Durante una reciente visita a la casa de una amiga me contó una historia, que por ética y por respetar la confianza que depositó en mí no debo hacer pública en cuanto a nombres, pero todo giró en torno a una revisión de un mensaje en un celular de su esposo, que ya forma parte de sus ex.
Lo cierto es que vivimos en la era digital, de la Inteligencia Artificial, de las 4G, de las comunicaciones instantáneas por el Messenger de Facebook o por el WhatsApp, pero desde el momento en que ocultas lo que haces a tu pareja ya se considera infidelidad.
Actualmente el móvil se ha convertido en parte de nuestra vida diaria por lo rápido de su conexión y las posibilidades que nos ofrece: es almanaque, calculadora, linterna, lupa, radio, televisión, GPS, diarios digitales, recordatorio para tomar las pastillas, agenda…y la lista sigue porque el celular más que un teléfono es ya una microcomputadora que nos permite innumerables funciones a través de miles de aplicaciones.
La Psicología ha estudiado este comportamiento y sostiene que el simple deseo de inspeccionar el dispositivo habla de inseguridad y desconfianza. Para muchos, se trata de una forma de confirmar sospechas o aliviar ansiedades, aunque en la práctica los efectos suelen ser contrarios a lo esperado. En lugar de brindar calma, la revisión del celular puede abrir la puerta a nuevos conflictos.
En definitiva, esta práctica no se limita a un acto aislado, sino que representa la calidad de la relación en general. Examinar lo que hace o dice la pareja en privado cuestiona la confianza, el respeto mutuo y los límites de la intimidad. Comprender qué significa este impulso, por qué surge y cómo enfrentarlo es clave para fortalecer el vínculo.
De acuerdo con la Asociación Americana de Psicología (APA), cuando una persona siente inseguridad respecto a su relación o duda de la fidelidad de su pareja, puede recurrir al celular como una supuesta fuente de pruebas. Esta acción refleja una búsqueda de certezas que, lejos de aliviar la ansiedad, termina debilitando la relación de la pareja.
La especialista Janice Kiecolt-Glaser explicó que revisar el teléfono genera un ambiente de control y desconfianza. Según la experta, “lejos de fortalecer el vínculo, suele deteriorarlo con rapidez”. En otras palabras, la revisión no responde a la necesidad de comunicación real, sino a la posibilidad de confirmar las sospechas de la vida real en la tecnología de propiedad personal.

Revisar el celular de la pareja se convierte en una estrategia momentánea para apaciguar los temores internos y refleja también una necesidad de control. Sin embargo, se trata de un alivio temporal que no resuelve la raíz del problema y que puede derivar en dinámicas cada vez más dañinas.
La falta de comunicación abierta es uno de los principales factores que explican por qué alguien siente la necesidad de revisar el celular de su pareja. De acuerdo con la APA, cuando las dudas no se expresan directamente, se recurre a estas estrategias indirectas que, en lugar de solucionar el conflicto, lo agravan.
Los especialistas señalan que las relaciones sólidas se construyen con base en la confianza y el diálogo honesto. Cuando una persona esconde sus temores y decide comprobarlos a través de la revisión de un dispositivo, se activa un círculo vicioso de desconfianza. Ambos terminan más distantes y cada vez menos seguros de su vínculo.
Es importante entender que detrás de este impulso no siempre hay malicia. Muchas veces, surge de la ansiedad, del miedo a perder a la pareja o de experiencias previas de infidelidad. Sin embargo, aun cuando se origina en el miedo, el efecto es el mismo: una erosión paulatina de la intimidad y de la seguridad emocional de la relación.
Cada pareja es un mundo, y no existe una receta universal para lograr vínculos sólidos. Sin embargo, especialistas consultados por Verywell Mind coinciden en que pequeños hábitos pueden marcar una gran diferencia en el bienestar de la relación. La clave está en transformar la rutina en oportunidades de conexión y apoyo mutuo.
Revisiones periódicas de la relación: Apartar un espacio semanal para conversar sobre cómo se sienten ambos, expresar gratitud y aclarar dudas antes de que se conviertan en conflictos mayores fomenta la transparencia y evita que la inseguridad se traduzca en conductas dañinas.
Diversión compartida como motor del vínculo: Actividades simples, como bailar en casa, improvisar juegos o asistir juntos a un espectáculo, fortalecen la relación y permiten mostrarse con autenticidad. No se trata de grandes planes, sino de instantes lúdicos que generan recuerdos positivos.
Rituales significativos en lo cotidiano: Encender una vela en la cena, cocinar una receta especial juntos o practicar meditación compartida son gestos que transforman lo ordinario en momentos de intimidad. Estas prácticas ayudan a contrarrestar la monotonía y a reforzar la conexión emocional.
Respeto por el espacio individual: Pasar demasiado tiempo juntos puede generar tensión, por lo que conviene cultivar intereses propios y momentos de independencia. Viajar por separado, dedicar tiempo a pasatiempos personales o estar en el mismo lugar con actividades distintas fortalece el respeto mutuo.
Priorizar la intimidad en todas sus formas: No solo se trata de cercanía física, sino también de crear un ambiente de cariño con pequeños detalles como tomarse de la mano, enviarse mensajes afectuosos o interesarse por el diarismo del otro. Estas muestras constantes de cuidado reducen la tentación de buscar control en el celular de la pareja y prolongan la hermosa existencia de la pareja hasta el final de la vida.
Como consejo final siempre le digo a todos mis amigos y familiares: «el que busca siempre encuentra», pero cada miembro de la pareja necesita su espacio de privacidad, porque guardamos secretos de afectos y, a veces, por confiabilidad, no lo queremos compartir.
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