Los bomberos de Holguín a las puertas de sus 330 años

Por: Daimy Peña Guillén
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Foto: ACN/Archivo

Hay ciudades que se guardan la historia en los adoquines, en los balaustres de los balcones coloniales o en el rumor constante de sus parques. Holguín, la ciudad cubana de los parques, lleva además la historia grabada en el sonido perentorio de una sirena y en el trino metálico de los camiones de rojo intenso que, desde hace más de tres siglos, desafían al peligro.

A pocas jornadas de que el calendario marque un hito mayor —el próximo 13 de noviembre—, el Cuerpo de Bomberos de la provincia no espera la fecha con la quietud de los museos, sino con el compás dinámico del deber cumplido y las manos manchadas de pintura fresca. Se cumplen 330 años de fundación, y las unidades parecen sacadas de un plano de arquitectura donde el orden y la disciplina son los trazos principales.

El sol holguinero, inclemente y luminoso, cae sobre los patios de formación. Allí, donde los cascos y las mangueras guardan historias de humos negros y madrugadas de sobresaltos, el ambiente es de faena colectiva. No hay tregua. Unos retocan el verde brillante de las áreas exteriores; otros, con la paciencia de un orfebre, ajustan las piezas mecánicas de las técnicas de combate.

No se trata de una fachada para recibir aplausos o cumplir con el protocolo de una efeméride. El espíritu que se respira en el cuartel es más profundo.

Esa es la divisa del bombero cubano. Un equilibrio sutil y exigente entre la estética del honor y la rudeza de la trinchera diaria. Porque el fuego no entiende de aniversarios ni de efemérides patrióticas; acecha siempre, invisible, y exige que la respuesta sea inmediata, certera y valiente.

Echando la vista atrás, tres siglos y medio de abnegación pesan y enorgullecen a partes iguales. Los bomberos de Holguín son los herederos directos de aquellos hombres que, con recursos rudimentarios y el pecho por delante, decidieron plantar cara a las llamas en los albores de la colonia.

Hoy, este aniversario redondo encuentra a la institución en un proceso de fortalecimiento constante. La base material se moderniza, el espíritu de cuerpo se revitaliza y el compromiso con la seguridad de la población se renueva como el primer día. Las paredes recién pintadas y los vehículos listos para el despliegue son solo el espejo exterior de un alma colectiva que no ha perdido la mística.

Cuando llegue el próximo 13 de noviembre, la ciudad no solo aplaudirá a una institución longeva; rendirá tributo a los hombres y mujeres que, con valentía y entrega silenciosa, escriben cada jornada una página indeleble de heroísmo en el corazón de la provincia.

Mientras tanto, en el cuartel, la rutina continúa entre el aroma a pintura fresca y la guardia permanente. Holguín puede dormir tranquila: sus centinelas del fuego están listos para seguir venciendo al tiempo y a las llamas.

Daimy Peña Guillén