Fake News, era digital

La era de la desinformación: Navegar con la verdad

En un mundo donde la información y la desinformación circulan a velocidades digitales, la población cubana enfrenta el complejo desafío de discernir la verdad, inmersa en lo que históricamente se ha denominado una «guerra mediática» contra la Isla cubana.

Este fenómeno, lejos de ser nuevo, encuentra hoy un terreno abonado por la conexión masiva a internet, la profunda crisis económica y una polarización política extrema. Dicha combinación genera una tormenta perfecta que pone a prueba la capacidad crítica de los ciudadanos.

La explosión del acceso a internet móvil, que actualmente alcanza a tres cuartas partes de la población, rompió el monopolio estatal del relato, pero también abrió de par en par las compuertas a los bulos y a la información no verificada. Así, cubanas y cubanos irrumpieron abruptamente en el espacio digital sin una alfabetización mediática previa generalizada, en un contexto donde los medios legales son estatales o afines al Partido Comunista.

Esta confluencia genera un ambiente informativo peculiar, agravado por varios factores.

En primer lugar la situación con apagones prolongados, crea un caldo de cultivo para rumores. Como explica Sergio Hernández de EFE Verifica, «las situaciones de emergencia propician la desinformación porque los seres humanos pensamos peor en situaciones de estrés, miedo e incertidumbre».

En segundo, las cadenas en WhatsApp y Facebook se propagan más rápido que las verificaciones oficiales, ya que, según expertos, el cerebro humano «da preferencia a la velocidad sobre la precisión».

Según señala la investigadora Sara García Santamaría «la credibilidad de una noticia no depende de los hechos, sino de quién la emite». Esto activa poderosos sesgos de confirmación. Añadido a esto la existencia de vacíos informativos. Los silencios o demoras oficiales en contextos percibidos como negativos son rápidamente llenados por rumores y especulaciones en redes sociales.

Cuba enmarca su lucha contra la desinformación dentro de lo que considera una agresión externa constante. Desde la «Operación Verdad» de 1959 —convocada por Fidel Castro para contrarrestar una campaña internacional sobre los juicios revolucionarios—, el Estado ha presentado estos esfuerzos como una batalla por la soberanía informativa.

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Asimismo, el bloqueo económico de Estados Unidos se señala no solo como causa de penurias materiales, sino también como la «base de operaciones y matriz fundamental» para campañas de manipulación mediática. Según esta visión, las dificultades objetivas —en transporte, alimentación y salud— son exacerbadas y manipuladas por medios financiados desde el exterior para construir un relato de fracaso.

Más allá del marco geopolítico, el ciudadano de a pie enfrenta barreras prácticas diarias para ejercer un sano criterio informativo. A diferencia de otros países, Cuba no cuenta con sitios especializados o servicios independientes de fact-checking. Intentar verificar información de forma individual tropieza con dificultades.

Entre ellas el acceso limitado y costoso a internet, que restringe la consulta de múltiples fuentes, los bloqueos o dificultades para acceder a plataformas internacionales de verificación y a medios alternativos y la ausencia de una cultura y educación formalmente extendida en alfabetización mediática y digital.

Ante este panorama, urge instruir a la población en acudir a los medios oficiales y a las cuentas verificadas de instituciones estatales como fuentes primarias y confiables. No obstante, expertos y análisis coinciden en que la solución es más compleja y requiere un esfuerzo multifactorial.

En este sentido se debe fortalecer la educación crítica para el consumo de medios desde edades tempranas. Promover una comunicación oficial más proactiva, transparente y ágil, que llene los vacíos informativos antes de que lo hagan los rumores;  y desarrollar herramientas y espacios para la verificación de datos, incluso dentro del ecosistema mediático estatal.

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Por cuanto, el principal desafío para la población cubana en la era de la desinformación es doble: navegar un entorno digital global plagado de desinformación —con los mismos sesgos y problemas que afectan a cualquier ciudadano del mundo—, y hacerlo dentro de un contexto de asedio económico y una batalla mediática percibida como existencial.

Superarlo exige no solo la unidad y la confianza en las instituciones que se pregonan desde el discurso oficial, sino también el desarrollo urgente de habilidades críticas, herramientas accesibles y canales de comunicación más dinámicos. Solo así se podrá empoderar al ciudadano común como un agente activo en la búsqueda de la verdad, que, como enseña el ejemplo histórico, debe siempre estar del lado de la Revolución y su pueblo.