Base Navla de Guantánamo, Cuba
Base Naval de Guantánamo, más de 120 años de ocupación ilegal de EE.UU. en Cuba. Foto: Tomada de PL

La farsa de la normalidad: El show publicitario del Pentágono a Cuba

La reciente visita del secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, a la ilegal base naval de la Bahía de Guantánamo constituye un acto de provocación política burda del Pentágono, revestido de una supuesta rutina que busca, de manera deliberada, restar solemnidad e importancia al histórico conflicto que la soberanía cubana mantiene contra el imperialismo yanqui.

Este viaje del alto oficial de la administración Trump no es fortuito; es un gesto fríamente calculado para fabricar y vender al mundo una falsa imagen de «control tranquilo y rutinario». Con ello, Washington pretende minimizar el legítimo reclamo del pueblo y el Gobierno cubanos sobre un pedazo de suelo nacional que permanece usurpado desde 1903 en contra de la voluntad de esta isla.

Detrás del saludo a las tropas y las poses ante las cámaras, el imperio intenta reforzar simbólicamente la asimetría de poder. Actuar con semejante comodidad y desparpajo en medio de un escenario de crecientes tensiones diplomáticas y asfixia económica es la fórmula clásica del matón internacional: presentarse inmune a las leyes del derecho internacional.

Con esta puesta en escena, la Casa Blanca busca perpetuar el statu quo, exhibiendo la base no como el foco de agresión permanente y la violación flagrante a nuestra integridad territorial que realmente es, sino como una simple instalación operativa y cotidiana.

El verdadero objetivo de esta maniobra es puramente ideológico. El Pentágono intenta desactivar, desde el punto de vista simbólico, la denuncia cubana en las arenas internacionales, tratando de evitar cualquier chispa que reactive el debate global sobre la absoluta ilegitimidad de su presencia en la provincia oriental de Cuba.

En esencia, la visita de este emisario de línea dura se resume en un acto político puramente publicitario. Carece de valor operacional de alcance militar directo y no posee un peso disuasivo real frente a un pueblo que ha demostrado con creces su capacidad de resistencia. Sin embargo, este desfile de relaciones públicas en nuestro suelo ocupado sí hace presumir, con justa razón, la existencia de una agenda tan irregular como peligrosa por parte de los sectores más radicales de Washington.

Cuba, firme en sus principios históricos, no se deja engañar por pirotecnia mediática: el territorio de la Bahía de Guantánamo pertenece, por derecho irrevocable, a la República de Cuba.