¿Quién no sacrificaría un filme de Christopher Nolan por una película nueva de Satoshi Kon? Ojo, que si elijo como víctima a Nolan no es por la aversión que suelen tenerle los cinéfilos más elitistas. Lo elijo porque la obra de Satoshi Kon ha sido pasto de plagio para algunos occidentales, entre los que se encuentra el bueno de Christopher.
Ahora, una reseña express: Tomando el concepto de la muy alucinógena «Paprika» (2006) pero torciéndolo al mundo de la película de atracos, «Inception» (2010) de Nolan oculta de forma apenas convincente sus diálogos y actuaciones menos convincentes aún, con unos efectos especiales que logran un filme entretenido al que no se le debe poner mucha cabeza.
Se salvan un final ingenioso y algunas secuencias de acción. Lo peor: transformar la imaginería de salary-men precipitándose al vacío, desfiles de artilugios vivientes, transiciones de circos a selvas, a cines, presentes en Paprika, en un recorrido por psiques asépticas de concreto y cristal.
¿Estará Nolan haciendo una crítica soterrada a los cimientos soporíferos que componen la mente de los altos ejecutivos empresariales? No, es que él es un poco soso.¹

Volviendo con Satoshi, su inesperada partida nos dejó con ganas de más. Con solo cuatro filmes («Perfect Blue», «Millennium Actress», «Tokyo Godfathers» y «Paprika») puede presumir de no haber dirigido nunca una mala historia.
Hablemos de la que es quizás su película más olvidada: «Millennium Actress» (2001). La premisa: Genya, un documentalista, viaja con su camarógrafo para entrevistar a una actriz retirada de la que es fanático: Chiyoko Fujiwara.
La película es un viaje a través de la vida de Chiyoko contado por ella misma, que tiene como eje central su búsqueda por reunirse con el amor adolescente nunca concretado: un joven pintor perseguido por la policía debido a su activismo político.
Mediante cortes inesperados y una inmersión bien lograda, las memorias de Chiyoko se entrelazan con la trama de las películas que protagonizó. Podríamos llamarla una suerte de contracara luminosa a Perfect Blue (1997), donde aquella era un thriller paranoico y esta es nostalgia senil.

El filme aprovecha la realidad difusa para construir de manera artesanal la psicología de su protagonista. Además, los cambios de lo costumbrista a película de samuráis sirven para repasar y rendir tributo a la historia del cine japonés desde sus orígenes y evita que la naturaleza cíclica de la vida de Chiyoko se torne intragable para el espectador.
La animación a cargo del estudio Madhouse destaca por su sobriedad y elegancia tanto en el diseño de personajes como de las vestimentas y escenarios.

Si acaso su costado más flojo sería el aspecto humorístico encarnado en los documentalistas, que, si bien no resultan desagradables, a veces su presencia es más un deus ex machina dentro de los segmentos imaginarios que un aporte genuino al argumento.
Pero estos detalles se le perdonan si se tiene en cuenta la madurez con la que se narra la historia de Chiyoko. La sensación de repetición y predestinación, la angustia que esta genera, las pequeñas mezquindades de la vida matrimonial y artística, y para rematar, la cruenta revelación sobre el destino final de su amado, pintan un retrato conmovedor.

«Millennium Actress» supone un auténtico alunizaje espiritual para el alma de una mujer a la que se le fueron negadas todas las certezas. Una mujer que, atrapada hasta sus últimos segundos en la búsqueda de una quimera, tuvo que aprender a amar el viaje, sin saber (o sabiendo) que su destino era niebla y polvo de estrellas, esfumándose en el vacío.
1- Por cierto, si quieren experimentar un «Inception» (2010) con verdadera «personalidad» jueguen «Persona 5» (2016) (sí, jueguen; no se les ocurra ver la horrenda adaptación para TV).
Con información de Rolando Casals (Estudiante de Periodismo)
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