidad. El ingenio nacional ha permitido enfrentar carencias, prolongar la vida útil de los bienes y encontrar soluciones allí donde faltan recursos.

En Cuba, reparar no es únicamente una necesidad económica: también se ha convertido en una práctica cultural. Un ventilador, una bicicleta, un automóvil o un electrodoméstico pueden recibir una segunda, tercera o incluso una cuarta oportunidad gracias a la creatividad y al conocimiento acumulado por varias generaciones.

Pero sería un error romantizar la precariedad. Que el cubano sepa resolver no significa que deba vivir permanentemente al límite. La inventiva es una virtud cuando nace de la creatividad y del deseo de mejorar; se convierte en una carga cuando sustituye, de manera obligada, el acceso a bienes, tecnologías y servicios que deberían estar al alcance de la población.

El desarrollo científico y tecnológico es positivo porque puede hacer más cómoda, eficiente y segura la vida. Puede mejorar la Medicina, la educación, el transporte, la producción de alimentos y las comunicaciones.

La Inteligencia Artificial, utilizada con responsabilidad, abre oportunidades para investigar, aprender y trabajar. Internet permite acceder al conocimiento mundial en segundos. Los avances en energía, robótica y movilidad pueden contribuir a enfrentar problemas que durante décadas parecían imposibles de resolver.

Sin embargo, esos beneficios no llegan por igual a todos. La brecha tecnológica también es una forma de desigualdad. Mientras algunos países discuten cómo regular la Inteligencia Artificial o prueban vehículos autónomos, otros todavía luchan por garantizar una conexión estable, equipos funcionales, electricidad continua y acceso a tecnologías básicas.

La distancia entre ambos escenarios no es solamente material: también afecta las oportunidades, las expectativas y la percepción del futuro. En Cuba, esa brecha se siente en las escuelas, las empresas, los hogares y los servicios. La obsolescencia de equipos, las dificultades para conectarse a internet, los apagones y la falta de recursos limitan la posibilidad de aprovechar plenamente las transformaciones tecnológicas. Muchas personas no solo tienen que aprender a utilizar una nueva herramienta, sino resolver primero cómo acceder a ella.

Aun así, no puede afirmarse que el país esté completamente detenido. Existen profesionales, estudiantes, emprendedores, científicos y jóvenes que crean, investigan y buscan soluciones. Hay talento y voluntad. Lo que muchas veces falta son condiciones, infraestructura, financiamiento, continuidad y acceso a los recursos necesarios para convertir ese talento en resultados más visibles.

La realidad cubana también ha generado una cultura de la resistencia. Aquí se aprende desde temprano que casi todo puede tener una segunda vida: una pieza puede adaptarse, un objeto puede transformarse y un problema puede convertirse en una oportunidad para inventar. Esa actitud habla de la fortaleza de un pueblo, pero también revela cuánto esfuerzo adicional debe realizar la ciudadanía para conseguir resultados que en otros lugares se alcanzan con mayor facilidad.

El reto no consiste en copiar mecánicamente lo que hacen otras naciones ni en renunciar a nuestras particularidades. Se trata de avanzar sin perder lo mejor de nuestra identidad, pero sin convertir la resistencia en destino.

El automóvil antiguo puede ser parte del paisaje y de la memoria; lo preocupante es que la ausencia de alternativas modernas se vuelva normal. Reparar puede ser una muestra de ingenio; lo injusto es que reparar sea la única opción.

El desarrollo debe medirse no solo por la existencia de tecnologías espectaculares, sino por su capacidad para mejorar la vida de la mayoría. No basta con hablar de internet veloz, Inteligencia Artificial o vehículos que vuelan si millones de personas no tienen acceso a una conexión estable, a un transporte digno, a una vivienda confortable o a condiciones adecuadas para estudiar y producir.

Cuba necesita mirar hacia ese futuro con realismo, sin complejos y sin conformismo. La creatividad del cubano puede lograr lo que se proponga.

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Álvaro Raúl Suárez Leyva
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