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Playa Guardalavaca, uno de los polos turísticos más importantes del archipiélago. Foto: Archivo

El turismo cubano ante el espejo en días de crisis energética

El turismo ha sido históricamente el corazón latente de la economía cubana, la «locomotora» llamada a remolcar al resto de los sectores. Sin embargo, al cierre del primer bimestre de 2026, los indicadores no solo mostraron un enfriamiento, sino una contracción que obliga a un análisis detallado.

Cuba no solo compite hoy contra los destinos paradisíacos del Caribe, sino contra sus propias limitaciones estructurales y un contexto socioeconómico que gravita con fuerza sobre la “industria sin chimeneas”.

​Las estadísticas recientes, proporcionadas por la Oficina Nacional de Información y Estadísticas (ONEI), son reveladoras de este difícil momento. Hasta febrero de 2026, el país recibió un total de 363,649 viajeros, una cifra que representa apenas el 73.1 por ciento de lo alcanzado en el mismo periodo de 2025.

En términos netos, esto significa que 134,080 personas dejaron de ingresar al país en comparación con el año anterior. Si ponemos la lupa sobre el segmento de visitantes internacionales que generan divisas frescas, el panorama es aún más complejo: se registraron 262 mil 496 visitantes, lo que equivale a un descenso de 112 mil 642 turistas respecto a 2025.

​¿Qué hay detrás de este retroceso? No se puede ignorar que el turismo es un sector de sensibilidades. La inestabilidad en el suministro eléctrico, la inflación galopante y las dificultades logísticas crean una brecha entre la hospitalidad legendaria del cubano y el estándar que los viajeros exigen.

Esta crisis energética fractura incluso los puentes aéreos. La disminución de frecuencias desde mercados emisores clave ha impactado directamente en el flujo de viajeros hacia diferentes destinos del país.

La aerolínea Iberia, por citar el ejemplo más reciente, anunció la suspensión gradual de sus vuelos al archipiélago, con un cese total de operaciones programado para junio. Aunque prevén retomar la ruta en noviembre, la decisión queda sujeta a que la situación “mejore”, un golpe sensible para la conectividad con el mercado europeo.

​Pero detrás de las cifras de la ONEI y los anuncios de las aerolíneas, hay una realidad aún más compleja que se vive a pie de calle. Este descenso no es solo un problema de macroeconomía o balances estatales; es una crisis que cala hondo en la economía individual de miles de cubanos.

Hablamos de familias enteras que dependen del flujo del turismo. Desde los trabajadores hoteleros que ven peligrar sus empleos, hasta los dueños de pequeños negocios, hostales y otros emprendimientos que hoy enfrentan pasillos vacíos y mesas sin comensales.

La “baja clientele” no es un término estadístico; es la angustia de un emprendedor que no logra cubrir sus costos y de un trabajador que ve cómo sus ingresos se esfuman ante la parálisis del sector.

​En este escenario, Holguín, el tercer polo turístico del país, se presenta como un caso de estudio paradójico. Por un lado, la provincia continúa apostando por el desarrollo de su infraestructura. Proyectos en la península de Ramón de Antilla siguen sumando habitaciones a una planta hotelera ya robusta en zonas como Guardalavaca y Playa Pesquero.

Sin embargo, una triste realidad desde hace algún tiempo es que la inversión en ladrillo y cemento en la provincia parece caminar a un ritmo distinto al de la gestión de mercados.

La brecha entre la capacidad instalada y la ocupación real se ensancha, mientras la falta de integración con los productores locales limita la posibilidad de ofrecer una gastronomía sostenible sin depender de importaciones.

​El descenso en las cifras de este inicio de 2026 es un llamado de atención que no admite dilaciones. El turismo no puede crecer de espaldas a la realidad del país. Recuperar la confianza del viajero y las necesidades básicas de las aerolíneas exigirá soluciones tangibles.

Garantizar estabilidad y una gestión eficiente, algo un tanto complejo y que no depende en su totalidad de la gestión interna del país, es vital para la superviviencia del sector y que Cuba y Holguín, vuelvan a ser no solo un refugio de sol y playa, sino un destino multicultural  donde el bienestar de la industria se traduzca, finalmente, en bienestar para su gente.