En el surco no bastan la voluntad ni la fuerza de los brazos cuando el clima cambia las reglas del juego. Lo saben bien los hombres y mujeres que dirigen las Cooperativas de Créditos y Servicios (CCS), de Producción Agropecuaria (CPA) y las Unidades Básicas de Producción Cooperativa (UBPC) en Holguín.
Por eso, transformar la manera de enfrentar las sequías, las lluvias extemporáneas o las plagas se ha convertido en una prioridad estratégica para la soberanía alimentaria en la provincia.
De acuerdo con precisiones de Geovannis Zaldívar Martínez, subdelegado del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (Citma) en el territorio, el Centro de Creación de Capacidades y Gestión del Conocimiento (CCC-GC) emerge no como un aula tradicional de tiza y borrador, sino como un articulador entre el saber científico y la tierra fértil.
A través del impulso estratégico de los proyectos Koica y Nutrivida, respaldados por el Programa Mundial de Alimentos (PMA) en Cuba, los profesores de esta institución han dejado atrás el modelo de enseñanza unidireccional para abrazar una metodología participativa de “aprender-haciendo”.
Aquí la capacitación no se imparte desde la distancia. El centro funciona como una plataforma donde científicos, gestores públicos y campesinos entablan un diálogo constante para la cogestión del conocimiento. El saber académico se nutre de la sabiduría práctica del productor y regresa al surco convertido en herramientas concretas para resolver las prioridades diarias de las formas productivas.
Durante estos talleres de capacitación-acción, los presidentes de las cooperativas se entrenan en su propio puesto de trabajo para dominar instrumentos metodológicos esenciales. Los directivos aprenden a elaborar los Estudios de Peligro, Vulnerabilidad y Riesgo (PVR), manejar las matrices de riesgo y aplicar la gestión de amenazas en sus áreas de cultivo.

Este aprendizaje les permite evaluar con rigor técnico las vulnerabilidades de sus fincas y articular esas decisiones con mecanismos de seguro resiliente que protejan la producción y el bienestar de las familias campesinas.
El impacto de este programa trasciende la preparación técnica. Al adueñarse de estas metodologías, los líderes de base dejan de ser receptores pasivos de información y se convierten en agentes de cambio con autonomía para gestionar el riesgo de forma sostenible en sus comunidades.
En cada hectárea donde se aplica esta alianza entre la ciencia del Citma, la cooperación internacional y el liderazgo agrícola, el sector agropecuario holguinero fortalece sus cimientos frente al cambio climático.
La iniciativa demuestra que cuando la ciencia echa raíces en la experiencia del campesino, la tierra no solo produce alimentos, sino también resiliencia y desarrollo para la provincia.
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