Enter The Void, filme, cine, Gaspar Noé
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«Enter The Void (2009): Sobredosis de estilo» ( + Trailer)

Lo primero que llama la atención de Enter The Void (2009), si descontamos sus créditos iniciales que parecen una bomba antiepiléptica, es la perspectiva de la cámara: una primera persona por la que el filme está dispuesto a luchar hasta límites contraproducentes, como simular cada parpadeo de su protagonista.

Separados por “la cuarta pared” y, al no poder controlar el espectador, los actos del protagonista, esta perspectiva acrecienta la sensación de intrusión voyerística del filme, como si fuéramos una especie de parásito espiritual infiltrado en el cuerpo de un muchacho, experimentando su vida sin pedirle permiso.

Este filme, tercer largometraje de Gaspar Noé, se trata de un proyecto pasional en su momento largamente retrasado, cuya cinematografía poco ortodoxa había sido ensayada por el director en entregas anteriores como la infame Irreversible (2002) con su narración a la inversa y cámara centrífuga. No obstante, Enter The Void es con seguridad la más artificiosa de sus creaciones hasta la fecha.

La película está protagonizada por Oscar (Nathaniel Brown), un joven narcotraficante estadounidense que reside en una Tokio de suciedad iluminada por neón junto a su hermana Linda (Paz de la Huerta), que trabaja de bailarina en un club nocturno.

Una buena noche, en la cual comienza el filme, Oscar acuerda entregar un encargo de “mercancía” a un amigo suyo en un club llamado The Void.

Enter The Void, filme, cine, Gaspar Noé
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En el camino conversa con otro amigo, un estereotipo de artista hippie enfundado en una camisa púrpura, con el que charla entre muchas banalidades acerca de El libro tibetano de los muertos, un tomo que versa sobre el proceso de reencarnación de las almas de acuerdo con las creencias budistas (o al menos eso dicen los personajes).

La charla sobre la reencarnación, vista una segunda vez, se revela como un diálogo expositivo muy poco sutil, así como una guía acerca de los eventos que ocuparán la mayor parte del filme.

Porque sí, aunque en el primer visionado pueda dar la impresión de que solo será un día más en la vida de Oscar, Enter The Void no trata solo de un yanqui en el país del sol naciente.

Es, en esencia, una crónica de las peripecias de un alma en proceso de reencarnación, o tal vez, de lo que podría ser capaz el cóctel químico de nuestro cerebro al momento de morir; cada cual que lo interprete como quiera.

El caso es que en The Void, la policía le tiende una trampa a Oscar. Intenta evadirse en un baño pero es asesinado de un tiro por la espalda. A partir de aquí se acaban los molestos parpadeos, el alma es extraída del cuerpo por una luz extraña y comienza la travesía por el vacío.

Del realismo artificioso pasamos al surrealismo psicodélico, con una narrativa entrecortada, la cual nos muestran los momentos estelares en la vida de Oscar y largos planos sobrevolando la ciudad.

Atravesando paredes como fantasmas, espectador y protagonista, ahora en un espacio equivalente, monitorean las vidas del resto de personajes tras la muerte.

La película en estos espacios es más o menos entendible, sobre todo si vemos la edición recortada (cosa que no recomiendo pues resta mucho al conjunto).

Enter The Void, filme, cine, Gaspar Noé
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Pero quienes no prestaran atención a cada uno de los pasos descritos por el libro tibetano se perderán en el samsara cuando alucinaciones, pesadillas y realidades paralelas comiencen a colarse en el metraje, dando como resultado una experiencia que progresa hacia lo abstracto y estrafalario, en especial ese momento final que no describiré por pudor y para no arruinarles lo absurdo.

Para muchos, Enter The Void no pasará de ser un ejercicio de estilo, un filme tedioso que depende demasiado de nuestro asombro ante sus piruetas formales y efectos generados por computadora.

Pero quienes tengan la disposición de aceptarlo como lo que es, un filme pretencioso, sí, pero consciente de ello, donde no se prioriza el estilo sobre la sustancia, pues el estilo es la sustancia, se quedarán en un contacto alucinado con el vacío que nos espera cuando todo lo demás falle, una película capaz de elevar una vida miserable como la de Oscar en una experiencia difícil de olvidar.

Con información de Rolando Casals (estudiante de Periodismo)