Caricatura bloqueo a Cuba

El petróleo como arma: la nueva fase del bloqueo contra Cuba

En una escalada premeditada de su política hostil y genocida, el presidente de Estados Unidos Donald Trump ha firmado una orden ejecutiva que impone aranceles a las naciones que comercialicen petróleo con Cuba. Esta medida, activada el 29 de enero de 2026, no es un hecho aislado, sino el eslabón más reciente en la cadena de agresiones que conforman el bloqueo económico, comercial y financiero, recrudecido de manera sistemática durante décadas para someter al pueblo cubano mediante el hambre y la necesidad.

La orden se ampara en las ya infames leyes Helms-Burton y en los Reglamentos de Control de Activos Cubanos, instrumentos jurídicos extraterritoriales que violan flagrantemente el Derecho Internacional y la Carta de las Naciones Unidas. Su objetivo declarado es ejercer «máxima presión», un eufemismo para una estrategia de asedio total que pretende paralizar el país al estrangular su acceso a la energía, recurso vital para la salud, la alimentación, el transporte y la economía nacional.

El impacto inmediato es una crisis energética inducida, un acto de guerra económica que constituye un castigo colectivo. Como bien han denunciado la Federación Sindical Mundial y otras organizaciones internacionales progresistas, se trata de un acto cruel diseñado para crear sufrimiento, desestabilizar la sociedad y forzar una renuncia a la soberanía y el derecho a la autodeterminación.

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El escenario que Washington pretende imponer es el del «cero combustible», que significaría la paralización de hospitales, la interrupción del suministro de agua, el colapso de la cadena de frío para los alimentos y el aislamiento de comunidades. Son consecuencias previsibles y deseadas por la administración estadounidense, que insiste en calificar a Cuba, una nación pacífica, como una «amenaza inusual y extraordinaria» para su seguridad nacional.

Frente a esta nueva agresión, ha crecido la ola de solidaridad internacional. En México, pueblo hermano, ciudadanos y organizaciones se han manifestado para exigir a su gobierno que mantenga los envíos de crudo y para condenar la injerencia norteamericana. La presidenta Claudia Sheinbaum, ante presiones inaceptables, ha anunciado el envío de ayuda humanitaria y busca una salida diplomática, mientras colectivos sociales exigen firmeza frente al imperialismo.

La reacción global demuestra, una vez más, que el bloqueo es una política fracasada y repudiada de manera casi unánime. Organizaciones como la Progressive International y la Corriente por la Revolución Permanente han llamado a desafiar estas sanciones criminales y a tejer redes de apoyo al pueblo cubano.

Cuba no está sola. La dignidad de su pueblo, forjada en más de seis décadas de resistencia frente al hostigamiento más prolongado de la historia moderna, no se doblegará. La Revolución ha enfrentado y superado desafíos mayúsculos, y en esta nueva prueba, la unidad, la inventiva y el trabajo del pueblo, junto al apoyo de las fuerzas progresistas del mundo, serán el antídoto frente a la crueldad imperial.

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Frente a esta nueva agresión, se ha articulado una amplia y diversa red de solidaridad internacional que respalda a Cuba y rechaza la medida coercitiva. El apoyo proviene de gobiernos, organizaciones políticas, movimientos sociales y la diáspora, demostrando que la política de bloqueo está cada vez más aislada.

México, principal proveedor de petróleo, ha buscado «por todas las vías diplomáticas» mantener el apoyo, anunciando el envío de ayuda humanitaria y explorando alternativas para no abandonar al pueblo cubano. En contraste, el gobierno de Argentina ha dado un giro, alineándose con la política de presión.

En Brasil, el Partido Comunista (PCdoB), el Partido de los Trabajadores (PT) y el Centro Brasileño de Amistad con los Pueblos (Cebrapaz) emitieron notas de condena y llamaron a acciones de solidaridad. En España, voceros de Izquierda Unida y Podemos calificaron la medida de «terrorismo de Estado» y «crimen de lesa humanidad».

Se lanzó la campaña global «Desbloquea Cuba» desde el Foro Social Mundial en Brasil, coordinando acciones en más de 40 países. En México, el Movimiento Mexicano de Solidaridad con Cuba, la Confederación de Trabajadores y la Asociación de Cubanos Residentes José Martí han sido voces activas de denuncia.

La congresista Rashida Tlaib, por su parte, el Partido Comunista de EE.UU. y organizaciones como CODEPINK condenaron la medida por inhumana e injusta.

La historia juzgará este nuevo intento de asfixia como lo que es: un crimen de lesa humanidad. Mientras, Cuba sigue en pie, defendiendo su derecho a existir y a construir su futuro socialista, libre y soberano.