No sé qué es peor, que Spielberg fuese un director cualquiera, un don nadie sin talento al que los hados pusieran la difícil tarea de adaptar la novela de Alice Walker para el público de los ochenta; o que Spielberg, rey Midas de Hollywood, creador de algunos de los filmes más importantes de la cultura popular, capaz de mostrarnos el horror absoluto de la discriminación con su «Lista de Schindler» (Schindler List 1993), fuese el encargado de adaptar «El color púrpura» (The Color Purple 1982).
No, lo peor es que el propio Spielberg era consciente de sus limitaciones. Así que deberíamos echarle la culpa a Quincy Jones, que viéndose con los derechos de adaptación en sus manos, optó por Steven como director ¿Será que Quincy no se leyó el libro o no había visto otras pelis de Spielberg?
Porque el libro es crudo. Mediante la técnica de la novela epistolar y un estilo depurado, casi minimalista, Alice Walker consiguió con su novela debut no solo el premio Pulitzer, sino narrar la emancipación de una mujer afroamericana en uno de los ambientes más hostiles que se pueden concebir.
Lo hizo, además, con un cuidado balance emocional, con unos personajes complejos y un buen puñado de escenas memorables, ya sean por lo cómico, lo doloroso o lo conmovedor. No era, pues, el tipo de historia que se prestara para sensiblerías a la hora de adaptarla.
El color Púrpura (la novela) nos narra la historia de Celie y Nettie, dos hermanas negras que viven en las áreas rurales del sur de los Estados Unidos, criadas por un padre que las abusa sexualmente. Celie, nuestra protagonista, termina siendo vendida como esposa a otro ser humano despreciable, Albert (o como le llama ella: Mister).
Nettie, por su lado, acaba como ayudante de unos misioneros cristianos en África, junto a un pueblo ficticio creado por Walker: los olinka. El color púrpura (la película) omite casi toda la sección africana de la novela, centrándose en la historia de Celie.
¿Hay cosas de valor en este filme? Sí, la fotografía, por ejemplo, consigue alguna que otra imagen interesante. También, si nos abstraemos a un mundo donde la novela no existe, consideraríamos decentes algunos de los aportes al argumento que hace su director, en particular las secciones musicales. No ahondaré en el desafortunado uso de la banda sonora, quédense con eso: «desafortunado».
Las actuaciones cuentan con un buen nivel, en especial las de Whoopi Goldberg (Celie), Danny Glover (Mister), Oprah Winfrey (Sofía) y Margaret Avery (Shug). Lástima que estén constreñidas.

Porque lo más molesto (casi ofensivo) es la manera en la que Spielberg quizo suavizar, ¿o purgar?, los elementos que pudieran causar urticaria a ciertos sectores sociales.
Por ejemplo. Una de las escenas más memorables del libro es cuando Sofía, una mujer de armas tomar, le salta los dientes de un puñetazo al alcalde, luego de cierta polémica con la esposa del mismo. Acto seguido, Sofía sufre una paliza por parte de la policía de la que no se recuperará nunca.
Cuando el puño de Sofía hace lo suyo, resulta una escena catártica y coherente con su personaje, un punto de inflexión en la novela. Entonces, ¿por qué optó Spielberg por empañar este momento? El puñetazo no se ve porque (¡literalmente!) pasa un autobús delante.
No me vengan con el cuento de «lo sugerido, lo sutil» porque cuando Sofía le da otro puñetazo a Squeak en la taberna, ahí no se oculta nada. Siguiendo con los subterfugios, Spielberg eliminó casi todo el contenido sexual del relato.
La omisión más indecorosa es la relación entre Celie y Shug Avery, una pareja lésbica que en la novela se muestra sin ningún tipo de tapujo. El filme convierte a Shug en una suerte de compañía platónica cuyo impacto en Celie es rebajado de forma significativa.
Y yo pienso, y pienso, ¿era esto más terrible que el abuso al que somete Mister a Celie, mostrado con mucho más detalle por la película? ¿Por qué se remueve la que es quizás la segunda relación más importante de Celie sin contar a su hermana? Y no tengo más respuesta que la cobardía.
Llegará un punto en que tendré que dejar de ver adaptaciones de libros que me gustan, porque cada día que pasa es una puñalada tras otra. The Color Purple (1985), con sus once nominaciones al Óscar (de las que no ganó ninguna), termina como un drama que podríamos definir, en el mejor de los casos, como complaciente y pasteloso, antóminos a la novela de Walker.
Lean el libro. No es difícil, ni aburrido. Y si todavía tienen ganas de ver la película, háganlo bajo su propio riesgo.
Con información de Rolando Casals estudiante de periodismo
- Púrpura que te quiero púrpura - 8 de febrero de 2026
- Recibe Cuba apoyo internacional y de ONU, pese a bloqueo - 7 de febrero de 2026
- Universidad de Ciencias Médicas de Holguín dedica actividad científica a centenario de Fidel - 7 de febrero de 2026